Roberto Fernández Retamar
(La Habana, 1930)

Buena suerte viviendo
(1962-1965)


HISTORIA ANTIGUA

Ése es el corazón; ésa la historia,
que antigua historia de aflicciones era.

                                              zenea


i. el fuego junto al mar

1

Mientras tú ardas junto al mar,
Fuego,
Mientras levantes tu columna viva, dorada, real,
Fuego, Mientras, como un árbol, crezcas en medio de la noche, alegrándola,
Fuego,
El amor vivirá, el amor tendrá sentido, la vida vivirá,
Fuego nuestro, pájaro inmortal volando sobre las aguas amargas y profundas del mar.


2

Los que caminan cogidos de las manos,
Con sus manos levantan una torre,
Construyen una casa,
Organizan el mundo,
Limpian el aire de hojas rotas,
Saludan el amanecer,
Acuestan el ocaso,
Defienden los primeros frutos,
Aseguran, afirman, juntan.

Y nos rompen el corazón.


3

Los pasos breves,
La puerta rápida,
Las telas
Cayendo
Como hojas
De una flor suave, real,
Las palabras perdidas,
La hora que vuelve,
Que se detiene
Junto a los grandes pétalos
Por tierra.

¿Lo he perdido todo?
(¿O debo decir
Que lo he tenido?)



4

¿Dónde hay en la ciudad un lecho
Desolado como la nieve?
¿Dónde hay una puerta cerrada?
¿Dónde no se detiene un auto?
¿Dónde estar triste es estar triste
Hasta que no se puede más?
¿Dónde está el vaso no bebido junto al viejo mar rugidor?
¿De dónde parte el barco, hacia dónde,
Que nunca va a llegar en su viaje?
¿Dónde no caminan, bajo qué árboles,
Que alli no están ni habrán estado?


5

Los poetas nos han dejado dicho:
No grabar en la piedra, que no crece,
Sino en los árboles, que van andando
Hacia arriba, en el aire,
Y ponen los nombres
Grandes, bajo la luz, como banderas.
Pero la piedra guarda líneas
Cuando ya el árbol es ceniza o mueble.
Cuando alguien come, sueña o yace
Entre los restos pintados del árbol,
Hay una piedra igual, inmóvil, ni mayor
Ni más pequeña, ostentando en su pecho pálido
El garabato feroz de unas letras,
Hasta más allá de la vida del hombre
Que una tarde las inscribió
Riendo, soñando y recordando.


6

Los otros versos,
Los que no están aquí,
Los que sólo unos ojos
Ven, sólo una boca
Recita, besa, muerde,
Iluminan de lejos,
Desde su oscuro sitio,
A éstos de aquí, son como
La figura completa de un diseño;
Los silencios que hacen a una música
Entera, verdadera.


7

¿Vivir ahora en las líneas del poema?
Quien conoció la mano,
¿Contentarse con la palabra mano?
¿Con la palabra mar, con la palabra
Siempre?



ii. historia antigua

ARTE POÉTICA

En vano cortejo los lápices, miro la máquina
De escribir con voluntariosa ternura de oficinista reciencasado.
En vano leo o me digo cosas que debieran amontonarse en esto de la poesía.

Sin embargo, basta que se muera alguien,
Que vea lo que no debiera haber visto,
Que sienta lo que no debiera sentir,
Para que, sin encomendarme a lápiz ni a máquina,
Aparezca de repente, y haya que estar molestando a la gente
Pidiendo papelitos y lapiceros,
O garabateando en las transferencias
Cosas que a lo mejor no voy a poder descifrar después
(¿Qué dice aquí?).

Mejor hubiera sido haber nacido médico —o no haber nacido—


HOMENAJE AL OLVIDO

Sin ti, ¿qué nos quedaría del mundo, el pasajero?
Tú escoges y separas, preservas lo vivo alejándolo
De lo que hizo de un cuerpo una sombra; de unas manos, un dolor;
De una melodía, la ilusión del mar sonando junto al puerto.
Gracias a ti, no es cierto que hemos visto
Lo que hemos visto. Gracias a ti
Los ojos pueden tener otro oficio; la nariz, la boca
Pueden comerse un mundo diferente, zafarse de lo que ha quedado atrás,
Y avanzar hacia el ramo nuevo
Que la vida les tiende. Gracias a ti
Vivir no es seguir viviendo, sino ser sorprendidos por lo que sabemos
Qué será, ni queremos saberlo todavía
Hasta que nos dé en la cara, como hizo la hoja de periódico
En la ciudad solitaria que el adolescente recorría con estupor.
Eres el silencio que bruñe los flancos dorados de la melodía,
La sombra que defiende la entrada invasora del color.

(Fíjate que, indiferente a las sonrisas,
Sin complacer a quienes, acaso con razón, esperaban otra cosa,
He cantado tu himno, he hecho tu elogio.
Que no haya sido en balde. Recuérdame.)


