Rosario Ferré
(Ponce, Puerto Rico, 28 de septiembre de 1938 - San Juan, 18 de febrero de 2016)


La Bella Durmiente
Papeles de Pandora
(México: Editorial Joaquín Mortiz, 1976, 207 págs.)



Mayo 21 de 1973

Estimado Don Felisberto:
       Se sorprenderá al recibir mi carta. Aunque no lo conozco personalmente lo único decente que puedo hacer al ver lo que le estó sucediendo es prevenirlo. A la verdad parece que su señora no aprecia lo que usted vale, un hombre bueno y guapo, y para colmo, inmensamente rico. Es para hacer feliz a la más exigente.
       Desde hace algunas semanas la veo pasar todos los días a la misma hora por enfrente de la vitrina del beauty parlor donde trabajo, entrar a uno de los ascensores de servicio y subir al hotel. Usted no podra adivinar quién soy ni dónde trabajo porque esta ciudad está llena de hoteles de mala muerte con beauty parlors en el piso bajo. Lleva unas gafas de sol puestas y se cubre la cabeza con un pañuelo estilo campesino, pero aún así la he podido reconocer fácilmente por los retratos de ella que han salido en la prensa. Es que yo siempre la he admirado porque me parece divino eso de ser bailarina y a la vez señora de un magnate financiero. He dicho “he admirado” porque ahora no estoy tan segura de seguirla admirando. Eso de subir en ascensores de servicio a habitaciones de hotel, disfrazada de sirvienta, me parece muy feo. Si usted todavía la quiere, le aconsejo que haga algo por averiguar qué es lo que se trae entre mano. No creo que ella se atreva a hacer algo así, tan descaradamente. Seguro se estó corriendo el riesgo de manchar su reputaci6n sin necesidad. Usted sabe que la reputación de la mujer es como el cristal, de nada se empaña. A una no le es suficiente ser decente, tiene ante todo que parentarlo.
             Quedo, sinceramente,

su amiga y admiradora


       Dobla la carta, la mete en el sobre, escribe la dirección con el mismo lápiz con que escribió la carta, usando con dificultad la mana izquierda. Se levanta del piso, estira todo el cuerpo parándose sobre las puntas de las zapatillas. El jersey negro del leotard se estira y se le transparenta la forma de los pechos y de los muslos. Camina hasta la barra y comienza enérgicamente los ejercicios del día.

Mayo 29 de 1973

Estimado Don Felisberto:
       Si recibió mi carta anterior no lo puedo saber, pero si así fue parece que no la tomó en serio, pues su señora ha seguido viniendo al hotel todos los días a la misma hora. ¿Qué pasa, no la quiere? ¿Para qué se casó con ella entonces? Siendo usted su marido, su deber es acompañarla y protegerla, hacerla sentir colmada en la vida, de modo que ella no tenga necesidad de buscar otros hombres. A usted por lo visto lo mismo le da, y ella anda por ahí como una perra realenga. La última vez que vino la seguí hasta verla entrar a la habitación. Ahora voy a cumplir con mi deber y voy a darle el numero, (7B), y el nombre del hotel, Hotel Alisios. Ella está allí todos los días de 4:00 a 5:30 de la tarde. Cuando reciba esta ya no podrá encontrarme. No se moleste en investigar, hoy mismo presenté mi renuncia en el trabajo y no voy a regresar jamás.
             Quedo, sinceramente,

su amiga y admiradora


      Dobla la carta, la mete en el sobre, escribe la dirección y la pone encima del piano. Coge una tiza y va pintando de blanco con mucho cuidado toda la superficie de las puntas de sus zapatillas. Luego se para frente al espejo, empuña la barra con la mano izquierda y comienza los ejercicios del día.

I. Coppelia

(Reseña Social
Periódico Mundo Nuevo
6 de abril de 1971)

     El ballet Coppelia, del famoso compositor frances Leo Delibes, fue maravillosamente representado el domingo pasado por nuestro cuerpo de ballet Anna Pavlova. Para todos los Beautiful People presentes esa noche en el teatro (y verdaderamente eran demasiados crème de la créme para mencionarlos a todos), que les gusta la buena calidad en el arte, la soirée fue prueba de que la vida cultural de los BP’s está alcanzando altas proporciones. (Aun pagando a $100.00 el boleto no había un asiento vacío en toda la platea). El ballet, cuyo papel principal fue ejecutado admirablemente por nuestra querida María de los Angeles Fernández, hija de nuestro honorable alcalde Don Fabiano Fernóndez, fue celebrado en beneficio de las muchas causas caritativas de CARE. Elizabeth, esposa de Don Fabiano, lucía una exquisita creación de Fernando Pena, en amarillo sol, toda cubierta de pequeñas plumas, la cual hacía un bello contraste con su pelo oscuro. Allí pudimos ver a Robert Martínez y su Mary (acabados de llegar de esquiar en Suiza), a George Ramírez y su Martha (Martha también en un bello original de Pena, me encanta su nuevo aspecto, y esas plumas de aigrette gris perla!) encantados con las bellas decoraciones del teatro y los lindos corsages donados por Jardines Versalles, a Jorge Rubinstein y su Chiqui (ustedes me creerían si les dijera que su hijo duerme actualmente en una cama hecha de un verdadero carro de carreras? Esta es una de las muchas cosas interesantes en la bella mansión de los Rubinstein), al elegante Johnny Paris y su Florence, vestida de plumas de quetzal jade en un original de Mojena inspirado en el huipil azteca (para este espectaculo los BP’s parece que se pusieron de acuerdo y todo fue plumas, plumas, plumas!). Y como artista invitada, la ‘grande surprise’ de la noche, nada menos que Liza Minelli, quien se enamoró de un prendedor de brillantes en forma de signo de interrogación que le vio a Elizabeth, y como no pudo resistirlo se mandó a hacer uno idéntico, el cual luce todas las noches en su show, aunque no sobre su pecho sino colgado de una oreja como pendiente.
     Pero regresemos al ballet Coppella.
     Swanhilda es la joven aldeana, hija del burgomaestro, y está enamorada de Frantz. Frantz, sin embargo, parece no hacerle caso, todos los días sale a la plaza del pueblo a pasearle la calle a una muchacha que lee, sentada en un balcón. Swanhilda se siente devorada por los celos, y entra una noche en casa del Doctor Coppellus cuando éste no está. Descubre que Coppella es sólo una muneña de porcelana. Pone entonces malignamente el cuerpo de Coppella sobre una mesa. Coge un pequeno martillo de clavar coyunturas y va martillando uno por uno todos sus miembros hasta dejar sobre la mesa un montón de polvo que emana en la oscuridad un extraño resplandor. Se pone el vestido de Coppella y se esconde en la caja de la muñeca, rigorizando los brazos y mirando fijamente al frente. El momento cumbre del ballet fue el genial vals de esta muñeca. Poco a poco María de los Angeles fue doblando los brazos, girando los codos totalmente como si tuviese tornillos en las coyunturas. Luego las piernas envaradas subían y bajaban deteniéndose un segundo antes del próximo movimiento, acelerando sus gestos hasta llegar al desquicio de todas sus bisagras. Comenzó a girar vertiginosamente por la habitación, decapitando muñecos, reventando relojes, haciendo todo el tiempo un ruido espantoso con la boca, talmente como si en la espalda se le hubiese reventado un resorte poniéndola fuera de control. Tanto el bailarín que ejecutaba el papelo del Doctor Coppelius, como el que ejecutaba el papel de Frantz, se pusieron de pie y se quedaron mirando a Coppelia con la boca abierta. Al parecer aquello era improvisación de María de los Angeles, y no estaba para nada de acuerdo con su papel. Finalmente hizo un jete monumental, que dejó sin respiración a los espectadores, salvando la distancia del foso de la orquesta para caer en la avenida central de la platea, y seguir bailando por la alfombra roja hasta llegar al final, donde luego de hacer una última pirueta, abrió las puertas de par en par y desapareció como un asterisco calle abajo.
     Nos pareció genial esta nueva interpretación del ballet, a pesar de la reación de desconcierto del resto de la troupe.
     El aplauso de los BP’s fue merecidamente apoteótico.


