Rosario Ferré
(Ponce, Puerto Rico, 28 de septiembre de 1938 - San Juan, 18 de febrero de 2016)


Amalia
Originalmente publicado en la revista Eco, 4 (1982), págs. 146-48;
Papeles de Pandora
(México: Editorial Joaquín Mortiz, 1976, 207 págs.)



“Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del puerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía a todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.”

—Génesis, III. 24.

      Ahora ya estoy aquí, en medio del patio prohibido, saliéndome desde adentro, sabiendo que esto va a ser hasta donde dice sin poder parar, rodeada de golpes de sábana y aletazos abandonados que dan vuelta a mi alrededor, sudando caballos blancos y gaviotas que vomitan sal. Ahora empiezo a acunar entre los brazos esta masa repugnante que eras tú, Amalia, y era también yo, juntas éramos las dos una sola, esperando el día en que nos dejaran encerradas en este patio, en que sabiendo que nos dejarán. Ahora todos se han ido y la casa arde como un hueso blanco y doy un suspiro de alivio porque ya estoy sudando, porque ahora por fin puedo sudar.
       Una de las sirvientas me encontró con los ojos vueltos hacia la sombra de atrás tirada en el suelo del patio como una muñeca de trapo. Y empezó a gritar y aunque yo estaba lejos la oía gritando al lado mío con desesperación hasta que sentí que entre todas me levantaban con mucho cuidado y me llevaron a mi cuarto y me tendieron en la cama y después se fueron todas llorando a buscar a mamá. Ahora el brazo derecho me pesa como un tronco y siento la aguja metida, y aunque tengo los ojos cerrados sé que es la aguja porque ya la he sentido antes y sé que debo tener paciencia y no me puedo mover porque si me muevo es la carne desgarrándose por dentro y el dolor. Oigo detrás de la puerta a las sirvientas gimoteando y más cerca a mamá, doctor, si la niña no hacía ni diez minutos que había salido al patio, se le escapó a las sirvientas que estaban lavando la ropa en la pileta, si para eso están ellas para vigilarla que no salga al sol, tres sirvientas para eso nada más, pero ella es lista como una ladilla y se les escapa todo el tiempo, en cuanto se distraen se escurre como una polilla blanca por la oscuridad, se esconde debajo de las hojas de malanga acechando, velando el patio donde se ponen a secar las sábanas, y cuando ve que no hay nadie sale y se acuesta en el piso ardiendo como una cualquiera, como una desvergonzada, ensuciándose el traje blanco y las medias blancas y los zapatos blancos, con esa carita inocente vuelta hacia arriba y los brazos abiertos, porque quiere saber lo que pasa, dice, quiere saber cómo es. Ya casi no puedo dormir, doctor, es la cuarta vez y la próxima la encontraremos muerta, y lo peor es no saber lo que tiene, saber nada más que no tiene remedio, verle esa piel blancucina y transparente como un bulbo de cebolla encogiéndose y ensortijándose al menor contacto con el calor, ver el agua que le sale por todas partes como si fuera una vejiga y no una niña y la estuvieran exprimiendo. Por las noches sueño que la veo tirada en el suelo del patio toda arrugada y seca, con la cabeza muy grande y el cuerpo chiquitito, con la piel gomosa y violeta pegada sin remedio al semillero duro de los huesos.