HISTORIA ANTIGUA

Qué esfuerzo para hacer una estrella, alejarla, como quien dice, un poco,
Arrancarle pedazos, ponerlos a dar vueltas
Y más vueltas, calentarlos, inventar, en uno, el tiempo
En que en el agua un trozo no quiere Ser ya más agua, y sale afuera, se sacude
Las gotas escamosas, se arrastra, se sube a las matas y se columpia
Para que varios millones, lamiéndolo, lo sequen.
Y qué esfuerzo luego para encontrar la cabeza
Como dios manda, habiendo dado con la piedra, con el fuego,
Con las palabras primohermanas del ruido.
Y con imperios inmortales después, muertos precipitadamente en la milésima parte de la vida
De la más frágil mariposa.

Perdónenme, pero sin duda todo eso tan importante no ha sido
Para que sus herederos nos entretengamos ahora con estas líneas.
Dejemos crecer las uñas y el pelo,
Que sin duda saben.


FELICES LOS NORMALES

A Antonia Eiriz

Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.


OYENDO UN DISCO DE BENNY MORÉ

Es lo mismo de siempre:
¡Así que este hombre está muerto!
¡Así que esta voz
Delgada como el viento, hambrienta y huracanada
Como el viento,
                            es la voz de nadie!
¡Así que esta voz vive más que su hombre,
Y que ese hombre es ahora discos, retratos, lágrimas, un sombrero
Con alas voladoras enormes
                                                  —y un bastón—!
¡Así que esas palabras echadas sobre la costa plateada de Varadero,
Hablando del amor largo, de la felicidad, del amor,
Y aquellas, únicas, para Santa Isabel de las Lajas,
De tremendo pueblerino en celo,
Y las de la vida, con el ojo fosforescente de la fiera ardiendo en la sombra,
Y las lágrimas mezcladas con cerveza junto al mar,
Y la carcajada que termina en punta, que termina en aullido, que termina
En qué cosa más grande, caballeros;
Así que estas palabras no volverán luego a la boca
Que hoy pertenece a un montón de animales innombrables
Y a la tenacidad de la basura!
A la verdad, ¿quién va a creerlo?
Yo mismo, con no ser más que yo mismo,
¿No estoy hablando ahora?


A LOS ÁRBOLES DEL CEMENTERIO

Estos árboles se alimentan
De lo que fuimos, de lo que seremos:
Madera hecha de ojos, ramas
En que, acercándose, se siente el olor acre
De las piernas.
                         Por suerte, las hojas más altas,
Las del pelo, van a confundirse
Con el viento de la tarde, el dulce viento
Que menea los primeros terrones sobre el cadáver.


DETRÁS DE UNA VENTANA

Tú estás riéndote, detrás de una ventana,
Del enamorado que confunde su amor con la brisa,
Un sonido cualquiera con el de sus pasos apresurados,
La forma de un auto con la forma de su auto;
Que confunde una hora con otra hora,
Una manera de mirar con una manera de olvidar.
Si te acercaras, podrías reírte todavía más,
Viéndolo mezclar el ruido del reloj con el del corazón,
Oyéndolo escoger en vano las palabras que mejor lo representen,
Y trabándose una y otra vez en flores, estrellas, amaneceres y suspiros,
Como si se tratara de escribir una página.
Las otras personas también pueden reírse,
Al reparar en su vago aire de conspirador,
En el misterio fácil de los ojos, en el pelo sobre la frente,
En la camisa desgarbada, en los pasos para tomar posiciones,
Como quien va a descargar su rifle sobre alguien.
Por eso estás riéndote, y podrías reírte mucho más.

Pero tú estás detrás de una ventana.


UN HOMBRE Y UNA MUJER

¿Quién ha de ser?
Un hombre y una mujer.

                                              tirso


Si un hombre y una mujer atraviesan calles que nadie ve sino ellos,
Calles populares que van a dar al atardecer, al aire,
Con un fondo de paisaje nuevo y antiguo más parecido a una música que a un paisaje;
Si un hombre y una mujer hacen salir árboles a su paso,
Y dejan encendidas las paredes,
Y hacen volver las caras como atraídas por un toque de trompeta
O por un desfile multicolor de saltimbanquis;
Si cuando un hombre y una mujer atraviesan se detiene la conversación del barrio,
Se refrenan los sillones sobre la acera, caen los llaveros de las esquinas,
Las respiraciones fatigadas se hacen suspiros:
¿Es que el amor cruza tan pocas veces que verlo es motivo
De extrañeza, de sobresalto, de asombro, de nostalgia,
Como oír hablar un idioma que acaso alguna vez se ha sabido
Y del que apenas quedan en las bocas Murmullos y ruinas de murmullos?


ES BUENO

Soñar es bueno, porque llega cuando el cuerpo reposa
De haber sido un guerrero o un corredor de distancias.
Pero quizás sobre todo porque va humeando como un fuego,
Sin que nosotros le hagamos nada, y nos deja vivir
Entre nubes con cabeza de caimán, asesinos de enemigos,
Calles asfaltadas de riñones, casas que se abren como sexos,
Atardeceres de los que caen flores, aquella muchacha que nunca conseguimos
Y ahora viene desnuda.
Y luego todo estalla, y las persianas dejan pasar la luz
Sobre la pobre cama arrugada.
Es lo que digo, soñar es bueno.