bajando las escaleras relampagueando los pies casi sin tocar el piso los pies de felpa rozando el piso sin peso una losa amarilla y una gris en punta de diamante saltando de gris en gris se llamaba Carmen Merengue papá la quiso de veras saltando de raya en raya las losas de cemento resquebrajado relampagueando los pies bailar es lo que más me gusta en la vida sólo bailar cuando fue amante de papá era más o menos de mi edad la recuerdo muy bien Carmen Merengue la volatinera volando de un trapecio a otro bailando la navaja voladora la navaja volvedora el boomerang la cometa china el meteoro el pelo rojo estallándole alrededor de la cabeza impulsándola como un bólido por el abismo colgando por los dientes al final de una cuerda de plata girando vertiginosamente hasta desaparecer bailando como si nada le importara si vivía o moría sólo bailar clavada por los reflectores al techo de la carpa como una avispa brillante retorciéndose en la distancia ajena a los huecos de las bocas abiertas a sus pies a los ojos como bulbos sembrados a sus pies a la respiracion sofocada de los espectadores removiendo culos hormigueros sobre las sillas porque aquello no debía ser aquello no podía ser permitido por las autoridades nadie podía desafiar la muerte con aquella soberbia la vida hay que vivirla como todo el mundo caminando por el suelo empujando paso a paso una bola de temor con las puntas de los pies pero Carmen Merengue no escuchaba ella bailaba sin malla só le importaba bailar cuando se acababa la feria le gustaba ir por todos los bares de la ciudad colgando la cuerda de bar en bar los señores ricos bailando a su alrededor le ponían un dedo en la cabeza y Carmen Merengue daba la vuelta yo iba para Ponce pasP por Humacao los señores caderones moviéndose decían que estaba loca todos se aprovechaban de el jarro está pichao el pie derecho completamente horizontal poniendo un pie frente a otro pie el cuerpo tenso tendido en un arco el brazo hacia arriba tratando de alcanzar los segundos que se me escapan siempre más allá de las puntas de los dedos concentrando toda la tensión en la punta de seda que sostiene mi

9 de abril de 1971
Colegio del Sagrado Corazón

Estimado Don Feabiano:
      Le escribo estas líneas a nombre de nuestra comunidad de religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Nuestra conciencia y gran amor a su hija, alumna modelo de esta academia desde kindergarten, nos obliga hoy a escribirle. No podemos pasar por alto la ayuda generosa que le ha brindado siempre a nuestra institución, y su preocupación por nuestras facilidades higiénicas, haciendo posible la instalación reciente de un tanque de agua caliente que suple tanto el internado como las celdas de clausura.
       Por las fotos de la crónica social que salió en la prensa de esta semana, nos hemos enterado del desgraciado espectáculo de su hija bailando en un teatro vestida con un vestido impúdico. Estamos conscientes de que en el mundo del vaudeville estos espectáculos no tienen nada de particular. Pero, señor Fernández, ¿está usted dispuesto a que su única hija ingrese a ese mundo lleno de peligros para el alma y para el cuerpo? ¿De qué le valdrá ganar el mundo si pierde su alma? Además, tanta pierna al aire, tanto movimiento lascivo, el escote de la espalda hasta la cintura y la entrepierna abierta, Sagrado Corazón de Jesús, ¿a dónde vamos a llegar? No puedo negarle que en su hija habíamos cifrado nuestras esperanzas de que algún día recibiera el premio más alto de nuestro colegio, el Primer Medallón. Quizás no esté enterado de lo que este premio significa. Es un relicario de oro rodeado de pequeños rayos. En su interior lleva pintado el rostro de nuestro Divino Esposo, cubierto por un viril. En la tapa opuesta están inscritos los nombres de todas las alumnas que han recibido el primer Medallón. Muchas han sentido la llamada de la vocación, de hecho la mayor parte ha ingresado a nuestro claustro. Puede ahora suponer nuestra desolación al abrir el diario y encontrarnos con las fotos de María de los Angeles en primera plana.
       Ya el daño está hecho y la reputación de su hija no será jamás la misma. Pero al menos podría prohibirle que siguiera por ese camino. Sólo así podremos consentir en excusar su comportamiento reciente, y permitir que siga asistiendo a nuestra Academia. Le rogamos perdone esta tristísima carta, que hubiésemos deseado no haber escrito jamás.
             Suya cordialmente en N. S. J.

Reverenda Madre Martínez



relampagueando los pies casi sin tocar el piso el pavimento agrietado por el sol saltando de losa en losa para no pisar las cruces porque da mala suerte Felisberto es mi novio dice que se quiere casar conmigo Carmen Merengue no se casaría diría que no con la cabeza moviendo de lado a lado la cara de yeso enmarcada de rizos postizos dejó que la feria se fuera sin ella se quedó en el cuartito que papá le había alquilado él no quería que ella siguiera siendo volatinera quería que fuese una señora le prohibió que visitara los bares trató de enseñarla a ser señora pero ella se encerraba practicaba todo el tiempo ciega a todo lo sórdido que la rodeaba el catre desvencijado la palangana descascarada colocando una zapatilla frente a otra levantando un poco una pierna y después la otra dibujando círculos en el aire como si tocara la superficie de un estanque con la punta del pie pero un día la feria volvió a pasar, por el pueblo ella escuchó de lejos la música le revolvió el pelo rojo a Carmen Merengue sentada en el catre tapándose los oídos para no oír pero no podía algo la halaba por las rodillas los tobillos las puntas de las zapatillas una corriente irresistible se la llevaba la música le atravesaba las palmas de las manos le explotaba los oídos espuelas de gallo hasta que tuvo que levantarse hasta que tuvo que mirarse en el pedazo de espejo roto colgado en la pared y reconocer que eso era lo que ella era una volatinera de feria la cara enmarcada de rizos postizos las pestañas medio despegadas por el sudor los cachetes gordos de pancake las tetas falsas de goma rebotándole dentro del traje y ese mismo día decidió regresar