       Entonces oigo señora, dígame, entre su familia y la de su marido existe alguna relación, no que yo sepa, doctor, no hay lazos de sangre si eso es lo que usted quiere decir, no quedábamos ni primos lejanos, pero por qué pregunta eso, qué es lo que está pensando, no nada, es que en estos casos de degeneración genética siempre hay detrás algún incesto, son los mismos genes que se superponen unos a otros hasta que se debilitan las paredes y entonces aparece en el hijo una característica de naturaleza distinta, nace con una sola pierna o a lo mejor sin boca, sí, claro, casi siempre se mueren pero en este caso no y eso es lo malo, qué es lo que usted está diciendo doctor, incesto. Pero si mi marido y yo no quedábamos nada, usted está loco, doctor, INCESTO, IN-cesto, in the basket, encestó, señora, el cesto de la basura, el vicio de los pobres, en el diez por ciento de las familias puertorriqueñas se comete incesto, es la urgencia natural del hombre cuando se acuesta la madre con las hijitas en el mismo cuarto, ya usted sabe en la oscuridad no se sabe, winstontastesgood like a cigarette should, pero también es el vicio de los ricos, es el vicio de todo el mundo porque la relación sexual es siempre meternos dentro de nosotros mismos, meter el espejo dentro del espejo, el espejo redondo dentro del útero de nuestra madre por donde asoma la cabeza sangrienta de nuestro hermano, carne de mi carne y sangre de mi sangre que te meto dentro, ¡oh! 'dios creó al hombre a su imagen y semejanza pero el hombre se sintió solo en aquel paraíso tan grande y entonces dios creó a la mujer y se la presentó, ésta se llamará varona porque de varón ha sido tomada y el hombre se sintió consolado porque cada vez que fornicaba con ella le parecía que fornicaba con Dios. It happens in the best of circles, or baskets, perdón.
       Entonces oigo que mi madre da un portazo y sale del cuarto y las sirvientas siguen gimoteando detrás de la puerta y oigo que el médico les da instrucciones minuciosas para mi absoluto reposo y para que traten por todos los medios de impedir que vuelva a salir al sol. Entonces cierra la puerta sin hacer ruido y se va.
       De medio día abajo mi tío entró a verme acompañado de mamá. Tenía puesto el uniforme militar, planchado y almidonado como un arcángel y el águila relumbrándole sobre la visera del gorro. Llevaba una gran caja rosada debajo del brazo y con el otro abrazaba a mamá rodeándole los hombros desnudos. Los veo ahora, juntos al pie de mi cama, deformándose continuamente por las gotas de sudor que me caen de los párpados, las facciones finas, las manos finas, los labios finos, alargándose, acortándose, concavándose, uno en traje de mujer y el otro en traje de hombre, idénticos, alternando animadamente los mismos gestos, cambiando rápidamente de máscaras entre sí, rebotando risaspelotasblancas con precisión mortal, empatados en su pantomima furia, olvidados por completo del mundo. Me hablan pero yo sé que me usan, yo no soy más que una pared que reboto pelotas, juntos al pie de mi cama, mirándome, me usan para jugar-entre sí. Hoy te he traído una sorpresa me dice le dice mi tío, y abrió la caja y sacó con mucho cuidado una preciosa muñeca de novia muy fina, me dice le dice, no es como las de ahora y le dio cuerda a una mariposa que tenías en la espalda y empezaste a mover tu pequeño abanico de nácar al son del cilindro de alfileres que te daba vueltas dentro del pecho. Entonces mi tío se rió como embromándome y un chorro de pelotas blancas rebotaron contra mí. Después que salieron del cuarto te acosté a mi lado y comprendí lo que mi tío había querido decir. Eras, en efecto, una muñeca extraordinaria, pero tenías una particularidad. Estabas hecha de cera.
       Pobre Amalia ahora se te está derritiendo la cara y ya se ve la tela metálica donde reposan tus facciones, tu cara parece el ojo abierto de una mosca gigante. Trato de protegerte con mi cuerpo pero ya no sirve, el sol viene de todas partes, rebota de las paredes y te da puñetazos, de las sábanas cartones blancos, del piso arde. Ahora se te han derretido los párpados y me miras con las bolas de los ojos fijos, como esos peces de lagos subterráneos que no necesitan párpados porque no hay sol y nunca se sabe si están dormidos o despiertos. Ahora se te ha derretido la boca en un vómito de sangre y me da rabia porque pienso que la culpa de todo la tuvieron ellas, las otras muñecas que manipularon a su antojo al muñeco grande, porque estaban limitadas a una sola galería y a una sola baranda y ése era su destino, estar siempre en su sitio cuidando sus mesitas y sus floreros, sus tacitas y sus manteles haciendo juego, recibiendo las visitas de los generales y de los embajadores y de los ministros porque no quisieron y no les dio la gana y no se quisieron conformar. El sudor me cae dentro de los ojos y me arde pero mamá sigue de pie junto a mi cama, sonriéndome, aunque a mi tío, por más que trato, no puedo verlo más que en pedazos, como acabo de verlo ahora mismo cuando me asomé por la ventana del comedor.
