Pablo
Antonio Cuadra
(Nicaragua, 1912-2002)
Pablo Antonio Cuadra
Entrevista con Floriano
Martins
Publicado en la Revista Andrómeda
de San José, Costa Rica, 1989
Iniciaremos nuestra conversación
hablando sobre el Movimiento vanguardista de Nicaragua, del cual fuiste
uno de sus fundadores. ¿Qué circunstancia rodeaba a la Literatura
Nicaragüense al surgimiento de los vanguardistas en 1928 y qué
relaciones existían con otros poetas centroamericanos?
—No sé cuáles son los mecanismos
de la intuición poética que, en ciertos momentos generacionales, imponen
el rechazo de lo anterior. Éramos un grupo muy joven pero nos unió, ante
todo, el oscuro sentimiento -que Hermann Hesse evoca en Demián de que un
mundo terminaba y otro nuevo surgía en violento parto. El Modernismo
estaba agotado y nos sentíamos llamados a fundar algo nuevo y distinto.
No solamente la poesía: ¡Todo nuevo! ¡Nos abrimos a todas las
corrientes vertiginosas del momento! Desde el surrealismo hasta el Dadá.
Pero ese momento de apertura y cosmopolitismo coincidió, en Nicaragua,
con una intervención extranjera, de Estados Unidos, con la protesta
armada de Sandino y, como es natural, con su reflejo en nuestro movimiento
literario que se vio patrióticamente presionado a crear una literatura,
nueva, es cierto, pero defensiva y afirmativa de nuestra identidad
nacional. Por esta peculiaridad de fusionar Cosmopolitismo y Nacionalismo
de nuestra Vanguardia, su mayor similitud es con la SEMANA DE ARTE MODERNO
de Brasil (de los dos Andrades y de "Claxon") y su proclama de
"VOLVER A LAS RAICES" brasileñas. Fuimos más vocingleros y
más unidos que los vanguardistas del resto de Centroamérica, pero nos
relacionamos con los mejores, publicamos sus escritos y canjeamos
publicaciones. Miguel Ángel Asturias, Raúl Leiva, David Vela y César
Brañas de Guatemala; Salarrué, Guerra Trigueros y Hugo Lindo de El
Salvador; García Monge y Eunice Odio de Costa Rica, fueron -entre otros-
los que mantuvieron más estrechas relaciones con nosotros.
—Tu ensayo "Introducción a
la Literatura Nicaragüense" (1980) cierra con una frase: "Una
nueva épica abrió sus puertas " Evidentemente se refería a los
acontecimientos de 1979. Pasados estos años, ¿cómo analizas hoy lo que
en ese entonces se denominó Nueva Época? ¿Qué rumbo tomaría la
literatura nicaragüense a partir de aquello?
—Todo esperábamos que se abriera
una nueva época, pero solamente se cerró la anterior. Parece que las
grandes épocas creadoras no son revolucionarias sino pre-revolucionaria.
Fuimos como un hermoso y caudaloso río que, de pronto, se sumergió en la
frustración o en el exilio. Yo espero que el fracaso obligue a rectificar
y vuelva pronto a aflorar la corriente perdida.
—¿Crees con Octavio Paz que
"historia y realidad social de una época, es una proyección de su
arte y su Literatura"?
—Voy a contarle una experiencia:
Nuestra revolución se pudo hacer porque iba adelante abriéndole camino
una poesía y un canto. Luego la revolución fue desviada alevosamente: de
tales desvíos anti-poéticos está llena la prosa de la historia. Por eso
Hispanoamérica hace su historia dando bandazos entre la Utopía y el
Exilio. Estoy de acuerdo con Paz. "El lenguaje de cada época
histórica -dice Oscar Milosz- adquiere su forma y la determina gracias a
la poesía. Es una misteriosa relación que también Paz señaló al decir
que no existiría Grecia sin Homero, pero tampoco Homero sin Grecia. La
poesía es la fundadora de los arquetipos. En nuestra América es donde la
lucha mítica de la Poesía contra la Historia cuenta con un martirologio
más numeroso.
— ¿Es posible afianzar que en
la línea de los poetas surgidos en tomo al Movimiento Vanguardista,
Martínez Rivas es el que más se destaca actualmente en Nicaragua?
Nicanor Parra, el chileno y Carlos
Martínez Rivas (con más poder poético) son los que abren los nuevos
caminos de la poesía post-nerudiana. Martínez Rivas es un peligroso
nieto de Baudelaire que acomete un poema como un crimen perfecto.
Desgraciadamente su "hobby" es tener al diablo encerrado en una
botella.
—En "Notas Críticas sobre
Poetas Nicaragüenses", te refieres a Joaquín Pasos como un
precursor de la Anti-Poesía de Nicanor Parra. ¿Podrías ampliar un poco
esto?