14 de abril de 1971

Estimada Reverenda Madre:
       Recibimos mi esposa Elizabeth y yo su carta, que nos ha hecho meditar a fondo. Hemos decidido de mutuo acuerdo sacar a María de los Angeles de la academia de ballet y prohibirle el baile. El asunto había tomado últimamente visos desorbitados y ya nosotros habíamos discutido la posibilidad de prohibírselo. Nuestra hija es, como usted ha notado, una niña de mucha sensibilidad artística; aunque también de una gran piedad. Muchas veces al entrar a su cuarto, la hemos encontrado arrodillada en el suelo, con la misma expresión de ausencia, de extraña felicidad, que le transforma el rostro cuando está bailando. Pero nuestro verdadero deseo es, Madre, el día de mañana ver a María de los Angeles, ni bailarina ni religiosa, rodeada de hijos que la consuelen en su vejez. Por esto le rogamos que, de la misma manera que nosotros hemos tomado la decisión de sacarla del ballet, tomen ustedes la decisión de no fomentarle la piedad en demasía.
       María de los Angeles heredará a nuestra muerte una cuantiosa fortuna, siendo hija única. Nos preocupa mucho que nuestra niña, criada como la nata sobre la leche, caiga el día de mañana en manos de un buscón desalmado que pretenda echarle mano a nuestro dinero. Las fortunas hay que protegerlas hasta después de la muerte, Madre, usted lo sabe, pues tiene bajo su cuidado tantos bienes de la Santa Iglesia. Usted y yo sabemos que el dinero es redondo y corre, y yo no estoy dispuesto a dejar que cualquier pelagatos venga a malbaratarme el mío, que tanto trabajo me costó hacer.
       Nuestra desgracia está en haber tenido una hija y no un hijo, que hubiese sabido atender nuestro capital y nuestro nombre. Porque el que pierde su capital en esta sociedad pierde también el nombre, Madre. Al que está abajo todo el mundo lo patea, eso usted también lo sabe. Las niñas son siempre un consuelo y una mujer educada, de intelecto pulido, es la joya más preciosa que un hombre puede guardar en su hogar, pero no puedo conformarme al ver nuestro futuro tan incierto. Todo depende de que María de los Angeles se case con un hombre bueno, que no la venga a estasajar. Solamente entonces, cuando la vea casada, protegida en el seno de ese hogar como lo fue en el nuestro, junto a un marido que sepa conservar y multiplicar su herencia, me sentiré tranquilo.
       Como usted comprenderá, el que María de los Angeles decidiese unirse a vuestra orden sería para nosotros inaceptable. Le aseguro que, por más que nuestra devoción sea profunda y nuestro aprecio hacia usted sea sincero, no podríamos evitar el resentimiento y la sospecha, ya que el ingreso de una fortuna como la de ella al convento no sería pecata minuta.
       Le ruego me perdone, Madre. Comprendo que he sido brutalmente sincero con usted, pero también es cierto que cuentas claras conservan amistades. Usted puede estar segura de que, mientras yo viva, al convento no ha de faltarle nada. Mi preocupación por la obra de Dios es genuina, y ustedes son sus obreras sagradas. Si Elizabeth y yo hubiésemos tenido un hijo además de una hija, le aseguro que no habría encontrado en nosotros oposición alguna, sino que nuestro deseo más ardiente hubiese sido que ella se uniese a ustedes en esa labor santa, de redimir al mundo de tanta iniquidad.
             Reciba un saludo cordial de su amigo que la admira,

Fabiano Fernández



Abril 17 de 1971
Colegio del Sagrado Corazón

Apreciado señor Fernández:
       Recibimos su atenta cartita y juzgamos sabia su decisión de sacar a María de los Angeles del nocivo ambiente del ballet. Estamos seguras de que con el tiempo ella olvidará todo este episodio, que recordará como una pesadilla. En cuanto a su súplica lo de que desanimemos su piedad, señor Fernández, a pesar de ser usted el benefactor principal del Colegio, y con todo el respeto debido, usted sabe que no podemos complacerlo. La vocación es siempre un don de Dios y nosotras no nos atreveríamos jamás a intervenir en su cumplimiento. Como dice Nuestro Señor en la parábola de los obreros enviados a la viña, muchos serán los llamados y pocos los escogidos. Si María de los Angeles se siente escogida por nuestro Divino Esposo, hay que dejarla en libertad para que responda a su llamado. Comprendo que los quehaceres de este mundo lo atribulen. Ver a su hija entrar a nuestra comunidad sería quizá para usted un desgarramiento del corazón. Pero ya verá señor Fernández, ya verá, con el tiempo la herida se irá cerrando. Hay que recordar que Dios sólo nos tiene aquí prestados, en este valle de lágrimas no estamos más que de paso. Si llegara algún día a pensar que ha perdido a su hija para el mundo de los hombres, la habrá ganado para el de los ángeles. Me parece que, por el nombre con que la bautizaron, la Providencia Divina ha estado de nuestro lado desde que esta niña nació.
             Respetuosamente suya en N. S. J.

Reverenda Madre Martínez



Abril 27 de 1971

Estimada Reverenda Madre:
       No puede imaginarse lo que estamos sufriendo. El mismo día que le hicimos saber a María de los Angeles nuestra decisión, cuando supo que le prohibíamos para siempre volver a bailar, cayó gravemente enferma. Hemos traído a los mejores especialistas a examinarla, sin ningún resultado. No quiero abrumarla a usted con nuestra terrible congoja. Le escribo estas lineas porque sé que usted es su amiga y la aprecia de veras. Le ruego que rece por ella para que Dios nos la devuelva sana y salva. Lleva durmiendo diez días y diez noches con suero puesto, sin haber recobrado una sola vez el conocimiento.
             Su amigo,

Fabiano Fernández



II. La Bella Durmiente

era el día de su cumpleaños y estaba sola sus padres habían salido a dar un paseo por el bosque en sus alazanes se le ocurrió recorrer todo el castillo lo que nunca le había sido permitido porque había una prohibición que la hacía sufrir mucho pero que ahora mismo no podía recordar entonces fue recorriendo todos los pasillos en paso de bouret chiquitito despacito las puntas de las zapatillas juntitas subiendo ahora por la escalera de caracol juntitos chiquititos hormigueando por la oscuridad no podía ver nada pero sentía que algo la estaba atrayendo las zapatillas cada vez más imperiosas como las de Moira Shearer punteando pellizcando el piso con las puntas como si de allí fuese a salir una nota musical golpeándolo con sus pies clavijas tratando de dar la nota que la haría recordar qué era lo que estaba prohibido pero no podía adelgazando las piernas disciplinándose sin descanso abriendo puertas y más puertas mientras subía por el túnel de la torre hacía días que estaba subiendo y no llegaba nunca a la salida estaba tan cansada de bailar pero no podía dejar de hacerlo las zapatillas la obligaban entonces la puertecita de telarañas al final del pasillo la manija en su mano girando la viejecita hilando la rueca girando el copo girando el huso girando sobre la palma de su mano el dedo pinchado la gota de sangre ya está sintió que se caía al suelo ¡PLAFF! y que todo se iba durmiendo desvaneciendo derritiendo a su alrededor los caballos en las cuadras las bridas en las manos de los palafreneros los centinelas con sus lanzas recostados de las puertas del palacio los cocineros los asadores las perdices los faisanes el fuego dormido en la boca del fogón el tiempo cosido con telarañas al ojo del reloj todo se fue recostando a su alrededor hasta que el palacio entero quedó sumido en un profundo silencio durmió tanto tiempo que los huesos se le fueron poniendo finos como agujas se le colaban sueltos por el cuerpo perforaban su carne por todas partes hasta que un día oyó a lo lejos un ¡TATiii TATiii TATiii! lo reconoció era Felisberto que se acercaba trató de levantarse pero el lamé drapeado alrededor de su cuerpo la oprimía es lamé de oro puro con ese peso encima no se puede bailar ¡BAILAR! ¡eso era lo que estaba prohibido! Felisberto acerca su rostro al mío me besa en la mejilla ¿eres tú, príncipe soñado? ¡cuánto me has hecho esperar! de la mejilla me empieza a emanar un calorcillo redondo le empieza a emanar de la mejilla que se me esparce por todo el cuerpo quítenle esos trapos de encima que la están sofocando que me están sofocando despiértate mi amor ahora vas a poder bailar todo lo que tú quieras porque han pasado cien años y ya se han muerto tus padres ya se han muerto las reseñadoras sociales las damas de sociedad las monjas del colegio ahora vas a poder bailar para siempre porque te vas a casar conmigo te voy a llevar lejos de aquí me hablas y te veo chiquitito mirándote desde el fondo ahora más grandecito mientras te me voy acercando subiendo rápidamente de las profundidades se me ha caído el traje de oro lo siento que me roza las puntas de los pies hasta que se zafa ya estoy libre ahora liviana desnuda empujándome hacia ti con las piernas hasta romper la superficie dame otro beso Felisberto despertó