       El día que mamá murió le quité a Amalia su traje de novia y la vestí de luto. Como mi padre había muerto hacía mucho tiempo mi tío se vino a vivir a la casa acompañado de Gabriel su chofer. Al poco tiempo de estar en casa mi tío botó a las antiguas sirvientas de mamá y cogió para el trabajo a tres muchachas muy bonitas, la María, la Adela y la Leonor. Las trataba siempre muy bien, nunca como si fueran sirvientas, las mandaba al beauty parlor todo el tiempo, les regalaba perfumes y joyas y le asignó a cada cual una preciosa habitación.
       A pesar de que las muchachas agradecían a mi tío sus atenciones y eran siempre cariñosas con él, era evidente desde que llegaron a la casa que las tres andaban rematadas por Gabriel. Cuando Gabriel se sentaba en la silla de la cocina a cantar, vestido con el uniforme tinta que se confundía con su piel, los ojos le relampagueaban y su voz daba coletazos de muchedumbre. Cantaba todo el tiempo, lamiendo con voz de brea los zócalos y las paredes de losetas blancas de la cocina, derritiéndola sobre el fogón para después revolcarla entre las cenizas antes de enroscársela dentro de la boca otra vez. Siempre con la gorra puesta y ellas todo el tiempo sirviéndole café.
       Entonces empezaba a tocar en la tabla de picar las costillitas y las chuletas una dos y tré como si fuera un tambor de picar las manos rosadas de cerdo y los sesos azules de buey qué paso maschévere hasta que ellas dejaban lo que estaban haciendo y lo seguían porque no les quedaba más remedio que seguirlo, bailando alrededor de la mesa de la cocina, garabateando el compás con el tenedor chiquiquichiqui sacándole las agallas a los peces y enganchándoselas en las orejas enroscándoselas alrededor del cuello quichiquichá como navajas de coral triturando huesos y chupando tuétanos una dos y tré y después baila que te baila y toribio toca la flauta que la conga é. La verdad que a mí también me gustaba seguir el compás con mi zapato blanco escondida detrás de la puerta de la cocina hasta que un día él me atrapó y dándome una voltereta en el aire me agarró por la muñeca y me puso al final de la cola. Desde ese día, cuando Gabriel no tenía que manejar el carro de mi río, todo el día nos la pasábamos jugando.
       Mi tío no había querido casarse nunca y se había dedicado en cuerpo y alma a la carrera militar. Yo había sentido siempre una inexplicable antipatía hacia él y evitaba su compañía. Él, por su parre, trataba de ser amable conmigo. Había dado órdenes a las sirvientas de que ya que el doctor me tenía prohibido salir al patio, me dejasen dentro de la casa en completa libertad. También por aquel tiempo me fue regalando otras muñecas bien alimentadas y mofletudas, a quienes fui bautizando María, Adela y Leonor.
       Poco después de su llegada lo ascendieron a general y empezó entonces la interminable caravana de embajadores y de ministros, coroneles y generales. Yo los miraba pasar jugando con las muñecas, sentada en el piso del comedor como si viese pasar una procesión de tronos y dominaciones, pasillos y escaleras, subiendo y bajando majestuosamente la alfombra roja que llevaba al despacho de mi tío, pasando suavemente la mano por encima de la bola verde que brillaba al comienzo y al final. Yo no comprendía lo que hablaban pero me gustaba escucharlos cuando sus voces se elevaban llenas de inspiración, como esos himnos que se elevan por las noches de los templos pentecostales, jesús se quedó dormido tenemos que ganar jesús se quedó dormido somos los responsables del orden mundial jesús se quedó dormido establecido por mandato divino jesús se quedó dormido y si no se despierta pronto somos responsables de la paz sea con vosotros, de esa paz que conseguimos por medio de la producción en masa de cerebros cloroformocoliflor, de esa paz que repetimos todos los días, con la televisión me acuesto, con la televisión me levanto, coma por televisión, haga el amor por televisión, abra las piernas por televisión y para sin dolor, PROHIBIDOFUMAR PROHIBIDOMARAVILLARSE PROHIBIDOPREGUNTAR PROHIBIDOPENSAR dominus vobiscum et cumspiritutuo, la paz de la televisión sea con vosotros. Jesús se quedó dormido jesús se quedó dormido y si no se despierta pronto María lo matará lo matará lo matará.
