Notas sobra La Mañosa
Por Carlos Fernández-Rocha


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      El regionalismo latinoamericano conservaba, aun cuando se daba en Europa la atemporalidad y la pluridimensionalidad en la historia narrada, una linealidad en el tiempo del relato: es decir, la literatura criolla conservaba la sucesión natural del tiempo, a pesar de que ya en el viejo continente se habían realizado los mas diversos experimentos que procuraban trastocar esa sucesión natural o Lineal del fluir temporal. En esa línea criolla que emplea la técnica lineal para desarrollar el argumento es que encaja La Mañosa de Juan Bosch. En ella se refleja el modo básico de estructurar y de armonizar las técnicas que la época exigía.
      Para Todorov “el premblema del tiempo en el relato se plantea a causa de la diferencia entre la temporalidad de la historia y la del discurso”. ­Para él, el tiempo del discurso es necesaria­mente “Lineal” mientras que el de la historia es “pluridimensional”. En La Mañosa encontramos que no aparece una preocupa­ción manifiesta por esta problemática, aunque hay una cierta inquietud por presentar “pluridimensionalidad” en lo narrado. La anexión de anécdotas, como la que comienza en la página 17 contada por el viejo Dimas, podría interpretarse como un débil conato en este sentido.
      Así pues, como novela tradicional, se puede ver en ella un desarrollo del relato continuo y fluido en el que cada capítulo se eslabona con el anterior de forma lógica. Muestra de este encadenamiento es el final del capítulo IV y el principio del capitulo V. Veamos: “Mamá se quedó pensativa. Le llameaban los ojos y con una mano, maquinalmente, me acariciaba la pierna que la fiebre quemaba. Simeón miraba hacia la ventana con aire de persona que rumiaba un pensamiento importante”. Luego leemos en la siguiente página: “Esa misma noche llegó papá. Oímos el tropel de los mulos, cuyos pasos se hicieron rápidos al sentir la cercanía del potrero” (págs. 54 y 55 respectivamente).
      La coordenada espacial, inseparable por necesidad de la temporal, se ubica en la región del Cibao, desempeñando la función de “espejo”, en cuanto que permite recrear la realidad histórica de las primeras décadas del siglo. De tal ubicación hay numerosos ejemplos en La Mañosa: “Hablábamos un poco de papá: deducíamos dónde estaría, ella refiriéndose a todo el camino, yo desde Bonao hasta El Pino, que era el único trecho que conocía, y Pepito, de Jima a la casa” (pág. 47). “El general Fello Macarlo estaba acantonado a lo largo del Río Jima. Desde Piedra Blanca hasta Rincón, el prestigio del general era indiscutible” (pág. 61 ). Las referencias geográficas permiten una ubicación certera del aspecto espacial, aún más que la temporalidad.
      La visión teórica actual nos señala que el proceso narrativo posee por lo menos tres protagonistas técnicos: el personaje o la persona de quien se habla (él), el narrador o la persona que habla (yo) y el lector o la persona a quien se habla (tú). Muchas veces, la imagen del narrador se desdobla; si el narrador está representado en el texto, debemos postular entonces la existencia de un autor implícito de dicho texto el que escribe y que no debe ser confundido con la persona del autor empírico, pues sólo el primero está presente en la obra. Si ninguna persona se interpone entre ese autor inevitable y el universo representado es porque el autor implícito y el narrador se han fundido en uno solo. Estafunción no ocurreen La Mañosa. Al reconocer el desdoblamiento podemos aceptar la presencia del niño Juan como el narrador que nos hable en párrafos como este: “Dimas se acariciaba la blanca barba y miraba al alcalde; padre, lleno de recelos, comenzó a ojearlo. Suspensa sobre todos, ardía la mirada de mi madre” (pág. 21). Así mismo se acepta a ese otro narrador que denominamos autor implícito y que vemos filtrarse cuando se emiten juicios como este: “Sin duda alguna aquello era la paz; es decir, en todo había un cansancio, un desabrimiento, una especie de sueño profundo aunque inútil. El sol lamía y lamía los montes distantes, los desnudos caminos y los bohíos escasos. La guerra se había ido con la noche, ensuciando de sangre los ríos, galopando en las ancas de ‘La Mañosa’ y arrastrando consigo a José Veras” (Pág. 109).