Abril 29 de 1971

Estimada Reverenda Madre:
       ¡Nos encontramos nuevamente felices! ¡Nuestra hija está sana y salva! Gracias sin duda a la intervención divina despertó de ese sueño que ya creíamos mortal. Estando sumida en coma vino a verla el joven Felisberto Ortiz, a quien nosotros no conocíamos. Se mostró consternado ante su gravedad y nos dio a entender que entre ellos existía desde hacía algún tiempo el idilio. ¡Mire qué hija bandida, tan escondidito que se lo tenía! Estuvo mucho rato con ella, hablándole al oído todo el tiempo como si no estuviera dormida. Por fin nos rogó que le retiráramos las mantas de lana pesada con que la habíamos arropado para retener el poco calor que le quedaba en el cuerpo. Siguió hablándole y meciéndola, rodeándole los hombros con un brazo, hasta que notamos que los párpados le comenzaron a temblar. Entonces acercó su rostro al de ella, le dio un beso en la mejilla y ¡Alabado sea el Santísimo, María de los Angeles despertó! Yo mismo no podía creer lo que veía.
       En resumidas cuentas Madre, los felices sucesos de este día nos han hecho acceder a los deseos de ambos jóvenes de casarse lo antes posible y formar hogar aparte. Felisberto es un joven humilde, pero tiene la cabeza en su sitio. Hoy mismo le dimos nuestra bendición al compromiso y piensan casarse dentro de un mes. Claro, nos entristece pensar que ahora nuestra hijita no podrá nunca llegar a ser Primer Medallón, como usted tanto hubiese deseado. Pero estoy seguro de que a pesar de todo usted comparte nuestra felicidad, y se alegrará de veras al ver a María de los Angeles vestida de novia. Quedo, como siempre,
             Su amigo agradecido,

Fabiano Fernández



(Reseña Social
Periódico Mundo Nuevo
Enero 20 de 1972)

     El evento social más importante de esta semana, queridos Beautiful People, fue por supuesto el compromiso de la linda María de los Angeles Fernández, hija de nuestro querido Don Fabiano, con Felisberto Ortiz, ese guapo jovencito que promete tanto.
     Se anunció que la boda será dentro de un mes. Ya están enviando las invitaciones impresas en Tiffany’s, claro está! Así que manos a la obra, amigos, a preparar sus ajuares, que esta será sin duda la boda del año. Va a ser un espectáculo muy interesante ver ese día a las Diez Mejores Vestidas compitiendo contra los Diez Más Elegantes, competencia importantísima hoy en nuestra irresistiblemente islita.
     La vida cultural de los Beautiful People parece que va a seguir alcanzando altas proporciones, pues nuestro querido Don Fabiano ha anunciado que prestará su deslumbrante colección de cuadros religiosos del barroco italiano para decorar las paredes de la Capilla de Mater, donde se celebrará la boda, y que además se encuentra tan contento con el escogido de su hija (el novio tiene un masters nada menos que en marketing, de Boston University) que donará a la capilla un poderoso aire condicionado Frigid King de doscientos mil dólares, para que ese día los Beautiful People podamos asistir a la ceremonia sin esos inevitables sudorcitos y vaporcitos que produce el terrible calor de nuestra isla, y que no solamente estropea la hermosa ropa, sino que pone mongos y aguados los lindos y elaborados peinados de las BP’s. Es por esto que en las bodas, los invitados a menudo no van a la iglesia, a pesar de que muchos son muy devotos y de comunión diaria, sino que esperan para felicitar a la feliz pareja en el receiving line del hotel, con el resultado de que la ceremonia religiosa queda siempre algo deslucida. Pero ésta será una boda única, ya que los BP’s podrán disfrutar por primera vez de los hermosos oropeles de nuestra Santa Madre Iglesia, envueltos en ese friíto de Connecticut, como en deliciosa crisálida.
     Ahora, entre los BP’s hay un grupo que se llama los SAP’s (Super Adorable People). Estos se reúnen todos los domingos para tomar el brunch y comentar sobre las fiestas del fin de semana. Luego del brunch todos bajan a la playa de los BP’s donde se reúnen a quemar sus esbeltos cuerpos y a tomar piña colada.
     Si usted se considera ‘in’, y no va a esa playa, cuidado que a lo mejor pierde su status! AH! Y se me olvidaba informarles que ahora lo ‘in’ entre esas BP’s que se encuentran en estado interesante (quiero decir, esperando la visita de la cigüeña), es entrenarse con el muy popular instituto Lamaze, que les promete un parto sin dolor.



(Recortes de periódico que
va pegando la madre de
María de los Angeles en el
Album de Bodas de su hija.)


Para mi hijita adorada,
para facilitarle su entrada
al reino de las novias,
antesala del reino de los
cielos.


    I. Una idea para el shower

Si ha sido usted invitada a un shower para la pariente o la amiga íntima que se casa pronto y se ha estipulado que los presentes deben ser para uso personal, aquí tiene una idea que será acogida con mucho gusto por la futura señora y que despertará el entusiasmo de los concurrentes. Compre un cesto de mimbre pequeño, un tramo largo de cordón de plástico para tendedero y un paquete de pinzas para ropa. Busque además cuatro bonitos juegos de brasier y pantaletas en colores pastel, dos o tres pares de pantimedias, una baby doll, una bonita y vaporosa gorra para cubrir los tubos del rizado y dos o más bufandas de chiffón. Extienda el tendedero y prenda a intérvalos con las pinzas las diversas prendas, alternándolas según su índole y color, hasta llenar toda la cuerda. Doble ahora ésta con todo y ropa y acomódela en el cesto, que envolverá luego en un par de metros de tul nylon, atándolo con un bonito moño adornado de flores artificiales. No se imagina el alboroto que despertará en el shower su novedoso regalo.

    II. Para toda una vida

     A pesar de los cambios experimentados en el modo de vivir, la decoración, etc., las novias, en términos generales, siguen prefiriendo los regalos tradicionales como lo son la vajilla, los cubiertos, y las copas.
     Las vajillas se fabrican actualmente en materiales muy prácticos con cualidades que las hacen bastante resistentes, al igual que ornamentadas a tono con la decoración moderna. Sin embargo, estas vajillas no son tan finas como las clásicas vajillas de porcelana. Las vajillas clásicas, como la Bernadot de Limoges, o la Franconia de Bavaria, pueden verse en residencias donde han ido pasando de generación en generación.
     Los cubiertos pueden conseguirse en diversos diseños y de distintas calidades, entre las cuales figuran los de baño de plata, los de plata esterlina y los de acero inoxidable. Lógicamente es muy práctico un cubierto de acero inoxidable. Sin embargo, para vestir la mesa, nada como la plata.
     Lo que se conoce como silver-plated es un baño especial de plata. Muchas novias suelen procurar cubiertos con baño de plata Reed and Barton, ya que tiene garantía de 100 años. La cristalería debe armonizar con la vajilla. En cristalería hay marcas reconocidas, las cuales suelen procurar las novias, dependiendo del presupuesto. Son éstas: St. Louis, y B accarat.
     Una novia haciendo su lista de estos regalos obtendrá artículos para toda la vida. Esto depende del poder adquisitivo de los invitados. Pueden entre todos, pieza a pieza, regalarle únicamente la vajilla, etc. Si son invitados pudientes le regalarán bandejas, jarros, floreros, salseras, aceiteras, etc., y otros artículos para la mesa bien servida, en plata.


    III. ¿En Qué Consiste la Felicidad?

     ¿Una bella casa en medio de un lindó jardín, finos muebles, alfombras y cortinajes? ¿Viajes? ¿Ropa? ¿Mucho, mucho dinero? ¿Joyas? ¿Autos de último modelo? Posiblemente usted tiene todo estoy sin embargo no es feliz, pues la dicha no consiste en poseer bienes materiales. Si usted cree en Dios y en sus promesas, si es buena esposa y madre; si maneja bien el presupuesto del hogar y hace de éste un recinto de paz y de amor, si es una buena vecina y está dispuesta siempre a ayudar a quien lo necesita, será sumamente dichosa.


de tu mamá que te quiere,
Elizabeth


(Notas al calce de las
fotos en el Álbum de
Bodas de Maria de los
Angeles y Felisberto,
escritas de su puño y
letra por Elizabeth,
ahora madre de los dos.)



