¿Quién es Lino Novás Calvo?
Lino Novás Calvo

      Lino Novás Calvo es uno de los más destacados narradores cubanos. También fue un periodista extraordinario. Nació en Grañas de Sor, provincia de La Coruña (España), el 24 de septiembre de 1903 y murió en la ciudad de Nueva York, el 24 de marzo de 1983.
       A los siete años fue enviado, solo, a Cuba, a vivir con un tío materno. Trabajó como dependiente de fondas, mandadero, empleado de limpieza y de una fábrica de sombreros, carbonero y chofer de alquiler. Estudió inglés en una escuela nocturna. Intentó también ser boxeador. En 1926 estuvo ocho meses en Nueva York, donde desempeñó diversas labores menores y pudo perfeccionar el inglés. De regreso a La Habana continuó trabajando como chofer de alquiler. En junio de 1931, como corresponsal del semanario Orbe (de la empresa editorial que publicaba el Diario de la Marina), va a España; pasa temporadas en Francia, visita Alemania. Como los envíos monetarios de Orbe no eran suficientes, realizó varias traducciones del inglés al español de obras de Aldous Huxley (Contrapunto), de D. H. Lawrence (Canguro) y de William Faulkner (Santuario). Colabora en la Revista de Occidente, donde publica cerca de 20 colaboraciones, entre traducciones, reportajes geográficos e históricos y tres cuentos (“La luna de los ñáñigos”, retitulado luego como “La luna nona”, que daría nombre a su primer volumen de relatos en 1942; “Aquella noche salieron los muertos”, incluido en el mismo libro, y “En el cayo”, que con el título “El otro cayo” fue incluido en su segundo libro de cuentos, Cayo Canas, 1946). En 1933 publicó, tras un arduo trabajo de investigación, y por encargo de la colección “Vidas extraordinarias”, de Espasa Calpe, la “autobiografía novelada” Pedro Blanco el negrero. En 1935 hizo un viaje a París que le permitió afianzar los conocimientos que había adquirido del idioma francés, y a su regreso a Madrid tradujo para Espasa Calpe, que junto con la argentina Sur, fueron las dos editoras para las que más trabajó como traductor, Los pequeños burgueses, de Honorato de Balzac. A comienzos de 1936 decidió trasladarse a Barcelona, donde continuó realizando labores como traductor y escribiendo para la prensa. Publicó allí la noveleta Un experimento en el barrio chino. Regresa a Madrid a mediados de años, y el alzamiento militar de julio de ese año lo sorprendió en el norte de la península, mientras hacía un reportaje sobre las cárceles españolas. La Guerra Civil Española, en el orden síquico, lo marcó para siempre. No pertenecía a ningún partido político, pero colocó al lado de la República. En la Casa de la Cultura de Madrid fue acusado de haber publicado varios artículos en contra de los mineros asturianos, lo cual implicaba su fusilamiento inmediato. Al no poder presentar el denunciante la testificación probatoria, fue absuelto, pero el incidente conmovió su siquis de manera definitiva.
       En 1938 volvió a Barcelona y, ante la difícil situación por la que atravesaban las fuerzas republicanas, cruzó los Pirineos y llegó a París. Regresó a La Habana, en abril de 1939. Pasó a trabajar al periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular; publicó el cuento “El comisario ciego” y la pieza teatral Los alzados del cuadrilátero. Poco después abandona el periódico Hoy, pasó a trabajar a la revista Ultra (1936-1947), donde realizó labores de traducción. En 1940 contrajo matrimonio con la periodista y poetisa Herminia del Portal. Compartió con José Antonio Portuondo y otros intelectuales el espacio radial “Hora Ultra de Cultura Popular”, y comenzó a colaborar en la revista Bohemia, de la que llega a ser jefe de información entre 1954 y 1960.
       En 1942 recibió el premio de cuento “Hernández Catá”, por “Un dedo encima”, y publica su primer (y quizás más importante) libro de cuentos: La luna nona y otros cuentos, libro que en 1943 mereció el Premio Nacional que en ese género otorgaba el Ministerio de Educación.
       El 19 de junio de 1944 nació su única hija, Himilce. Gana premios periodísticos (el “Enrique José Varona” por su artículo “Una América sin patitos feos”, aparecido en el periódico Información; el “Eduardo Varela Zequeira”, con el reportaje “Guerra de nervios en Santa Lucía”, que había aparecido en Bohemia. También apareció en forma de libro su cuento largo “No sé quién soy” (México, 1945) y en 1946 su segundo libro de cuentos: Cayo Canas, publicado en Buenos Aires y el cuento “En los traspatios”, editado en La Habana.
       Deprimido, aislado, convencido de que en un país semicolonial el escritor es la última carta de la baraja, se dedica exclusivamente —salvo algunos intentos de cubanizar el cuento policial— al periodismo, las traducciones y la docencia —profesor de francés en la Escuela Normal. En 1951 fue declarado inhabilitado para enseñar en la Escuela Normal por no tener el título que avalara sus conocimientos. Entonces Lino Novás Calvo vivió años difíciles. Aparte del impacto económico, experimentó un rudo golpe emocional que gravitó sobre él profundamente. A raíz de este hecho, matriculó en la Escuela de Idiomas anexa a la Universidad de La Habana y en 1955 concluyó sus estudios, aunque un poco antes había sido restituido a su cargo. Una de las pocas alegrías de esos años, particularmente en 1953, se la proporcionó la oportunidad de traducir al español, por primera vez, la novela de Ernest Hemingway El viejo y el mar (1952), que fue publicada por la revista Bohemia en el número correspondiente al 15 de marzo y posteriormente por la revista Life en su edición en español del 30 del propio mes. Esta traducción fue la única autorizada por Hemingway.
       A finales de los años cincuenta, sin que su estado emocional hubiera sufrido variaciones notables, ya que síquicamente, sobre todo a partir de su regreso a Cuba en 1939, fue siempre un hombre atormentado y sujeto a fuertes crisis emocionales, logró alcanzar cierta estabilidad económica, a la que contribuyó el nombramiento de su esposa como directora de la revista Vanidades. Tras el triunfo de la Revolución en 1959 vio la luz en México su volumen de cuentos El otro cayo, que reúne piezas de La luna nona y otros cuentos y Cayo Canas. En octubre de 1959 fungió como jurado de cuento del primer concurso literario convocado por la Casa de las Américas. A mediados de 1960 pidió asilo político en la Embajada de Colombia en Cuba. Viajó a Miami y posteriormente a la ciudad de Nueva York. Colaboró en varias publicaciones periódicas y, en 1967, fue nombrado profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Syracuse, en el estado de Nueva York. En 1970 publicó el libro Maneras de contar, donde reunió dieciocho cuentos, de los cuales trece fueron escritos –y algunos publicados en el exilio, en tanto que los restantes ya habían sido dados a conocer en sus libros anteriores. En 1973 sufrió un ataque cerebral del cual pudo recuperarse sustancialmente, aunque se vio obligado a retirarse de su cargo de profesor de la citada universidad. Sucesivas hemorragias cerebrales lo dejaron paralítico y sin posibilidades de hablar.