ESPAÑA OTRA VEZ, SIEMPRE

Ya no sé cuándo fue la primera vez
Que estuvimos mezclados. Quizás cuando la guerra,
La guerra de ella, y en casa me enseñaron a decir
Viva la República, y otras cosas hermosas.
Después, los escritores, y después el amor.
Como siempre, confundí los recuerdos de la guerra
Que ellos habían vivido, con la realidad de los besos
Que vivíamos nosotros, y bombas evocadas
Iban a estallar sobre abrazos de ese momento,
Hasta que los mismos abrazos, los mismos besos
Se hicieron memoria, como los aviones sobre la ciudad,
Aquel domingo en que los niños salieron no sé si de la misa,
A señalarlos con la mano, y en que cayeron las bombas,
En la anécdota que yo pedía que me repitieran una y otra vez,
Olvidando que antes de ser anécdota, aquello había sido
Las cabezas de amigos desbaratadas contra las piedras, la gente chillando,
Y hasta los cristales lejanos rajándose desesperados.
Yo creo que llegué a pensar
Que en esa guerra estuve yo, que de alguna manera
Aquella voz me reintegraba a un lugar mío,
Y que no me contaba, sino me refrescaba cosas.
(Luego le contarán a otro enfebrecido
Esta realidad mía, hecha palabras que irán
A confudirse con abrazos y con besos.)


TÚ ME PREGUNTAS

Tú me preguntas, aprovechando que arden sobre nosotros
Los inconcebibles astros de aquellos tiempos;
Tú me preguntas: Roberto,
¿Es verdad que no crees?
Y yo miro las estrellas quemándose allá arriba,
Y hacia las que un viento mayor arrastra la pregunta humeante
De tus labios que querría inmortales.


EL TIEMPO

Cuando pongo mi mano joven,
Condescendiente,
Sobre el hombro tormentoso del anciano,
Es sólo una ilusión, sólo un instante,
El tiempo
De mirar a las nubes, a los astros,
Antes de que otra mano,
Generosa,
Se pose sobre mi hombro
Llamándome ¡oh anciano!


POR UN INSTANTE

Esa luz en la noche,
¿Será un reflector nuestro?
¿Será un arma de ellos?

(Por un instante
Había olvidado
Que hay en el cielo luna, que hay estrellas.)


FILIN

Si me dicen que te has marchado
O que no vendrás,
No voy a creerlo: voy
A esperarte y esperarte:
Si te dicen que me he ido,
O que no vuelvo,
No lo creas:
Espérame Siempre.


BUENA SUERTE VIVIENDO

I. Palabras sin canción

PALABRAS SIN CANCIÓN

¿Adónde han ido, me pregunto a ratos,
Esas palabras con que se hacían los versos
Memorizados con más tenacidad
Que la siesta de un fauno?
                                             Palabras como
Marfileño, opalescente, doquiera,
Horrísono fragor, corcel, doncella.
Tan orondas, parecían por lo menos
Los guardianes mismos de la poesía.
Y ya ven: ahora, olvidadas en libros de gruesa pasta,
Apenas se estremecen cuando alguien, como nosotros hoy,
Las acaricia de lejos, para recordar y sonreír un poco.


COMO PARAGUAS

Las chaperonas son paraguas olvidados.
A su alrededor saltan pellizcos,
Chasquidos, émbolos,
El vals sobre las olas,
Pero qué bonito y sabroso
Bailan
El mambo las mexicanas,
Me faltabas tú.
Cuando el bocado, las bebidas
Se acercan, con lacitos oscuros,
Esos crepúsculos portátiles
Se abren como paraguas
En la gran noche estrellada que sucede en otra parte.


INSCRIPCIONES GRABADAS EN EL PECHO

Yo te quiero Mamá
Rebeca soy tuyo
Luisa
Cuba sí yanqui no
Nené está contigo
M a l a
Escupiré sobre tu tumba
I love you Mother
Para siempre Patria o Muerte Vence
remos
Soy cubano
Hasta luego Vida
Rosa mi amor para ti

(Continúa en próximo pecho)


TESTAMENTO

A la verdad, estos zapatos míos,
Y esta camisa y este pantalón
Que tengo puestos, y hasta este pañuelo
Con cara de cuñado, ¿quién pudiera
Usarlos como yo? Me los conozco
Como si fueran parte de mi cuerpo.

Y de mis libros, ¿qué voy a decir?
Como están subrayados y marcados
En el margen con citas y con versos,
Creo que sólo yo puedo releerlos
A la manera de quien en un mapa
Viejo sigue un país.
                                 Por eso ahora,
En pleno uso de mis facultades
Mentales y morales, y ante el grave
Riesgo que confrontamos, yo decido
Dejar todas mis pobres pertenencias,
Todas, sin excepción, una tras otra,

A mí mismo, caramba. De manera
Que cuando vuelva a estar tranquilo en casa,
Pueda usar otra vez estos zapatos,
Metido en estos mismos pantalones
Y leyendo los libros que me gustan.