       Entonces oigo que dicen de ahora en adelante usaremos todas las armas que la divina providencia en su inmensa sabiduría ha puesto a nuestro alcance. ALCANCES, morteros, cañones, submarinos, cruceros y también el séptimo sello metido en una cajita de deodorante BanBan que una cigüeña lleva volando en el pico mientras venus se queda mirándola desde la tierra preocupada de que no se le vaya a caer y entonces oigo we are shipping M-48 tanks, landing tanks, every fifteen minutes, landing tanks, using nine triple turret eight inch guns, largest in service, destroying guided missiles, helicopters at its shores, every fifteen minutes, fresh fighter bombers, F4 phantoms, A6 intruders A7 corsairs, every fifteen minutes, opening their jaws to vomit death, tititititititi la máquina de teletipo sigue titititititititi sacándome la lengua, enredándola alrededor de las patas de las sillas del comedor y de los tiradores de las gavetas civilians flee as gunners slammed barrage after barrage titititititi llenando el comedor hasta el techo de serpentina blanca.
       Cuando la raíz de la lengua se le quedó atascada en la boca la máquina de teletipo se calló. Entonces todos los ministros, embajadores y generales se levantaron con mucho cuidado para que no se les resquebrajara el almidón de los uniformes y poniéndose la mano derecha sobre el corazón bajaron todos la cabeza y repitieron con profunda devoción hace siete años que lo debimos de haber hecho hace siete años que lo debimos hacer. Yo los escuchaba sin comprender lo que estaban hablando, pero cuando los oía cogía a mis muñecas y las ponía a todas en fila, hagan fila, orden, orden, a-t-t-ention, pero las muñecassoldadosniñosmuertos no me hacían caso se empeñaban en apiñarse a orillas de los caminos ofreciendo sus cerebros abiertos como ramos a los caminantes que no se los querían comprar. Y Amalia vestida de negro caminando por el desierto con la cabeza en la mano todo el tiempo quejándose todo el tiempo protestando porque ya no era como antes una hermosa mujer vestida de blanco que se paraba al pie de la cama y se quedaba tranquila observándonos morir, porque ahora no era más que una muertepiltrafa, muerteañico, muertenafta, muertenapalm, muertelatadesopa tabulada por la máquina registradora a 39 centavos cada una. Entonces me quedaba quieta en medio de la serpentina blanca y empezaba a sudar.
       Desde que empezaron las visitas de las delegaciones se interrumpieron nuestros juegos en la cocina. Al terminar cada reunión mi tío llevaba a sus invitados a la sala donde hacía que la María, la Adela y la Leonor les sirvieran pasta de guayaba con queso y refresco de limón. Después hacía que se sentaran con ellos a darles conversación, como son extranjeros es bueno que nos conozcan mejor que vean que aquí también hay muchachas bonitas que se hacen teasing en el pelo usan pestañas postizas y covergirlmakeup, use Noxema shaving foam, take it off, rake it off, Sexi Boom! executives inri-mate clothing fashion show Sexi Boom! churrasco served en La Coneja, Avenida Ponce de León No. 009 next to Martín Fierro Restaurant y ellos yes how nice, are these girls daughters of the american revolution? All. But much more exotic of course, the flesh and Eire of tropical fiestas, of piña colada and cocorum, let's start screwing together the erector set girls, my daddy wanted me to be an engineer and every year he gave me for christmas a yellow erector set.
       Y la María la Adela y la Leonor a carcajada limpia coreando oh tierra de borinquen donde he nacido yo, reptando como jutías por encima de las butacas y de los sofás, tierra de miss universo la isla de marisol, tomando champán en zapatos de escarcha azul, desfilando desnudas por entre galerías de libros que nadie tiene tiempo de leer, poe-sía, peo-sea, porque se tapó el sifón y la trituradora se atascó y la comida podrida apesta, cuando a sus playas llegó colón, aguantándose la risa dentro de las tripas, exclamó lleno de admiración FO! FO! FO! acariciando a los militares y a los embajadores con manos de mayonesa y uñas de guanábana, abofeteándose las caras con los cinco dedos abiertos para restrellarse la sangre y asegurarse de que no estaban muertas.