Obras:
Cuentos:
La luna nona y otros cuentos (Buenos Aires: Ediciones Nuevo Romance, 1942).
Cayo Canas (Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1946)
Maneras de contar (Nueva York: Las Américas Publishing Co., 1970)

Novelas:
El negrero. Vida novelada de Pedro Blanco Fernández de Trava (Madrid: Espasa-Calpe, 1933)
Un experimento en el barrio chino (Madrid: Ed. Reunidos, 1936)
No sé quién soy (noveleta, México: Colección “Lunes”, 12, 1945, 56 págs.)
En los traspatios (noveleta, La Habana: Cuadernos Cubanos, 1946, 70 págs.)

Obras póstumas:
8 narraciones policiales (La Habana: Ediciones Oriente, 1995)
Angusola y los cuchillos (La Habana: Ediciones Oriente, 2003)
Lino Novás Calvo: periodista encontrado (La Habana: Ed. Aldabón, 2004)
Otras maneras de contar (Barcelona: Editorial Tusquets, 2005)


CONTENIDO:
Cuentos:
La luna nona y otros cuentos (1942):
2. Aquella noche salieron los muertos
3. La noche de Ramón Yendía
4. Long Island
Cayo Canas (1946):
1. El otro cayo
3. Cayo Canas
Angusola y los cuchillos (2003)
5. El bejuco
13. Angusola y los cuchillos
Otros cuentos:
“Aliados” y “alemanes”

Reseñas, testimonios:
Guillermo Cabrera Infante: La luna nona de Lino Novás




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