25 de octubre de 1962


SONATA PARA PASAR ESOS DÍAS Y PIANO

Que realmente fue tremendo,
Entre bombas que casi seguro que llegaban
Y cohetes que finalmente se fueron,
Y que si sí y que si no.
El kennedi hasta habló de cenizas en los labios,
Y los pedantes dijeron: Eliot, Eliot.
Pero la mayoría no dijo casi nada
(O se limitó a decir a los amigos: “Fue bueno haberte conocido”):
Se puso el uniforme de miliciano,
Y a ver qué es lo que había que hacer.
Cada mañana, cuando se abría los ojos,
Venían y le decían a uno: anoche pasamos un peligro tremendo,
Estuvimos a punto de termonuclearnos todos en el planeta.
Uno se sentía contento de haber amanecido.
El día empezaba a estirarse lenta, lentamente.
Cada hora, cada minuto eran preciosos,
Y en cada hora pasaba un montón de cosas.
Entre las seis y las ocho llegaban los periódicos, el café con leche y las primeras llamadas.
A las ocho era despedirse a lo mejor para siempre.
A la tercera o cuarta vez de hacerlo, la imagen de Héctor y Andrómaca se había debilitado mucho.
Entre las ocho y las diez, rodeados de gente que llegaba, llamadas, saludos, mensajes,
Las noticias más frescas empezaban a desbordar las redacciones:
Se conversaba, no se conversaba, si se conversara. Conversación, sinversación, verconsación.
A la hora de almuerzo se había adelantado muy poco y se comía sin apetito.
Después había una reunión, otra reunión, la misma reunión.
Alguien llegaba con nuevas noticias: cartas cruzadas, palabras cruzadas, dedos cruzados.
Los que entraban y salían iban oscureciendo el día Hasta que era de noche nuevamente.
El periódico de la tarde por una vez tenía noticias distintas a las de la mañana.
A la hora de acostarse (aunque fuera sobre una dura mesa de palo)
Parecía que, en fin, según, sin, so, sobre, tras.
Con esa esperanza copiosa se dormía,
Aunque sabíamos que a la mañana iban a decirnos
Que por la noche habíamos corrido un peligro mortal.
Era necesario dormir ese peligro, como el viajero del avión.
Que se entera, al llegar a tierra,
Que durmió la noche sobre el Pacífico con un solo motor en el aparato,
Y recuerda que se había olvidado de asustarse.
A las setentidós horas, ya se conocía el ritmo:
Peligro mortal-amanecer-pesimismo-poco almuerzo -posibilidad-dormir­
Peligro mortal-etc.
Entonces vino lo que vino y lo que se fue
Y vino que,
Entonces,

—El piano, por favor.


PÍO TAI [*]

(Al comenzar el campeonato de pelota de los escritores y artistas)

con agradecimiento para Rolfe Humphries y Ernesto Cardenal

Compañeros: que antes de empezar, nuestro primer recuerdo
Sea para Quilla Valdés, Mosquito Ordeñana, el Guajiro Marrero,
Cocaína García, La Montaña Guantanamera, Roberto Ortiz, Natilla
(Desde luego), el Jiquí Moreno de la bola de humo, el Jibarito, y más atrás
Adolfo Luque, Miquel Ángel, Marsans,
Y el Diamante Méndez, que no llegó a las Mayores porque era negro,
Y siempre el inmortal Martín Dihigo.
(Y también, claro, Amado Maestri, y tantos más...)

Inolvidables hermanos mayores: donde quiera que estén,
Hundidos en la tierra que ustedes midieron a batazos
En la Tropical o en el Almendares Park;
Bajo el polvo levantado al deslizarse en segunda,
Alimentando la hierba que se extiende en los jardines y es surcada por los roletazos;
O felizmente vivos aún, mereciendo el gran sol de la una y la lluvia que hacía interrumpir el juego
Y hoy acaso sigue cayendo sobre otras gorras: donde quiera
Que estén, reciban los saludos
De estos jugadores en cuya ilusión vivieron ustedes
Antes (y no menos profundamente)
Que Joyce, Mayacovski, Strawinski, Picasso o Klee,
Esos bateadores de 400.

Y ahora, pasen la bola.

[*]“Pio tai” es la forma infantil, en Cuba, de “pido time”, “pido una tregua en el juego”.

VIVO CON UNA MUJER DE COLOR

Licencia de R. D.

El pelo y sus similares
Son oscuros.
Las uñas son rosadas.
El marrón claro, el naranja
Y un difuso color
Se disputan el resto.
Los dientes y el globo del ojo
Son, es verdad, prácticamente blancos;
Pero la proporción, la divina proporción
Sanciona largamente mi aserto.

Ahora confesad, patriotas subalternos:
¿Quién que es no es romántico, y no vive
Con una mujer de color?


BIOGRAFÍA

“Es demasiado profesoral”, graznaban los longobardos.
“Es demasiado antiprofesoral”, bufaban los otomanos.
“Es demasiado señorial”, himplaban los neoetruscos.
“Es demasiado popular”, aseguraban con la nuca los dálmatas.

Naturalmente, al cabo se pusieron de acuerdo todos,
Y lo borraron encantados de la vida.


POEMAS DEMASIADO BREVES

explicación
Siempre quise escribir un poema
Tan breve
Como aquel de Machado:
“Hoy es siempre todavía”;
O incluso
Como aquel de Ungaretti:
“M’illumino
d’immenso”;
Pero ya ven:
Me pierdo en explicaciones.

un nombre de mujer
Un nombre de mujer es un largo viento de aes
Con apenas alguna delgada rayadura.

un hermano
¿Verdad, Antonio
Machado,
Que un hermano
Debe llamarse
Manolo O algo así?

la voz humana
Tú que no oíste a un avión gemir en la profunda noche,
No llegaste a saber de qué era capaz la voz humana.

habla la piedra
¿Cuál de ustedes va a decidirse al fin y recogerme?
No le hagan caso a ese arameo: ¡Arrojadme ya, miserables!

el suicida
No tener semanaqueviene.

soliloquio del calvo
Qué adelantada llevo la calavera.

resollando por la herida
(Falta el poema.)