       Al principio yo las oía desde lejos y les tenía pena hasta el día en que a mí también me llevaron a la sala y me pararon debajo de la lámpara con la falda blanca muy planchada como si fuera una mariposa de papel. Entonces me levantaron entre todas y me sentaron sobre las rodillas de mi tío y me llenaron las manos de mentas blancas y sonriéndome con ternura me aseguraron que todo aquello lo hacían en mi honor. Desde entonces cada vez que oía a alguien tocando suavemente a la puerta de atrás yo misma corría a abrir y ante el asombro de los hombres que se quedaban mirándome desde la penumbra del umbral yo sacudía enérgicamente la cabeza para que no los engañaran mis rizos y mi gran lazo blanco y los cogía tiernamente de la mano y los hacía entrar y caminando en puntillas atravesábamos sigilosamente los pasillos oscuros hasta donde yo sabía que se estaban divirtiendo tanto la María la Adela y la Leonor.
       Durante aquellas tardes en que Gabriel y yo nos encontrábamos encerrados en la casa, abandonados a nuestra propia soledad, nos pasábamos todo el tiempo jugando a las muñecas. Habíamos convertido en casa de muñecas el antiguo ceibó del comedor porque nos agradaban las largas galerías de balaustres donde antes se recostaban las caras vacías de los platos. Sacamos a las muñecas de sus cajas y le asignamos a cada una un piso. Entonces establecimos una ley, en ese piso que le pertenecía cada habitante podía hacer y deshacer a su antojo pero no podía bajo pena de muerte visitar a los demás. Así jugamos tranquilos todas las tardes hasta el día en que a Gabriel le volvieron a entrar ganas de cantar.
       Ese día Gabriel se atrevió a coger a Amalia entre los brazos y yo que no quiero forcejeando para quitársela Amalia es mía no la toques pero no había suéltala forma él era mucho más fuerte que yo suéltala te digo y la comenzó a acunar cantándole condenado muy pasito y que estás acunándola haciendo hasta que Amalia ayayay comenzó a enloquecer rompiendo todas las leyes ayayay subiendo y bajando por todas las galerías al principio jugando Amalia abriendo y cerrando tus faldas negras por entre los balaustres ayayay riendo Amalia por primera vez riendo con dientes de guayo chiquiquichiqui machacando ajos con los talones blandos en el hoyo hediondo del pilón PUM-pum-pum-pum, PUM-pum-pum-pum ay mamita qué fuerte huele la carnecita de ajo y después huyendo Amalia chillando como una loca como una verdadera furia corriendo y resbalándote, levantándote y volviendo a correr una y otra vez sin importarte ya el precio que sabías que tendrías que pagar. En las tardes que se sucedieron Gabriel y yo seguimos jugando a las muñecas, pero desde ese día nuestros juegos fueron diferentes. Amalia subía y bajaba por todas las galerías en completa libertad.
       Todo hubiese seguido igual y así hubiésemos seguido siendo, a nuestra manera, felices, si no es por culpa tuya Amalia, porque se me metió en la cabeza que tú eras infeliz. Mi tío había insistido en que cuando yo cumpliera doce años hiciera la primera comunión. Unos días antes me preguntó lo que quería de regalo y yo sólo pensé en ti, Amalia, en los años que llevabas de luto y en las ansias que tendrías de vestirte de novia otra vez. Después de todo para eso te habían hecho, para eso tenías un sitio blando en la mollera donde se te podía enterrar sin temor un largo alfiler de acero que te fijara en su sitio el velo y la corona de azahares. Pero las otras muñecas te tenían envidia, gozaban viéndote esclavizada, siempre subiendo y bajando las galerías María cuánto has hecho hoy, que mi tío necesita dinero, y tú Adela acuérdate que me debes un lazo blanco y un par de medias, Leonor como te sigas haciendo la enferma te van a botar de aquí tú que ya tienes el pelo pajizo y la cara plástica resquebrajada, así consecutivamente, visitando las galerías dos y tres veces al día con el bolsillo oculto de la falda negra hecho una pelota de dinero de papel.