      Como ya señalábamos, si ninguna persona se interpone entre ese autor inevitable y el universo representado es porque el autor implícito y el narrador se han fundido, pero esa fusión no se da de manera sistemática en La Mañosa, puesto que sí hay personajes interpuestos entre autor implícito y narrador. Así explicamos las narraciones del viejo Dimas (págs. 17 y 23), la de Momón (pág. 110), la de José Veras (pág. 79) y las de Don Pepe (págs. 24 y 193). No obstante, por lo general, el narrador tiene su propio e inconfundible papel. Ese papel es diferente en cada parte de la estructura, ya que puede ser uno de los narradores principales, por ejemplo, en un relato en primera persona de Juan: “Yo estaba en el comedor, desmenuzando restos del desayuno. Un rayo de sol caía sobre el blanco mantel y el aire parecía mecerlo”. (pág. 36).
      Las relaciones entre autor implícito. narrador, personajes y lector implícito definen. en su variedad, la problemática de la visión narrativa del autor. De ahí surgen una serie de variantes susceptibles de combinación. Veamos algunas:
      1. El relato puede presentarse de manera natural como en los casos en que hay uno o varios interlocutores. En la obra aparecen interlocutores en los momentos en que Dimas. Momón, José Veras y Don Pepe intervienen en el transcurso narrativo con sus anécdotas. El viejo Dimas se dirige a la familia; Momón y José Veras tienen como interlocutor al niño Juan, Don Pepe les cuenta a su esposa e hijos, a Mero, la vieja Carmita y Simeón su visita a Fello Macarlo en el pueblo para interceder por unos amigos que iban a fusilar (pág. 193). En el resto de la obra cabe pensar que el lector es la persona a la que va dirigido el discurso de! narrador.
      2. Ese narrador que nos cuenta la historia a los lectores se presenta tanto en el universo de la espacio-temporal evocada como en el relato mismo. Es indudable el fundido entre Juan y el narrador: “De noche. cuando no me aturdía la fiebre, se sentaba él en la orilla de mi catre y me contaba sus historias” (pág. 109). Por otra parte, como es también personaje. miembro de la familia. participa en los acontecimientos narrados: “Cincuenta merengues-cantaban las hazañas del general Fello Macarlo; yo lo tenía al alcance de mi vista y sentía que una felicidad ardiente y desconocida descendía sobre mí” (pág. 85). Incluso, ocasionalmente, se infiltra al autor implícito: “Era el domingo. En aquel campo los domingos se denunciaban en el enorme silencio...” (pág. 150).
      3. Por todo ello, hay que destacar que en La Mañosa se da una visión externa e interna del universo relatado. La visión externa se ve en los momentos en que el narrador no se atreve a aventurar el juicio y deja al lector intuir: “El hombre pareció comprender, movió la cabeza de arriba abajo y se dejó caer de lado...” (pág. 103). Unas páginas más tarde dice el narrador del general Macarlo: “Pareció dudar entre sí irse o quedarse amparando al herido” (pág. 106). La visión interna es más constante y naturalmente más coherente: “Pepito y yo le veíamos con odio casi; allí estaba meciéndose entre nuestros oídos la historia a Dimas” (pág. 21). Consecuentemente, se da tímidamente cierta visión plural de la realidad narrada.

3

      En las novelas tradicionales algo se cuenta y algo se concluye. En La Mañosa, como novela tradicional con el tema de las revoluciones, se concluye dando o queriendo dar una imagen y unos efectos de la revolución.
      Según Juan Bosch, su novela es la descripción de los efectos de la revolución yya sea de manera intencional o inconciente, algunos de esos efectos están mostrados con amplios detalles. Para sistematizarlos trataremos primero la esfera de lo individual, luego lo económico y por último lo social.
      Fello Macarlo es la imagen más elaborada de los efectos de la revolución en el ámbito personal. Es el hombre que se corrompe, el individuo que antes de la revolución había sido una persona mansa y de trabajo y luego mata y realiza actos vandálicos para “dar ejemplo” y porque simplemente se espera que los haga. Pero, ¿podría Macarlo escapar a tales exigencias de la revolución? Aparentemente, no. El mismo es sujeto y objeto de la revolución: “Si usted supiera lo que es esto, lo que se sufre en esta política” (pág. 197), confiesa el general al apenado Don Pepe. Como tantos otros, el personaje es precipitado en el caos revolucionario una vez se vea con el poder en las manos.
      Los efectos más desastrosos están representados en La Mañosa. Ella es quien da toda la visión negativa de las revoluciones; esa destrucción física de la mula simboliza de alguna forma todos los efectos que a nivel individual se pueden esperar. Ella pasa por la revolución y vuelve como un animal enfermo y acabado: “Tenía figura de estampa, limpia y brillante, pequeña y rellena... todo en ella era vistoso y simpático. Simeón se esmeraba en hacerla más linda...” (pág. 36); luego, “aquello que traían era un despojo y su ‘Mañosa’ no podía ser tal cosa; él no se resignaba a la idea de que le hubieran convertido el animal en tan lamentable esqueleto” (pág. 138).