I. Intercambiando anillos y jurándose amor eterno en la Dicha y en la Desgracia.

II. Bebiendo la Sangre de Cristo en el Copón de Oro Sagrado durante la Misa Nupcial.

III. María de los Angeles retratada de perfil, con el velo una nube cubriéndole el rostro.

IV. ¡Desfilando por el centro de la nave! ¡Qué asustada se veía mi pobre niña!

V. Cortando el bizcocho, las manos unidas amorosamente sobre el cuchillo de plata.

VI. ¡Casados al fin!
¡Un sueño hecho realida!

VII. María de los Angeles retratada de frente. Ha doblado su velo hacia atrás y sonríe con el rostro descubierto, campechanamente. ¡Ahora ya es por fin una Señora!





III. Gisèlle

vestida de gasa blanca como Gisélle contenta porque me voy a casar con Felisberto me acerco hoy a tus pies ¡Oh Mater! más pura que la azucena cuya blancura superáis a rogarte que me ampares en este día el más sagrado de mi vida me acerco a ti y coloco mi ramo de novia sobre el escabel de terciopelo rojo donde reposa la punta de tu pie. pasando mis ojos por última vez por encima de tu modesto vestido rosado tu manto azul celeste las doce estrellas que circundan tu cabeza modesta y recogida Mater es el ama de casa perfecta. vestida de gasa blanca me acerco ¡Oh Mater! pero no como tú sino como Gisélle después que se mete la daga en el pecho porque sospecha que Loys su amante no va a querer seguir siendo un sencillo campesino como ella creía sino que va a convertirse él también en un príncipe con muchos intereses creados entonces Gisèlle piensa que Loys dejará de amarla porque ella es astuta y sabe que cuando hay intereses creados por el medio el amor es siempre plato de segunda mesa los cazadores los ministros los batallones de soldados rojos con los hombros entorchados de oro todo vendrá antes que ella y es por esto que Gisèlle se suicida o quizá no se suicida sino que decide acercarse a las willis conducidas por la Reina de la Muerte y es para llegar a ellas que tiene que pasar por la torpe pantomima de la daga se la mete en el pecho dándole la espalda al escenario manos piernas pies verduguean el aire desgonzados está loca la pobre Gisèlle ha enloquecido de amor dicen los campesinos que lloran alrededor de su cuerpo caído pero ella no está allí se ha escondido detrás de una cruz del cementerio donde se pone su verdadero traje de novia su traje de willis blanco delirio hecho de piel de pensamiento de virgen lo estira suavemente por encima de su tez helada ahora se pone las zapatillas para no quitárselas jamás porque su destino es bailar para siempre deslizarse como un fantasma por todos los campos irse quedando a pedacitos por las ramas de los bosques asombrada ella misma de ver que su cuerpo se le va desprendiendo en copos y Mater la mirará desde su silla allá arriba en el cielo y sonreirá complacida porque para Gisèlle bailar y rezar son una misma cosa. por eso se une al oleaje de las willis en un baile de agradecimiento su cuerpo tiene la ligereza de una clepsidra o reloj de agua la Reina de la Muerte se queda asombrada al verla bailar pasa una mano a través del cuerpo de Gisèlle y la retira cubierta de pequeñas gotas Gisèlle no tiene cuerpo Gisèlle está hecha de agua. pero de pronto las willis huyen despavoridas han oído unos pasos que se acercan por el bosque es Loys que se ha empeñado en seguir a Gisèlle una vocecita en el fondo de su corazón la previene ten cuidado Gisèlle un peligro terrible te acecha. Loys siempre ha tenido éxito en todas sus empresas y no ha de aceptar que Gisèlle se le escape así porque sí se ha empeñado en seguirla para tratar de quitarle su traje blanco delirio deshojárselo pétalo a pétalo en el acto de amor para después preñarla meterle un hijo dentro de su vientre delgadísimo de clepsidra quitarle su ligereza de gota de agua ensancharle sus caderas de semilla ya fofas y abiertas para que ella no pueda jamás volver a ser un willis. pero no Gisèlle está equivocada Loys la ama de veras Loys no la preñará Loys se pondrá un condón velorosado se lo prometió junto a su lecho de muerte la coge del brazo y la hace darse vuelta junto al altar hasta quedar frente a frente a los invitados que llenan la iglesia le da unas palmaditas en la mano desfallecida que ella ha apoyado sobre su brazo para darle valor tranquilízate ya falta poco tienes que ser valiente, pero ahora cuando la luz de la aurora tiñe de rosa el horizonte se oyen las campanas distantes de la iglesia y las willis tienen que batirse en retirada. ellas no son ángeles como traidoramente aparentan ellas son demonios sus trajes son crinolinas sucias y malolientes sus alas de libélula están amarradas con alambres de púas a la espalda. ¿Y Gisèlle, que hará Gisèlle? Gisèlle ve a las willis desapareciendo una tras otra entre los árboles como suspiros oye desesperada que la llaman pero ya es tarde ya no puede escaparse siente que Felisberto la coge por el codo y la fuerza a desfilar por el mismo centro de la nave.

(Reseña Social
Periódico Mundo Nuevo
Febrero 25 de 1972)

     Pues bien, tal parece que el evento social del año ya ha acontecido y la fabulosa boda de Felisberto y su María de los Angeles es sólo un recuerdo resplandeciente en las mentes de las personas más elegantes de Puerto Rico. Todos los BP’s se presentaron en la Capilla de Mater, para ver y ser vistos, en sus mejores galas. Viendo a la linda novia desfilar hacia el altar, forrado de arriba abajo con una catarata de lirios calas, estaba todo lo más granado de nuestra sociedad. La avenida central de la iglesia, off limits con un cordón de seda para todos menos la novia y el novio, estaba enteramente cubierta por una alfombra de raso puro, importada para la ocasión desde Tailandia. Las columnas de la capilla, cubiertas de techo a piso con capullos de azahares ingeniosamente tejidos con alambres, daban a los invitados la ilusión de entrar a un rumoroso y verde bosque. Las paredes, colgadas de Caravaggios, Riberas, y Carlo Dolcis auténticos, fueron una fiesta resplandeciente para los ojos de los BP’s, ávidos siempre de esa belleza que educa. Nuestro querido don Fabiano cumplió su promesa de exhibir en la capilla sus fabulosos cuadros, y la boda de María de los Angeles no tuvo nada que envidiarle a las bodas de las Meninas en el Palacio del Prado. Seguramente que ahora las monjitas de la academia, después de la instalación de tan fabuloso aire acondicionado, no se olvidarán nunca de rezar por Don Fabiano y su familia. Esta es una hábil manera de ganarse el cielo, si es que hay alguna!
     La recepción tuvo lugar en el salón íntimo del Caribe Supper Club, y fue un verdadero sueño de Las Mil y Una Noche. Toda la coración estuvo a cargo de Elizabeth, esposa de Don Fabiano, acostumbrada como está ella a convertir sus sueños en realidad.
     Con los diamantes como tema, los adornos del salón de baile fueron confeccionados en tonos plateados. Tres mil orquídeas fueron traídas en avión desde Venezuela y colocadas sobre una base de cristal de roca, con tres gigantescas lágrimas de diamante, importadas desde Tyfanny’s, colgando del mismo centro. La mesa, donde tenían sus sitios la novia y el novio, rodeados por sus invitados de honor, era de cristal Waterford importada de Irlanda. Y como si esto fuera poco, material de plata importada brillaba de los respaldares de todas las sillas, cinceladas en forma de corazón. Los manteles eran igualmente de hilo de plata, y los menús tenían forma de diamantes pear shaped. Hasta los hielos tenían forma de diamantes, para dar el toque final a la perfección. El bizcocho, confeccionado con azúcar especialmente refinada para que tuviese también ese diamond look cegadoramente bello, representaba el templo del Amor. Los novios, figuritas de porcelana parecidísimas a María de los Angeles y a su Felisberto, subían por un sendero de espejos bordeado de flores y cisnes de azúcar en los más delicados colores pastel. El último piso, coronado por el kiosco del templo, con columnas de cristal y techo de cuarzo, albergaba un cupido antiguo con alitas de azúcar que giraba constantemente sobre la punta del pie, apuntando su diminuto arco a todos los que se le acercaban.
     La atracción principal de la noche fue Ivonne Coll, cantando sus hits “Diamonds are Forever” y “Love is a Many Splendored Thing”.
     El ajuar de la novia era algo fuera de este mundo. Se destacaba entre todo el decorado por la sencillez exquisita de su linea. Los BP’s deberán aprender, con el ejemplo de María de los Angeles, que la sencillez es siempre reina de la elegancia.