       Yo quisiera un novio para Amalia dije y él me miró sonriendo como si hubiese esperado esa contestación. Esta mañana me entregó la caja de regalo antes de salir para la iglesia. Ya yo tenía los guantes puestos y la vela en la mano pero no pude esperar a estar de vuelta. Abrí la caja en seguida y cuando levanté la tapa se me paralizó el corazón. Adentro había un gran muñeco rubio vestido de impecable uniforme militar, reluciente de galones y de águilas. Cogí mi vela, mi misal y mi bolsa con la hostia pintada encima y debajo del velo que cubría mi cara logré disimular mi terror. Salimos a la calle y mi tío abrió inmediatamente sobre mí su paraguas negro. La iglesia quedaba cerca y fuimos en pequeña procesión, primero mi tío y yo, después Gabriel, después la María la Adela y la Leonor. La caja se había quedado abierta sobre la mesa, a merced de las habitantas del ceibó.
       Cuando regresamos a la casa nos quedamos paseando por el patio, mi tío insistió en que me sentara a su lado en un banco y se quedó mirándome un rato sin pronunciar una sola palabra. Todavía sostenía el paraguas negro abierto sobre mi cabeza y había ordenado a los demás que subieran a la casa para que más tarde nos sirvieran allí la merienda de celebración. Los oídos me zumbaban cuando comenzó a hablarme y me dí cuenta entonces de que lo que me estaba diciendo me lo sabía de memoria, que desde un principio lo había esperado. Me había rodeado los hombros con un brazo y seguía hablando y yo no oía ninguna de sus palabras pero entendía perfectamente lo que me estaba diciendo y entonces supe exactamente cómo se tenía que haber sentido mamá. Pero a pesar de sus palabras él veía cómo yo mantenía la cabeza agachada y no me daba la gana de mirarlo y esto lo fue enfureciendo poco a poco porque mamá siempre lo miraba recto, aunque fuera, lo supe entonces, para desafiarlo, y yo no me daba la gana de mirarlo porque él no era más que un cobarde todo cubierto de aquellas águilas ridículas y no merecía siquiera que lo desafiaran porque un fantoche no se desafía porque un fantoche no vale la pena ni desafiarlo sino que se deja tirado en un rincón hasta que la polilla lo devora o le arranca la cabeza algún ratón. Entonces puso el paraguas abierto sobre el piso y dejó que el sol me acribillara por todos lados y puso su mano sobre mi pequeña teta izquierda. Yo me quedé inmóvil y por fin lo miré con todo el odio de que fui capaz. Y empecé a gritar a mí no me interesa tu paraíso de manjares y de champanes edificado para los embajadores y militares que vienen de visita, los embajadores porto rico is our home, porto rico chicken soup, chicken wire, chicken egg, porto rico chicken, ours, oh yes, a mí no me interesa tu paraíso dioressence bath perfume, paraíso tiempo piaget donde el amor es una bola gigante de lady richmond ice cream, porque las hojas se están cayendo de los árboles y el cielo chorrea cianuro y nitroglicerina por todas partes y -los pájaros y las bestias huyen espantadas porque saben que el paraíso está perdido para siempre. Entonces él retiró la mano de mi pecho porque vio que sobre la tela blanca que estaba apretando había aparecido una enorme mancha de sudor.