—Los principales componentes de la
Anti-Poesía (nombre muy siglo XX, pero poco afortunado) los anticipa o
están en germen, diez o quince años antes en la poesía de Joaquín
Pasos: la desacralización del "yo", el uso de la fealdad y de
lo prosaico, la burla seria, etcétera. Lo que se acentúa luego en Parra,
y lo mismo en Martínez Rivas y en Cardenal, es el nivel oscuro kafkiano
de esos elementos como reflejo de la condición desolada, del hombre
después de la guerra y con la amenaza nuclear.
—Una situación que, por
inevitable, se ha repetido siempre: No sólo tu poesía, sino la de todos
los integrantes del Movimiento de Vanguardia consiguió escapar a la
fiebre política, al cáncer de un patriotismo rancio, de un didactismo
sutil e inexpresivo. ¿Fundamentalmente a qué atribuirías tal hecho?
—Creo que el hecho de coincidir la
necesidad de crear una literatura nacional con la irresistible atracción
cosmopolita de las vanguardias: eso nos permitió un equilibrio entre la
tentación de la caverna y la de lontananza. Añadiría otro gran peso en
la balanza: a pesar de nuestros ataques, éramos herederos de Darío, de
su lección antiprovinciana de UNIVERSALIDAD. Y otra importante ayuda: la
ironía, ese alejamiento del poeta del poema que permite el humor. No en
balde nuestra generación tuvo un genial maestro que cantó por todos
nosotros Drummond de Andrade: ¡Carlitos Chaplin!
—¿Por que afirmas que lo
"americano no puede expresar lo indio que lleva dentro de sí a no
ser recurriendo a la aventura lingüística y onírica del
surrealismo"?
—Nuestro pasado occidental, Siglo de
Oro, Media, Roma, Grecia se nos comunica por la escritura. (Grecia nos
habla desde la raíz de nuestras palabras). El indio perdió ese puente.
Tikal (nuestra Atenas maya) es nuestra Atenas muda: no nos habla por
lengua o escritura, sino, como el amor: por silencios. El indio que
llevamos dentro lo llevamos entre-dormido. Se necesita un lenguaje
onírico, un lenguaje cuyas asociaciones y metáforas se salten lo
racional, se salten el puente caído de la lengua y nos comunique con ese
mundo aborigen que está todavía vivo.
—¿En qué sentido afirmas que
Rubén Darío es el único gran renacentista americano?
— No el único sino el último. El
broche de oro. El termina y con él acaba la tradición renacentista con
sus cánones de belleza que identificaban belleza natural y belleza
artística. Pero es también quien coloca una carga de dinamita de
"estética acrática" -de rebelión contra la anquilosis mental,
contra el cliché verbal y el "molde único"-, carga que vuela
al dique y abre las nuevas libertades: las cinco muchachas de "Las
Dernoiselles d'Avignon" de Picasso, Egipto, Grecia, Roma, Asia,
Africa, la Vanguardia es el resultado de esa inundación de estilos y
edades y concepciones de lo Bello. Es la entrada violenta de lo
"moderno".
—Ya se ha dicho que ni poesía
expresa lo que Darío dejó en silencio. ¿Concordás además con tan
acentuada influencia de Darío en tu obra poética?
—Me halaga, pero lo creo exagerado.
El silencio de un poeta es inefable. ¡Mucho más el de Rubén Darío!
Posiblemente los poetas de América que le sucedieron no hemos hecho otra
cosa que escribir lo que soñó y no escribió Darío. Influye en mí como
maestro: lo que trato de aprender de él es su oficio. El antidariísmo
inicial de la vanguardia fue fecundo: nos permitió alejarnos de Rubén
para no imitarlo, pero sin perderlo de vista para poder continuarlo.
—Asentirías con el poeta y
crítico español José María Valverde al apuntar en tu poesía aquello
que él llama "americanismo cristiano"?
—También el americanismo de Vallejo
es profundamente cristiano, a pesar de que se afilió al Partido
Comunista. Luis Alberto Cabrales, mi compañero de vanguardia, lo llama
"marxista transido de Dios" y la caridad de Vallejo tiene
expresiones sólo comparables con las de San Pablo. Pero sí; estoy de
acuerdo con Valverde. Lo cristiano afecta a lo americano suavemente, pero
definitivamente. Le da al hombre amor para la vida y esperanza para la
muerte. Pero sin beligerancia. Cada día más desnudos. La situación de
un cristiano ante un no cristiano es la situación de un mendigo que dice
a otro mendigo dónde encontrar de comer. Un gran poeta católico de
ustedes -Jorge de Lima- decía en un poema que él tenía en sus dos manos
las dos hermanas de Betania: "la que escribe, la que Ser poeta da
derecho a tener la nacionalidad del mundo futuro, cuando cese mi
imaginación y comience la de Dios.trabaja, la que propaga la palabra
(Marta)y la silenciosa que sostiene tu frente fatigada " (María).