      La revolución, por otra parte, conlleva la destrucción de otros personajes. Vemos deteriorarse a Momón, en su agonía; a Don Pepe, en su frustración e impotencia: a Dimas, en su pena al ver en qué se han convertido sus hijos.
      En el ámbito social, parece plantearse que el pueblo lucha sin un fin específico, como quien participa inconcien temen te y como llevado por la inercia, en la destrucción del orden natural de las cosas. La placidez de los elementos y la paz ha sido violentada erróneamente por la contienda; por ello el efecto fundamental es el desasosiego imperante en las comunidades humanas por donde pasan o se espera que pasen las columnas revolucionarias o gubernamentales: “Se acercó a la gente que llegaba, otra gente igual a la anterior, a la que había estado entrando a la casa con idéntico miedo, con el mismo ánimo abatido” (pág. 170). La desintegración llega tan lejos que ni para los amigos leales hay una respuesta adecuada y lógica: “¿Y era aquel Fello Macario, el revolucionario noble, el de las generosidades que andaban de boca en boca?... ¡Con que Fello Macarlo consideraba que había que dar ejemplos! A papá se le caía el mundo encima, se le derrumbaba el cielo sobre la cabeza” (pág. 196).
      Los efectos de la revolución en lo económico siguen la misma línea que los demás efectos. Se estancan las fuerzas productoras, los campos se abandonan porque no hay quien los atienda, el hambre cunde por todas partes: “Bien sabía padre que no quedaban hombres para torcer andullos; bien sabía padre que las llamas no tardarían en chamuscar los conucos, en marear las hojas de los plátanos; que pronto ardería el maíz, cuando las bandas entraran de noche a asolarlo todo” (pág. 60).
      Consecuentemente, la imagen que nos ofrece la narración de Bosch es polimorfa. Primeramente nos plantea la visión utilitaria: cuando no se lucha por venganza, se lucha para ascender en la escala social o ganar dinero “pescando en río revuelto”.
      Así, la participación del general Macario está motivada en la venganza de la muerte de su hermano: “Y le sucedió. Suerte fue que pudiera encontrar su tumba... Fello Macario lloró en silencio. Después... se hizo sentir el hombre. Cuando pudieron darse cuenta ya había florecido un nuevo general sobre el estercolero de una injusticia...” (pág. 157).
      José Veras también aprovecha la revolución para vengarse: “Ladrón, haragán, valiente y simpático... nunca trabaja y robaba a plena luz” (pág. 69) y cuando se va con Fello Macario, lo hace “para buscar a un hombre” (pág. 106) y una vez vengado abandona la lucha revolucionaria. Contrariamente, Macario, una vez vengado, sigue di. rigiendo revueltas, como por inercia, aun sin tener conciencia de por qué lucha: “Se abrazaba a toda causa que contara con favor de los humildes y, aunque no sabía realizarlas, las hacía triunfar en el campo de las armas” (pág. 157). No descansa hasta que pueda llegar a nombrarse a sí mi “gobernador” aunque “apenas sabía firmar” (pág. 182).
      Una segunda imagen que nos presenta de la revolución es la de la frustración: Don Pepe se siente asqueado de ver cómo su noble amigo actúa, una vez llega al poder: “Estaba atolondrado, borracho de indignación” (pág. 197). Dimas también se siente desolado al ver regresar a su hijo hecho un beodo después de pelear un favor del gobierno: “Esto es lo que me devuelven, un borracho!” (pág. 163). El mismo general Macario pese a su triunfo, “se mostraba muy apenado, como desteñido” (pág. 196).
      Una tercera forma de presentarla revolución es como medio de supervivencia. En el caso de Don Pepe, la revolución garantiza la conservación de su “status social”: “La expresión triste de mi padre no se debía tan sólo a la posible derrota de los que habían ganado su simpatía, sino el temor a las represalias; al miedo de que triunfante el gobierno, se viera obligado , como antes, a buscar seguridad en la huída perenne” (pág. 99).
      Cuando un escritor interpreta su obra se expone con frecuencia a caer en el error. La obra está ahí, es un objeto completo y terminado, y toda interpretación que se haga tiene que partir del texto, en lo que se dice o se sugiere por omisión en ella.
      En la tercera edición de La Mañosa dice Juan Bosch que esta novela “no fue escrita para poner de relieve una situación política, correspondiera o no al presente o al pasado de nuestra convulsa sociedad. La Mañosa fue escrita con un propósito estrictamente literario” (pág. 7). ¿Se presenta en la novela esta lucha de clases de que habla el autor en la Edición Especial? ¿A partir de qué o quiénes se puede decir que hay lucha de clases patente en la novela? ¿No entra en contradicción el autor consigo mismo y con su propia obra?



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