II. Buena suerte viviendo

NIÑAS Y NIÑOS, MUCHACHAS Y MUCHACHOS

Niñas y niños, muchachas y muchachos,
Seres prácticamente humanos y decentes:
Agradezco de corazón la fineza
Que los ha traído hasta aquí
Con las uñas limpias, bien vestidos y peinados,
Mirando de reojo mis libros
Y mi calva indetenible.
Pero
No tengo nada que decirles:
Soy lo mismo que ustedes, sólo que
Han pasado los años, me han pasado los años,
Y hay quien cree que así
Uno está en mejor disposición
Para decir algo.
Tengo malas noticias.
Yo también (hace quizás mucho tiempo)
Me limpié las uñas, me peiné al lado, me vestí de limpio
Y me senté frente a un calvo.
En vano.
Sépase pues:
No tengo nada que decirles.

Antes de separarnos:
Buena suerte viviendo.


AQUEL DÍA

Aquel día de febrero de 1961,
¿En cuántas partes ocurrió algo importante?
Sin duda en muchos sitios: la vida
Es tan importante, decididamente.
Pero, con toda sinceridad, yo no pienso ahora
En esa respiración magnífica de la historia
Por la que estamos aquí, para la que estamos aquí.
Pienso en quien, de alguna manera que ahora no puedo prever,
Leerá estos versos, leerá el primer verso,
Y en algún lugar, que ahora no puedo prever,
Arrugará un pañuelo, dejará caer un papel
(Mejor una cucharita, la vida adora
Esas teatralidades),
Y quizás se levantará, algo pálida,
Y quizás qué sé yo. Quizás nada.


EL PRIVILEGIO DE MIRAR MORIR

La amistad era pues esto.
Los sellos intercambiados, las bolas de vidrio
Pertenecientes a los dos, las peleas
Que uno podía pelear por el otro,
El descubrimiento luego de un libro sólo para recitarlo
A quien había dado con un cuarteto
O una religión asiática;
Y las caminatas por el barrio, de noche,
Las conversaciones sobre aquella escalera abandonada,
El sentimiento confuso de vivir en un país lateral
Donde no habían nacido Leonardo ni San Juan;
Y la sobresaltada puta primera,
El olor de algunas calles olvidables,
El sueño de algo mejor, los letreros escritos entre dos policías,
Los periódicos vendidos, la custodia del local de la juventud;
Y el establecimiento de un alfabeto privado
Hecho de cejas, muecas, encogeduras de hombros
Que bastaban para desencadenar la carcajada:
Todo eso era pues para tener el privilegio
De ser quien apretara la mano en la arrugada cama de hospital
Donde uno de los dos boquea intentando sonreír.


LOS FEOS

La mano o el ojo inmortal
Que hizo el cielo estrellado, esta bahía,
Este restorán, esta mesa
(Y hasta hizo el tigre de Blake),
También la hizo a ella, y la hizo fea.
Algo en los ojos, en la nariz,
En la boca un poco demasiado pequeña,
O en la frente interrumpida antes de tiempo
Por cabellos de color confuso;
Algo insalvable para siempre,
Que resiste al creyón de labios y al polvo,
Hace que esta noche, junto a la bahía,
En el restorán El Templete,
Esta noche de suave brisa marina
Y vino tinto y amistad,
Ella esté sola en una mesa,
Mirando quizá en el plato de sopa
La imagen movediza de su cara,
De su cara de fea, que hace vacilar
El orden de todo el universo,
Hasta que llega un hombre feo
Y se sienta a su mesa.


EN EL FONDO DE ESE POMO DE TINTA

En el fondo de ese pomo de tinta,
Tan indiferente ahora en el librero,
Hay abrazos para amigos en New Delhi,
En Moscú, en París, en New Haven o en Ciudad México;
Hay el final de un ensayo
Sobre crítica y revolución;
Hay números para dejarlos caer
Sobre exámenes ilusionados;
Hay también (si diera con ellos)
Leopardos, castillos, los ojos
Derramados anoche en una almohada,
El nombre de una niña que suspira,
La injuria para la traición
Y la ternura que quise decir y no encontré, una tarde,
Hace casi veinte años, en Santa Fe;
Hay, muchas veces, el absurdo garabato de mí firma:
Y hay también, estoy seguro de eso,
Una manera mejor de terminar este poema.


DESDE EL VEDADO, UN CUBANO LE ESCRIBE
A UN AMIGO DECIDIDAMENTE EUROPEO


Comprendo que esperases que yo te hablara del tamtam de mi sangre,
De la gran selva lustrosa donde cruz chillando el loro,
De la centella caída frente a mis ojos,
De Obatalá blanca como la nieve en mitad del fuego
(Con las memorias que ciertamente tengo de azabaches en la camisa y despojos a los doce años).
Comprendo, querido amigo, que necesitabas la savia salvaje
Que yo podría aportarte, con un pedazo de sol en una mano
Y en la otra la maraca que sólo el amanecer lechoso logra amainar.
Pero ¿cómo quieres que te escriba con el aire acondicionado que no marcha bien
En este piso de hotel, este tremendo día de verano,
Y a los pies La Habana brillando
Como un collar, llena de autos ruidosos y polvorientos,
Con docenas de restoranes y cabarets y ninguna palmera a la vista?