HELLO! I ARRIVED TODAY
     Name: Fabianito Ortiz Fernández
     Date: 5 de noviembre de 1972
     Place: Hospital de la Caridad
                 Santurce, Puerto Rico

     Weight: 8 lbs.
     Proud Father: Felisberto Ortiz
     Happy Mother: María de los Angeles
                                 Fernández de Ortiz


7 de diciembre de 1972
Colegio del Sagrado Corazón

Apreciado Don Fabiano:
       Acabo de recibir el birth announcement de su nietecito Fabianito, y no quiero dejar pasar un solo día sin dirigir unas lineas de felicitación al nuevo abuelo por el feliz advenimiento. ¡A la verdad que eso fue friendo y comiendo! ¡Nueve meses justos después de la boda! Me puedo imaginar la fiesta que haría usted, con champán y puros para todo el mundo, en la misma antesala del quirófano. El nacimiento de un niño es siempre motivo de alegría mundana y comprendo que para usted, preocupado en exceso como lo ha estado siempre por los asuntos de este mundo y ansioso porque Dios le diera un varón desde hace años, este suceso sea el más feliz de su vida. No olvide, querido amigo, en la euforia de su felicidad, que un nacimiento es motivo de alegría santa. Espero muy pronto recibir la invitación al bautizo, aunque desde ahora le aconsejo que debe cuidarse de no hacer una fiesta pagana, tirando la casa por la ventana. Lo y importante es no dejar a ese querubín moro, sino abrirle las puertas del cielo.
             Cariñosamente, quedo, como siempre, su amiga en N. S. J.

Reverenda Madre Martínez


13 de diciembre de 1972

Estimada Reverenda Madre:
       Acabo de recibir su carta, que le agradecí mucho, pues Elizabeth y yo estamos pasando un trago muy amargo. En momentos como éstos es siempre consolador saber que uno tiene buenos amigos tan cerca. Como era de esperarse Madre, el nacimiento de nuestro nietecito nos dio un alegrón inmenso. Toda la familia se reunió en el hospital y estuvimos celebrando hasta el amanecer. Luego de asegurarnos que nuestra hija y su retoño estaban en perfecta salud, Elizabeth y yo regresamos a casa. Antes de irnos le rogamos a María de los Angeles que nos avisara cuando hubiese fijado la fecha del bautizo. Usted sabe lo mucho que Elizabeth goza con la decoración de las fiestas, la pobre, y ya ella se había hecho la ilusión de, para su nietecito, celebrar el bautizo más hermoso que se hubiese visto jamás en Puerto Rico. Tenía ya encargadas, entre innumerables cosas los recordatorios, las estampitas, las capitas, las palomitas de seda llevando moneditas de oro en el pico. Había mandado a decorar el bassinet en concha de bautizo forrada de satén azul por dentro y derramando encaje de bruselas por los bordes. Pensando que el bautizo sería muy pronto, había encargado hasta el bizcocho, un inmenso corazón de rosas de azúcar sostenido en el aire por tres angelotes de biscuit representando el amor, ese amor que ha hecho posible el advenimiento de un niño tan hermoso. Imagínese cómo nos sentimos, Madre, cuando recibimos una nota cortante de María de los Angeles, informándonos que ella había decidido no bautizar a su hijo.
       En esta vida hay que aceptar las cosas como Dios se las manda a uno, Madre, pero esto ha sido un golpe duro para nosotros. María de los Angeles ha cambiado mucho desde que se casó. Al menos siempre nos quedará el consuelo del niño. Es un rorró precioso, parece que va a ser rubio porque nació sin pelo, y tiene los ojos azul cielo. Ojalá se le queden así y no le cambien. Algún día se lo llevaremos al convento para que usted lo conozca.
             Reciba un saludo afectuoso de Elizabeth y mío,

Fabiano Fernández


14 de diciembre de 1972
Colegio del Sagrado Corazón

Querida María de los Angeles:
       Tu padre me ha informado tu decisión de no bautizar a tu hijito, decisión que me ha sacudido profundamente. Conociendo tu corazón como lo conozco, de cualquier persona menos de ti hubiese yo esperado una decisión semejante. ¿Qué te sucede, hija mía? Me temo que no eres feliz en tu casamiento y eso me entristece mucho. Recuerda que los matrimonios están hechos en el cielo y por eso quizá le dicen a uno en broma cuando se casa, matrimonio y mortaja del cielo bajan. Si eres infeliz comprendo que trates de impresionar a tu marido, haciéndolo darse cuenta de que algo anda mal. Pero serías cruelmente injusta si pretendieras utilizar a tu hijo para estos propósitos. ¿Quién eres tú para jugar con la salvación de su alma? Piensa lo que le sucedería si se te muriera pagano. Se me hiela el corazón nada más que de pensarlo. Piensa que este mundo es un valle de lágrimas y que tú ya has vivido tu vida. Tu deber ahora es dedicarte en cuerpo y alma a ese querubín que Dios te ha enviado. Hay que tener la mente un poco práctica, hija querida, ya que esta vida está llena de sufrimientos inevitables. ¿Por qué no ofrecerlos para ganarnos la otra? Déjate de estar pensando en tantos pajaritos de colores, en tanto ballet de príncipes y princesas. Bájate de esa nube y dedícate a tu hijo, ese es ahora tu camino. Tranquilízate, hija, Dios velará por ti.
             Recibe un abrazo y un beso de quien te quiere como una segunda madre,