       Pero lo que sucedió después sí que no me lo esperaba, Amalita, debe haber sido obra de las habitantas o a lo mejor fuiste tú, sí, ahora se me ocurre que lo más seguro fuiste tú, porque desde que Gabriel te cantó te pusiste atrevida y desvergonzada, desde entonces fuiste libre, sabías lo que querías y nada que tú quisieras se te hubiese podido impedir. Las habitantas estaban regordetas y conformes asomadas a sus galerías, eran después de todo sólo muñecas plásticas de esas hechas en serie, made in taiwan, con el orín aguado y las vocecitas de batería y el pelo plateado de nilón. Tú trataste lo más que pudiste de hacer que se rebelaran, echándoles en cara dos y tres veces al día su condición despreciable, su complaciente manumisión, 25 dollars a fuck rodeadas de bañeras de porcelana rosa y lavamanos en forma de tulipán en todos los colores y los clósets llenos de pelucas y de ropa y de vajillas de porcelana que se levantaban en medio de la noche a acariciar. Y no te dabas cuenta de que todo era inútil, de que tú no eras más que una muñeca de cera, un anacronismo endeble cuya excelencia artística no tenía empleo práctico alguno en el mundo de hoy, de que los dientes de tu caja de música estaban enmohecidos después de tanto tiempo y de que estallarían por todas partes como un pequeño concierto chino en cuanto te dieran cuerda y trataras de incitar la rebelión. Y sin embargo a lo mejor todo esto también lo sabías y por eso hiciste lo que hiciste a propósito y con toda premeditación. Sacaste el muñeco militar de su caja, le arrancaste las insignias y las águilas y también el uniforme blanco y después lo pintaste de arriba abajo con la pintura más negra que encontraste; con brea azul, le teñiste el pelo con jugo de hicacos negros, le ardiste la piel con cobalto y se la teñiste de añil. Entonces lo vestiste con un uniforme muy sencillo, casi de mecánico, y le pusisteespacharradas la María la Adela y la Leonor subieron a servir la merienda re encontraron metida en la caja con él, abrazados.
       Entonces oímos explotar dentro de la casa el griterío de risas y mi tío subió de un salto las escaleras y entró al comedor. Yo me quedé quieta, sentada en el banco, mirando cómo las manchas de sudor se iban esparciendo por, todo mi traje de manera que casi no me di cuenta cuando a los pocos segundos regresó trayéndote en vilo, sacudiéndote violentamente con las dos manos, esto es obra tuya chiquilla del demonio, te parecerás a tu madre con esa carita inocente pero en el fondo no eres más que una pura, te lo he dado todo y tú no sólo no me lo agradeces sino que me faltas el respeto, so pila de mierda descarada Mete con tru negro ahí tienes a tu pendeja muñeca y ahora quédense las dos ahí para que sepan lo que es bueno. Entonces te arrojó en mi falda y cerró la puerta de un portazo y volvió a entrar.
       Un rato después empecé a oír unos ruidos extraños que venían de la casa, una dos y tré, quichí, que pase manché, quiché. Poco a poco me fui acercando al comedor hasta que haciendo un esfuerzo me pude asomar por el borde de la ventana. Gabriel iba delante, rebanando el tronco, los brazos, las manos, con golpes de acetileno, maceteando jarrones de flores y garrafas de vino, explotándolas de un solo golpe, garrapatas abastecidas, cabezas de mártires, muebles destripados, arañas espacharradas contra los espejos de baccarat, platos y vasos y fuentes de plata como proyectiles volando, piedras, puños, rodillas y codos volando, cantos de vidrio y no de palabras volando, plastas de mierda y no de palabras volando, todo estallaba a su alrededor como los fragmentos de una estrella en formación. Y detrás iban ellas, rebeladas, enfurecidas, poseídas de su espíritu por fin, bailando y pariendo a la vez, pariendo gritos y gatos y uñas mientras le pegaban fuego a los tapices y a las cortinas le han sacado los ojos y los echaron en un vaso revolviendo los cuchillos dentro de la guata le cortaron las manos y se las sirvieron en un plato quebrando la cadera y volviéndola a meter le han abierto la boca y le han metido algo rosado y largo en ella que no comprendo cada vez más profundo cuando gritan E. Mi cara me mira tranquila en el cristal de la ventana, enrojecida por la luz de las llamas. Entonces el cristal se astilla y mi cara se astilla y el humo me ahoga y el fuego me roe y veo a Gabriel delante de mí cerrándome la entrada con la espada.
       Cuando el fuego se fue apagando me quedé mirando cómo el sol rebotaba de las paredes. Lentamente caminé hasta el centro del patio. Entonces me senté en el suelo y cogí a Amalia entre los brazos y la comencé a acunar. Te acuné mucho rato, tratando de protegerte con mi cuerpo mientras te ibas derritiendo. Después te acosté a mi lado y poco a poco fui abriendo los brazos sobre el cemento que late y estiré con mucho cuidado las piernas para que no se me ensuciara la falda blanca y las medias blancas y los zapatos blancos y ahora vuelvo la cara hacia arriba y me sonrío porque ahora voy a saber lo que pasa, ahora sí que voy a saber cómo es.



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