QUÉ ES POESÍA

¿Qué es poesía? dices mientras clavas
Varias decenas de pinchos en la carne.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Que cualquier cosa sea posible, eso es la poesía.


PARA EL AMOR

Y claro que hay aquí lugar para el amor: para el amor
(Creo) habrá siempre lugar: para el amor
Extraño que logra reunir sus pedazos, y para el amor
Desbaratado que tiene un pie en una parte y un ojo en otra parte: para el amor
Para el amor para el amor, Habrá siempre lugar (creo) para el amor.


ME CONSUELA

Me consuela saber que en este instante
Sigue existiendo la Basílica de San Marcos en Venecia,
Admirable frente a la más hermosa plaza blanca del mundo.
Me consuela saber que Berkeley no tenía ni una gota de razón
Y que, aun cuando yo cierre mucho los ojos,
La Basílica de San Marcos sigue existiendo
Con los piafantes caballos verdes detenidos en su cabeza.


LEZAMA PERSONA

Un momento entre óleos de Mariano y manchas de humedad,
Junto a un grueso jarrón de bronce cuneiforme,
Y el soplo ladeado de la voz de doña Rosa, anun­ciando
Que Joseíto viene para acá: anoche
No ha dormido bien usté sabe Retamar cómo es el asma,
Era lo necesario para que llegara bamboleándose
Y su palma húmeda pasara de encender el tabaco posiblemente eterno
A dar ceremoniosamente la mano que alzaba aque­lla gruta a palacio,
Aquel palacio a flor de loto conversada, a resistencia
De guerrero o de biombo de Casal.
Recogíamos el último número de Orígenes, olorosa aún la página,
Con algo de Alfonso Reyes o unos versos de un poeta de veinte.años,
Y no hacíamos demorar más el ritual del Cantón.
Adelaida había guardado para entonces su silencio,
Rajado a momentos por su mejor risa valona.
La noche se abría, por supuesto, con mariposas.
Aparecían platos suspensivos, bambú y frijoles trasatlánticos
Junto al aguacate y la modestísima habichuela.
Ya habían saltado del cartucho previas empanadas,
Y por encima de alguna sopa y del marisco miste­rioso,
La espuma de la cerveza humeaba hasta adquirir la forma
De una Etruria filológica, calle Obispo arriba,
Posiblemente con Víctor Manuel, una pesada ma­ñana de agosto.

Tú serás el animal, oigo decir todavía.

Los ojitos desaparecen por un instante
(Después de haber brillado como ascuas húmedas),
Tragados por la risa baritonal primero, luego aflau­tada
En el Bombín de Barreto.
                                            O, grave
(Esto es más bien en sillones, frente a un obsesivo dibujo de Diago,
Un cuerpo que se curva o quizás se derrite),
La evocación sobre los tejados de La Habana,
La forifai en la mano de D’Artagnan, cruzada con la otra en el cuadro de Arche
(Pudo haber sido Aristides Fernández),
Y atrás un parque que siempre me ha hecho pensar
En la plazoleta de nuestra Universidad,
De donde baja con risa la manifestación hacia la muerte.

Todavía nos esperan extrañas aves
Posadas en los adverbios, arpas para ser reídas hasta la última cuerda,
Cimitarras entreabiertas, abandonadas por el invisi­ble camarero
Que sirve el té frío con limón, porque aquí el café es muy malo.
Aunque, a la verdad, no puede pedirse más por un peso.

Infelices los que sólo sabrán de usted
Lo que proponen (lo que fatalmente mienten) los sofocados chillidos de la tinta;
Los que no habrán conocido el festival marino,
Aéreo, floral, excesivo, necesario,
De una noche del restorán Cantón —de una noche del mundo
Girando estrellado en torno a La Habana que nos esperaba afuera
Con billetes de lotería, algarabías descascaradas, y el viento arrastrando
Papeles de periódicos infames, y un mendigo más desesperanzado que su sombra—.


VAMOS A DEVORARTE

Nos comemos el mundo diente a diente,
Picado en pedacitos inmortales:
Nos comemos robustos animales
Porque sí, por historia y de repente.

Eres lanudo, eres inteligente,
Pero aun así te esperan grandes males:
Eres para nosotros, racionales:
Vamos a devorarte entre la gente.

Puedes decir adiós a madre y nido.
No importa que cloquees o que mujas:
Te van a dar un golpe por la testa,

Y abstracto, lejanísimo, cocido,
Plateados trasgos y doradas brujas
Vamos a devorarte en una fiesta.