Reverenda Madre Martínez


Mayo 30, 1973

Querido Don Fabiano:
       Perdóneme por haber dejado pasar tanto tiempo sin escribirle, pero usted sabe lo mucho que María de los Angeles y yo lo queremos, a pesar de los largos silencios transcurridos entre nosotros. Su nieto está precioso, regordete y saludable como pimpollo de rosa. Me lo estoy regustando a diario. Tiene puñitos de boxeador y cuando lo cargan al hombro patea como un macho. Ante los problemas que estamos teniendo María de los Angeles y yo, este niño ha venido a ser un consuelo para mí. Lo quiero más cada día que pasa.
       Le ruego Don Fabiano, que mantenga lo que voy a decirle en la más estricta confidencia, destruyendo esta carta inmediatamente después de leerla, tanto por compasión a ella como por consideración a mí. Ahora me he venido a dar cuenta de la desgracia que fue mudarnos tan lejos, pues usted ha sido siempre mi mejor aliado, mi brújula en cómo tratar a María de los Angeles, en cómo llevarla por el camino sano con tanta dulzura que ella misma no pueda darse cuenta de que todo ha sido previsto.
       Usted recordará que antes de nuestro matrimonio yo le di mi palabra a su hija de permitirle continuar su carrera de bailarina. Esta fue la única condición que ella puso al matrimonio y yo la cumplí al pie de la letra. Pero usted desconoce el resto de la historia. A los pocos días después de la boda María de los Angeles insistió que mi promesa de dejarla bailar abarcaba el acuerdo de que no tuviéramos hijos. Me explicó que a las bailarinas, una vez salen encinta, se les ensanchan las caderas y al sufrir este cambio fisiológico ya no pueden jamás llegar a ser bailarinas excelentes.
       No puede imaginarse la confusión en que esta declaración me arrojó. Queriendo a María de los Angeles como la quiero, un hijo de ella era mi gran ilusión. Usted sabe Don Fabiano que soy de origen humilde y quizá por esto siempre he tenido terror de perderla. Pero que yo sea de origen humilde no quiere decir que no tenga mi dignidad, que no tenga mi orgullo.
       Su capricho me hirió profundamente. Pensé que quizá porque soy pobre y mi apellido no es conocido, como dicen ustedes, ni mi familia gente bien, como dicen ustedes, María de los Angeles no quería un hijo mío. Pero yo no voy a ser pobre siempre, Don Fabiano, yo no voy a ser pobre siempre. Aunque comparado con usted, que tiene tantos millones, a mí me considerarían pobre, ya que sólo tengo un millón de dólares en el banco. Pero ese millón yo lo he hecho a pulmón, Don Fabiano porque lejos de su hija haber sido un asset, su hija ha sido un ancla, un lastre, una tara lamentable para mi desarrollo. A pesar de la reputación escabrosa de su carrera de bailarina, gracias a mis éxitos económicos nadie puede darse el lujo de hacernos un desaire, y nos invitan a todas partes.
       Cuando María de los Angeles me dijo que no quería un hijo mío me quedé sentidísimo. Recordé entonces una conversación que tuvimos usted y yo antes de la boda, cuando me llevó aparte y me confesó lo contento que estaba de que su hija se casara conmigo porque confiaba en que a mi lado ella sentaría cabeza, encontraría esa conformidad y aceptación que le faltaban y que a todas las mujeres les produce ser esposa y madre. Recordé que usted me rogó en aquella ocasión con lágrimas en los ojos que le diéramos un nieto, un heredero para que defendiera su fortuna en el futuro, para que se la protegiese y multiplicase cuando usted faltase. Recordé mi rabia y mi vergüenza al escuchar sus palabras, recordé haber pensado entonces qué era lo que usted se había creído, que porque yo era pobre era también papanatas, que por eso había querido que su hija se casara conmigo, creyéndose que yo no era más que un pelele para echárselo de semental. Cuando ella me dijo eso me acordé de sus palabras y me dio por pensar que no estaba nada de mal eso de un heredero, no estaba nada de mal, pero no para que heredase su fortuna sino para que heredase la mía, la que yo habría de hacer algún día para eclipsarlo, para borrarlo del mapa a usted y a toda su familia.
       Claro que luego me arrepentí de estos pensamientos indignos y me propuse convencerla a las buenas de que tuviéramos un hijo. Primero le hice ver lo generoso que había sido con ella, comprándole (sin tener con qué para aquel entonces) un trousseau de reina, poniéndole casa y carro con sirvientes a la puerta. Luego le hablé del amor, de cómo un hijo es la única manera de que el matrimonio perdure. Pero cuando se me siguió emperrando, negándoseme, Don Fabiano, cuando me encontré al final de mi paciencia, al final de la cabulla como dicen en cristiano, la forcé carajo Don Fabiano le hice la barriga a la fuerza.
       Desgraciadamente Fabianito, en vez de traer la paz a nuestro hogar, en vez de darle a su hija la alegría que yo esperaba una vez que tuviera a su hijo entre sus brazos, ha venido a ser una maldición para ella, un fardo insoportable que ha abandonado al cuidado de la niñera. A pesar de sus temores de no poder volver a bailar en el corto tiempo desde que dio a luz ella ha logrado un éxito extraordinario. Esto le ha valido el título de prima ballerina de la compañía que ahora lleva mi nombre, porque hasta se la compré para tenerla contenta.
       Nuestra vida había transcurrido así, en relativa paz y armonía, y yo me consideraba un hombre feliz con María de los Angeles a mi lado, con un hijito sano que Dios nos había obsequiado y los negocios viento en popa, hasta hace dos semanas cuando en mala hora se me ocurrió llevarla a ver el show de volatineros del Astrodromo. Acababa de llegar a la ciudad y pensé que como ella estaba tan triste, podría divertirla. Luego de los bailes consabidos de prestidigitadores y atletas salió a la arena magicians una mujer; una pelirroja de pelo enseretado. Bailaba casi a la altura del techo, sin malla de seguridad, y no sé porqué María de los Angeles se impresionó muchísimo al verla. En cuanto llegamos a casa me pidió que le tendiera una cuerda de un extremo a otro de la sala y de un salto se subió a ella. Vi con gran sorpresa que sabía hacerlo, al principio balanceándose cautelosamente pero luego se fue soltando, llevando el compás con el vaivén del cuerpo. Lo más que me llamó la atención fue la expresión de su cara. Parecía vaciada de todo pensamiento. Le hablaba y no me contestaba, era como si no me estuviera escuchando. Al rato se bajó de la cuerda y me acompañó en la mesa a la hora de la cena, pero la expresión de su cara no ha variado, sigue siendo la misma hasta hoy. Me mira con las pupilas dilatadas y se niega a contestarme cuando le dirijo la palabra.
       Y para colmo ayer, no encuentro cómo decírselo, Don Fabiano, recibí un anónimo, el segundo que recibo en estos días, un asqueroso pliego de papel escrito a lápiz con letra infantilmente gorda y desigual. Seguramente alguna enferma lo escribió, no me la puedo imaginar de otra manera, uno de esos alacranes frustrados que abundan por los cubujones de los arrabales. Esta hija de su madre me informa que a la hora en que María de los Angeles va a hacer supuestamente sus prácticas al estudio la ve entrar todos los días a un cuarto de hotel, insinuando que se encuentra allí con un hombre.
       Lo más terrible de todo esto, Don Fabiano, es que la sigo queriendo, no podría soportar vivir sin ella. Es que usted me la entregó en el altar todavía una niña, recuerdo todavía su cara el día de la boda, enmarcada por aquel velo de tul increíblemente blanco, y me parece un sueño. La recuerdo pasando de su mano a la mía como una virgen, la recuerdo así y no logro consolarme.
       Pero además de esto, además de que la quiero de veras, no voy a permitir que mi matrimonio fracase porque yo sencillamente no estoy acostumbrado al fracaso. Mi matrimonio no es sino otra empresa más de la cual yo, cuésteme lo que me cueste, voy a hacer un éxito. Después de todo hay algo de exótico, de extraordinario, en que la esposa de un magnate financiero sea bailarina. ¿No le parece? Es una extravagancia que puedo permitirme, de la misma manera que muchos de mis amigos van todos los años a cazar elefantes al Africa.
       Mañana iré personalmente a investigar lo que hace María de los Angeles en la habitación de hotel que me indica el anónimo. Estoy casi seguro de que todo esto es una calumnia, una mentira repugnante de alguien que envidia mi felicidad junto a ella, al igual que mi éxito, el haber logrado hacer mi primer millón antes de cumplir los treinta.
       Sin embargo, no puedo dejar de sentirme atemorizado, intuyo la sombra de una amenaza revoloteando sobre nosotros. Usted sabe que un hombre puede soportarlo todo, absolutamente todo, menos esta clase de insinuaciones, Don Fabiano. Le juro que me siento destrozado. Mañana temo no poder responder de mis propios actos.


       Deja de escribir súbitamente y se queda n rato largo mirando la pared frente al escritorio. Coge los pliegos manuscritos y los arruga con las dos manos hasta hacer una pelota apretada, que arroja con furia al cesto de la basura.