—Valverde me concede también esas
dos manos: la americana, que es la que escribe en lucha con la Historia,
la mano de la acción de la palabra contra el tiempo. Y la cristiana, que
es la que sostiene mi frente en la contemplación.
—Ya en 1959 se hablaba de una:
"épica desmitologizada" como gran meta de tu poesía. ¿La
consideras plenamente cumplida? ¿Cantos de Cifar y de la Mar Dulce y
"El tiburón" serían los mejores ejemplos de esta épica
desmitologizada?
— Una de las maneras de abordar el
mito en nuestro tiempo es desmitificándolo. El mundo no puede subsistir
sin mitos, pero cada época crea sus propias atmósferas míticas que se
gastan, como se gastan las palabras y las monedas por el uso. Entonces hay
que desnudar el Mito de sus adherencias históricas: en Cantos de Cifar yo
quería dar con Ulises antes de Homero. El marinero que le mete a su mujer
el cuento de los cerdos. El marinero común y corriente de nuestro Gran
Lago de Nicaragua. ¡Y devolverle a la épica su humildad primera!
"El tiburón" no es fruto del mismo proceso. En mi luna de miel,
bañándome en el Gran Lago con mi esposa, nos atacó un tiburón del que
logramos escapar, pero pude ver sus ojos muy de cerca y me pareció que
había descubierto la mirada del Mal: un odio frío, la insensibilidad que
parece inocencia de tan perversa; el ojo de los torturadores y de los
tiranos. El ojo con que nos mira, con demasiada frecuencia, la Historia.
El Tiburón, por eso, asume en mi poema de Ronda del año, el papel
mítico del Mal en nuestra historia: es el Moby Dick de nuestras aguas
dulces.
—Has dicho que la gran Lucha del
Poeta, la palabra del Poeta, es contra el tiempo. Aquello que Borges
siempre refutó, el tiempo, afirmando que los poemas resistirían más que
las ciudades. ¿Acaso le preocupa el futuro de lo que escribe?
—Me preocupa salir victorioso de
todas las muertes que me asedian como ser mortal. No tanto el futuro de
aquello que escribo sino el futuro de lo que viví o soñé cuando
escribía. Ser poeta da derecho a tener la nacionalidad del mundo futuro,
cuando cese mi imaginación y comience la de Dios. La poesía es la
palabra que quiere alcanzar ese estado de resurrección: no es el lenguaje
original, como otros creen, sino el transfinal. Es el ensayo de lo
inefable.
—¿Podríamos hablar un poco de tus
experiencias editoriales junto al Cuaderno del Taller San Lucas y El Pez y
La Serpiente?
—Son dos tipos de revistas
completamente distintos. El Cuaderno del Taller San Lucas se hizó con un
sentido de comunidad y colaboración, de taller, de "cofradía"
cuando estábamos jóvenes y todavía agrupados y movidos por el impulso
del movimiento de vanguardia. Fue una publicación hecha, se puede decir,
a mano, con humilde sentido artesanal. (Ernesto Cardenal se inspiró en
esta obra o labor para sus talleres del Ministerio de Cultura, pero no es
lo mismo lo espontáneo de un grupo amigo, a lo promovido
burocráticamente por un Estado). La revista El Pez y La Serpiente la
fundé mucho tiempo después para que fuera el órgano de un pujante
producción literaria –como la nicaragüense– pero que sufrió y sufre
de grandes problemas editoriales. Pretendía que fuera una publicación
que alentara esa producción y la diera a conocer en el mundo. Ha sido
como una antología periódica del quehacer artístico y literario de mi
país.br> —¿Cuál es la
situación actual del periódico La Prensa y de su suplemento La Prensa
Literaria?
—La espada de Damocles.
—¿Tendrías algo que agregar
como remate de nuestra conversación?
—En un artículo reciente en
homenaje a Drummond de Andrade, gran poeta, gran amigo escribí: A mis
amigos poetas jóvenes llevo años aconsejándolos: ¡ojo con Brasil! Nos
andamos tal vez consumiendo la curiosidad en lo francés, o inglés, o
ruso, mientras ignoramos la maestría cercana de una gran literatura
paralela a la nuestra y llena de invenciones. Se nos cansarán los ojos y
no encontraríamos fácilmente un par en el mundo para Drummond. (Pero
¿cuántas ediciones de su obra hay en español?). No perder a Europa es
todavía importante, pero cuando en el vecindario nos dan su obra en
Machado de Asís, un Guimaraes Rosa, un Drummond de Andrade, vale la pena
adquirir el pasaje de la lengua portuguesa; ¡¡no es poco el mundo que
pone a nuestro alcance!!
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