Navidad, Año de la Agricultura



III. Le preguntaron

LE PREGUNTARON POR LOS PERSAS

a la imaginación del pintor Matta y, desde luego, a Darío

Su territorio dicen que es enorme, con mares por muchos sitios, desiertos, grandes lagos, el oro y el trigo.
Sus hombres, numerosos, son manchas monótonas y abundantes que se extienden sobre la tierra con mirada de vidrio y ropajes chillones.
Pesan como un fardo sobre la salpicadura de nuestras poblaciones pintorescas y vivaces,
Echadas junto al mar: junto al mar rememorando un pasado en que hablaban con los dioses y les veían las túnicas y las barbas olorosas a ambrosía.
Los persas son potentes y grandes: cuando ellos se estremecen, hay un hondo temblor, un temblor que recorre las vértebras del mundo.
Llevan por todas partes sus carros ruidosos y nue­vos, sus tropas intercambiables, sus barcos ates­tados cuyos velámenes hemos visto en el ho­rizonte.
Arrancan pueblos enteros como si fueran árboles, o los desmigajan con los dedos de una mano, mientras con la otra hacen señas de que pro­siga el festín;
O compran hombres nuestros, hombres que eran libres, y los hacen sus siervos, aunque puedan marchar por calles extrañas y adquirir un pa­lacio, vinos y adolescentes:
Porque ¿qué puede ser sino siervo el que ofrece su idioma fragante, y los gestos que sus padres preservaron para él en las entrañas, al bárbaro graznador, como quien entrega el cuello, el flanco de la caricia a un grasiento mercader?

Y nosotros aquí, bajo la luz inteligente hasta el dolor de este cielo en que lo exacto se hace azul y la música de las islas lo envuelve todo;
Frente al mar de olas repetidas que alarmado nos trae noticias de barcos sucios;
Mirando el horizonte alguna vez, pero sobre todo mirando la tierra dura y arbolada, enteramente nuestra,
Aprendiendo unos de otros en la conversación de la plaza pública el lujo necesario de la verdad que salta del diálogo,
Y conocedores de que las cosas todas tienen un orden, y ha sido dado al hombre el privile­gio de descubrirlo y exponerlo por la sorpren­dente palabra,
Conocedores, porque nos lo han enseñado con sus vidas los hombres más altos, de que existen la justicia y el honor, la bondad y la belleza, de los cuales somos a la vez esclavos y custodios,
Sabemos que no sólo nosotros, estos pocos rodeados de un agua enorme y una gloria aún más enorme,
Sino tantos millones de hombres, no hablaremos ese idioma que no es el nuestro, que no puede ser el nuestro.
Y escribimos nuestra protesta —¡oh padre del idio­ma!— en las alas de las grandes aves que un día dieron cuerpo a Zeus,
Pero además y sobre todo en el bosque de las armas y en la decisión profunda de quedar siempre en esta tierra en que nacimos:
O para contar con nuestra propia boca, de aquí a muchos años, cómo el frágil hombre que ven­c¡ó al león y a la serpiente, y construyó ciuda des y cantos, pudo vencer también las fuerzas de criaturas codiciosas y torpes,
O para que otros cuenten, sobre nuestra huesa convertida en cimiento, cómo aquellos antecesores que gustaban de la risa y el baile, hicieron buenas sus palabras y preservaron con su pecho la flor de la vida.

A fin de que los dioses se fijen bien en nosotros, voy a derramar vino y a colocar manjares preciosos en el campo: por ejemplo, frente a la isla de Salamina.


IM MEMORIAM
EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA

Como ni usted ni yo creemos
(No creemos, ¿no es verdad?)
en esa pampa inmensa que es el cielo
(Cualquier otra imagen sería igualmente gastada y además
igualmente falsa);
como ni usted ni yo creemos,
ahora le estoy hablando a un muerto,
le estoy hablando a nadie,
a nada:
probablemente por esa manía de la literatura
y de que los otros sepan lo que uno piensa,
o lo que uno quiere que los oros crean que uno piensa,
o lo que sea.
Ahora ilustres patriotas, eminentes pensadores, escritores
Que son honra y prez del idioma, dirán de usted
Cosas que nos harán sonrojar, pensando
En su soledad altiva, en su indetenible
Boca de señor. ¡Qué le vamos a hacer! De todas formas,
El precio para morirse, decididamente un precio muy alto.
Y además, usted no quiso pagar ningún precio, ni quiso
Oír otros elogios que las palabras de la amistad y la verdad.
Ahora usted está otra vez, y para siempre, solo. Tan solo
Como los que bajaron la cabeza y al cabo murieron también.
Ahora se pudren todos, y todos son nadie, son nada.
De usted quedan esos papeles ardientes, ese rastro de llamas
Desde el corazón se hace mayor
Y esta cosa extraña de vivir recibe una luz en plena cara.
Y no voy a decirle: Ezequiel
Martínez Estrada, no está muerto, etc.
Porque la verdad es que creo que sí,
Que está muerto.
Que la alucinante suma de azares
Que a través de astros, espacios, monstruos,
Cataclismos, historias, se hizo una vez
Ezequiel Martínez Estrada,
Ha concluido para siempre.
Si el Universo fuera limitado en sus combinaciones,
Cabría alguna esperanza. Pero no hay ninguna.
Por eso le digo esta especia de adiós,
Asegurándole que en el río de mis azares,
Y en los de muchos como yo,
Hay uno que fue usted,
Y que ésa es la única inmortalidad posible:
Que ya yo no puede ser como era
Antes de haberlo conocido y querido mucho.
Todo no es más que un soplo:
Usted, yo, el Universo, pero
Puesto que ha habido gente como usted,
Es probable, es bastante probable,
Que todo esto tenga algún sentido.
Por lo pronto ya sé: no bajar la cabeza.
Gracias, y adiós.



