Álvaro Cepeda Samudio
(Barranquilla, Colombia, 1926 - Nueva York, 1972)
Padre: José Dolores Bastos...
Los cuentos de Juana
(Con dibujos de Alejandro Obregón)
(Barranquilla: Aco, 1972, 76 págs.)
Padre: José Dolores Bastos
Madre: Venancia León
Noé León nació en Ocaña en 1907.
Estudió hasta el cuarto de primaria. Vivió
en su pueblo natal hasta la edad de 13
años. Luego se trasladó con sus padres
a El Banco. Más tarde vivió en Gamarra
y Santa Marta. De allí se vino a Barranquilla, en donde vive desde 1930.
Ocupaciones: Fue policía en Santa
Marta, de 1924 a 1930. Policía también
en Barranquilla, durante un año, del 30
al 31.
Desde pequeño le gustó la pintura:
cuando estaba de guardia en sus años
de policía, hacía bosquejos y dibujos
de todo lo que veía. En los años del
cuartel pintaba, con pedazos de carbón,
caricaturas de sus superiores.
Desde 1931 se ha dedicado enteramente
a la pintura, de tal manera que ésta ha
llegado a ser su única ocupación.
Le gusta su trabajo. No cambiaría de
oficio por nada del mundo. Vive humildemente, pero no le importa. La casa de vecindad donde tiene su habitación
–un cuarto de madera en el patio, con
una ventana, una puerta, un radio,
una cama, un toldo y 17 cartones para
pintar– es una especie de comunidad
amable. Cuando a alguien le llega una
visita, de un cuarto prestan los muebles,
de otro un sofá, de otro sale una rubia
rara que brinda café.
A Noé León, cuando pinta, lo rodean
los chiquillos como mariposas sin dientes.
De éstos alguno será pintor.
¿Qué aspiraciones tiene? Ninguna en
particular; lo que traiga su arte al cual
le debe la vida. Su mayor satisfacción ha
sido la sorpresiva visita de Pepe Gómez
Sicre, con sus noticias, que Noé León
no entiende muy bien, de que sus cuadros están en Alemania y que de allí van
quién sabe a dónde.
El patio se llenó, de pronto, de gente
extraña con cámaras fotográficas, grabadoras, luces y unos tipos vestidos con
pantalones estrechos, botas y camisas
negras y amarillas.
La visita de Pepe Gómez Sicre vació
los cuartos de madera. “Noé, tu cuadro
está en los museos de Alemania, aquí
tienes el catálogos: ya eres casi famoso”.
Noé León tomó el catálogo: un libro
grueso lleno de láminas y lleno de
columnas escritas en alemán y dijo:
“Aquí está mi nombre; lo demás no
lo entiendo.” Y después: “Aquí dice
Barranquilla”. Las que lavaban dejaron
de lavar; uno que martillaba un gran
tablero de hojalata para hacer todavía
otro cuarto más en el patio sombreado de matarratones y de cercas de cartón,
dejó de martillar, porque le gritaron:
“Cállate, que están grabando”. Después de un rato, siguió el estrépito
del carpintero: “Están grabando, ¿y
a mí qué carajo me importa?”
De pronto, todos los niños tenían
sus vestidos de domingo. A todos
los retrataron. Y una señora, amplia,
buena, trajo a sus dos nietas y también las retrataron: Dos niñas de ojos
como bateas de lo grandes que eran, y
conversaban: “Cuchi-pá, cuchi-ré cuchi-
cén, cuchi-ló, cuchi-cós”. A Noé León
le gusta el trago. El que sea pintor no
tiene nada que ver con esto. Si fuera
policía le seguiría gustando.
Hoy tiene 61 años. Su esposa tiene
52. Está casado con Rosa Castillo hace
14 años.
La idea de que se hagan exposiciones
con sus cuadros le gusta. Pero no: eso de
ir a Bogotá sí no le llama la atención.
Noé León es de Barranquilla y aquí se
quedará. Que viajen sus cuadros.
En el tropel de la despedida Juana
se quedó de última, a propósito; Noé
León, rodeado de toda la vecindad,
se despedía desde la puerta de zinc. Y
sin que nadie se diera cuenta le dijo
a Juana: tu retrato que te lo pinte
Obregón que es al único que le salen
bonitas las monas.
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