USTED TENÍA RAZÓN, TALLET:
SOMOS HOMBRES DE TRANSICIÓN

Entre los blancos a quienes, cuando son casi polares, se les ve circular la sangre por los ojos, debajo del pelo pajizo,
Y los negros nocturnos, azules a veces, escogidos y purificados a través de pruebas horribles, de modo que sólo los mejores sobrevivieron y son la única raza realmente superior del planeta;
Entre los que sobresaltaba la bomba que primero había hecho parpadear a la lámpara y remataba en un joven colgando del poste de la esquina,
Y los que aprenden a vivir con el canto marchando vamos hacia un ideal, y deletrean Camilo (quizá más joven que nosotros) como nosotros Ignacio Agramonte (tan viejo ya como los egipcios cuando fuimos a las primeras aulas);
Entre los que tuvieron que esperar, sudándoles las manos, por un trabajo, por cualquier trabajo,
Y los que pueden escoger y rechazar trabajos sin humillarse, sin mentir, sin callar, y hay trabajos que nadie quiere hacerlos ya por dinero, y tienen que ir (tenemos que ir) los trabajadores voluntarios para que el país siga viviendo;
Entre las salpicadas flojeras, las negaciones de San Pedro, de casi todos los días en casi todas las calles,
Y el heroísmo de quienes han esparcido sus nombres por escuelas, granjas, comités de defensa, fábricas, etcétera;
porque no podíamos ir a sus colegios ni llegamos a creer en sus dioses,
Ni mandamos en sus oficinas ni vivimos en sus casas ni bailamos en sus salones ni nos bañamos en sus playas ni hicimos juntos el amor ni nos saludamos,
Y otra clase en la cual pedimos un lugar, pero no tenemos del todo sus memorias ni tenemos del todo las mismas humillaciones,
Y que señala con sus manos encallecidas, hinchadas, para siempre deformes,
A nuestras manos que alisó el papel o trastearon los números;
Entre el atormentado descubrimiento del placer,
La gloria eléctrica de los cuerpos y la pena, el temor de hacerlo mal, de ir a hacerlo mal,
Y la plenitud de la belleza y la gracia, la posesión hermosa de una mujer por un hombre, de una muchacha por un muchacho,
Escogidos uno a la otra como frutas, como verdades en la luz;
Entre el insomnio masticado por el reloj de la pared,
La mano que no puede firmar el acta de examen o llevarse la maldita cuchara de sopa a la boca,
El miedo al miedo, las lágrimas de la rabia sorda e impotente,
Y el júbilo del que recibe en el cuerpo la fatiga trabajadora del día y el reposo justiciero de la noche,
Del que levanta sin pensarlo herramientas y armas, y también un cuerpo querido que tiembla de ilusión;
Entre creer un montón de cosas, de la tierra, del cielo y del infierno,
Y no creer absolutamente nada, ni siquiera que el incrédulo existe de veras;
Entre la certidumbre de que todo es una gran trampa, una broma descomunal, y qué demonios estamos haciendo aquí, y qué es aquí,
Y la esperanza de que las cosas pueden ser diferentes, deben ser diferentes, serán diferentes;
Entre lo que no queremos ser más y hubiéramos preferido no ser, y lo que todavía querríamos ser,
Y lo que queremos, lo que esperamos llegar a ser un día, si tenemos tiempo y corazón y entrañas;
Entre algún guapo de barrio, Roenervio por ejemplo, que podía más que uno, qué coño,
Y José Martí, que exaltaba y avergonzaba, brillando como una estrella;
Entre el pasado en el que, evidentemente, no habíamos estado, y por eso era pasado,
Y el porvenir en el que tampoco íbamos a estar, y por eso era porvenir,
Aunque nosotros fuéramos el pasado y el porvenir, que sin nosotros no existirían.

Y, desde luego, no queremos (y bien sabemos que no recibiremos) piedad ni perdón ni conmiseración,
Quizá ni siquiera comprensión, de los hombres mejores que vendrán luego, que deben venir luego: la historia no es para eso,
Sino para vivirla cada quien del todo, sin resquicios si es posible
(Con amor sí, porque es probable que sea lo único verdadero).
Y los muertos estarán muertos, con sus ropas, sus libros, sus conversaciones, sus sueños, sus dolores, sus suspiros, sus grandezas, sus pequeñeces.
Y porque también nosotros hemos sido la historia, y también hemos construido alegría, hermosura y verdad, y hemos asistido a la luz, como hoy formamos parte del presente.
Y porque después de todo, compañeros, quién sabe
Si sólo los muertos no son hombres de transición.


NINGUNA PALABRA TE HACE JUSTICIA

Estremecimiento más fuerte que la cópula
Compañía más intensa que la soledad,
Conversación más rica que el silencio,
Realidad más extraña que el sueñ,
Verdad del día y de la noche,
Canción que no se detiene, cielo colorado de banderas,
Razón de estar aquí:
Ya ves que ninguna palabra te hace justicia,
Revolución




Literatura .us
Mapa de la biblioteca | Aviso Legal | Quiénes Somos | Contactar