       La luz de la tarde entra por la ventana de la habitación 7B, en el Hotel Alisios, atravesando las persianas venecianas, sucias y medio rajadas por uno de los extremos, y cae a manera de varas sobre los cuerpos desnudos, tendidos sobre el sofá. El hombre, acostado sobre la mujer, tiene el rostro vuelto hacia el respaldar raído y bayusco. La mujer le acaricia lentamente la cabeza, hundiendo una y otra vez la mano izquierda en el pelo rizado. En la mano derecha sostiene un pequeño breviario de oraciones y lee de él en voz alta, dirigiendo su voz por encima del hombre dormido sobre ella. María era virgen en todo lo que decía, hacía, amaba. Su lirio parece buscarla y a su vez ella levanta a menudo los ojos para . Al llegar aquí el hombre balbucea unas palabras incomprensibles y remueve un poco la cabeza como si fuera a despertar. La mujer sigue leyendo en voz baja tras de acomodar un poco el seno que tiene aplastado debajo del oído del hombre. Mater Admirábilis Azucena de los valles y Flor de los campos, rogad por nosotros. Mater Admirábilis más pura que la azucena cuya . Cierra por un momento el breviario y se queda mirando las carcomeduras uniformes del plafón, nota con desagrado que hay manchas de humedad por todas partes. Se acuerda de cómo, durante el acto sexual, se había puesto a repetir en voz alta la oración preferida de Mater, el bendita sea tu pureza, y el efecto afrodisiaco que esto le había causado. Era la primera vez que se acostaba con un hombre que no fuera su esposo y pensaba que hasta ahora todo había salido bien. Lo había recogido esa misma tarde, parándose en la esquina como una prostituta cualquiera. El oldsmobile se había detenido a su lado y había visto la cara del desconocido inclinada un poco hacia delante, debajo del cristal del parabrisas, con las cejas ligeramente arqueadas en una interrogación muda. Había pensado que daba lo mismo y no quiso mirarle otra vez la cara. El hombre le había o ofrecido veinticinco dólares y ella había aceptado.
       Sintió deseos de bailar. El hombre seguía durmiendo encima de ella como un bendito, un brazo arrastrado por el suelo y la cara vuelta hacia el ángulo del sofá. Se deslizó poco a poco de abajo del cuerpo tibio hasta quedar libre. Sacó del bolso la cuerda de nilón y la tendió de extremo a extremo de la habitación. Se calzó las zapatillas de ballet, se amarró las cintas a los tobillos y de un salto se subió arriba. Al saltar desnuda sobre la cuerda de las suelas de sus zapatillas cubiertas de tiza se desprendió una nube de polvo que flotó por un momento en el aire estancado de la habitación. La concentración de su rostro, al comenzar a bailar, hizo más obvia la pintura exagerada de sus facciones. Tenía los ojos rodeados por dos chapas de zinc, contra las cuales se destacaban sus inmensas pestañas de charol. El pankake de sus mejillas, de tan grueso, parecía que se le iba a desprender de la cara en tortas. Pensó con alivio que por primera vez iba a poder ser ella, que por primera vez iba a poder ser bailarina, aunque fuera de segunda o de tercera categoría. Comenzó a colocar un pie frente a otro, sintiendo cómo los rayos de sol le cercenaban inútilmente los tobillos. Ni siquiera se dio vuelta cuando oyó la puert abrirse de repente a sus espaldas, sino que siguió colocando cuidadosamente un pie frente a


Abril 25, 1974

       No sabe lo que le agradecimos Elizabeth y yo su cartita de pésame, que recibimos hace ya casi un año. Sus palabras y sus oraciones, llenas de sabiduría y de consuelo, fueron un bálsamo para nuestro dolor. No pude sin embargo contestarle hasta hoy, Madre, porque me faltó valor. Hablar de estas cosas es siempre volver a vivirlas, repetir, como en una pelicula muda, los gestos y palabras que quisiéramos congelar en el tiempo y no podemos, congelarlos para poder cambiarlos, repetirlos de otra manera. Son tantas las cosas que hubiésemos querido alterar antes de la muerte de nuestra hija adorada. Su boda demasiado prematura, cuando pienso que se nos casó casi una niña se me aprieta el corazón. Su matrimonio apresurado con ese muchacho que apenas conocíamos, un muchacho neurótico y ambicioso, como sabemos ahora que es demasiado tarde.
       Perdóneme, Madre, quizá no deba expresarme así de Felisberto, víctima como fue de este accidente monstruoso. A pesar de haber él también perdido la vida, y de que por caridad cristiana uno no debe nunca recriminar a los muertos, a pesar de saber todo esto no puedo perdonarlo. Usted misma se había dado cuenta de que María de los Angeles no era feliz en su matrimonio. Él la torturaba por el asunto del baile, injuriándola y criticándola, porque no le gustaba que ella bailara. Por otro lado, se llenaba constantemente la boca, echándoselas de que él había hecho tanto dinero que había comprado, para complacerla a ella en su capricho, la mejor compañía de ballet de todo el país.
       Pero lo que no le puedo perdonar, lo que me sigue despertando a media noche bañado en sudor y temblando de ira es que ahora, Madre, cuando ya no hay remedio, me he venido a enterar que él hacía dinero con ella, que la compañía de ballet le dejaba sus buenos dividendos. Mi hija que jamás trabajó porque nunca tuvo necesidad de hacerlo, y ese desalmado la estaba explotando.
       El día del accidente ella estaba reunida con el coreógrafo, componiendo los pasos de un número nuevo para su próximo recital, cuando Felisberto se apareció de sorpresa. Desde la puerta de la habitación se puso a insultarla, injuriándola por haber dejado al niño solo con la niñera para irse allí a repetir las morisquetas de siempre. Parece que su orgullo pudo más que su ambición y, según el testimonio del coreógrafo a amenazó con pegarle allí mismo una buena paliza si no abandonaba el baile. De haber estado yo presente, habría estado de acuerdo con Felisberto en esto. El ballet era un vicio que había que extirparle a María de los Angeles de raíz. Conozco de cerca ese mundo de las bailarinas por una canita al aire que me eché una vez, Madre, y todas esas mujeres acaban siendo unas cabras. Me extrañó que Felisberto nunca estuviese muy interesado en que ella dejara de bailar, cuando se oponía era muy débilmente, claro, yo nunca me imaginé que estaba pensando en sus ganancias. Esa tarde por lo visto decidió que era más importante su dignidad y quiso darle a María de los Angeles un buen escarmiento. Pero ese escarmiento era para habérselo dado en privado, Madre, en la privacidad de la casa haberle puesto las peras a cuarto pero no allí de aquella manera escandalosa, y en presencia de un extraño.
       El coreógrafo, que no conocía a Felisberto, un hombre excepcionalmente fornido pero un infeliz ajeno a todo, salió en defensa de María de los Angeles. Forcejeando con él, tratando de sacarlo a la fuerza, lo restrelló con tal violencia contra la pared de cemento que le fracturó el cráneo. María de los Angeles se quedó paralizada en medio del cuarto. Felisberto, que había sacado una pistola de la chaqueta para defenderse, con el golpe inesperado apretó el gatillo y el disparo accidental la atravesó por la frente.
       No puede imaginarse, amiga mía, lo que he sufrido con todo esto. Cada vez que pienso en mi hija desangrándose allí tirada, sin recibir siquiera los Santísimos Oleos, lejos de su madre, lejos de mí que la adoraba, que hubiese dado con gusto la mitad de mi vida por verla contenta, cuando pienso que tuvo una muerte tan inútil, siento una ola de rencor que me sube por la garganta. Cuando llegó la ambulancia ya estaba muerta. A Felisberto lo encontraron tirado en el suelo a su lado. Se lo llevaron inmediatamente a la sala de emergencia. Estuvo en intensive care durante dos semanas pero murió sin recobrar el conocimiento.
       Casi un año ha pasado ya. Es como si entre el recuerdo de ese momento y yo se interpusiera un paño de cristal que se nubla con mi aliento si me acerco demasiado. Prefiero no hacerme más preguntas, Madre, no torturarme más. Fue la voluntad de Dios. Al menos nos queda el consuelo de no haber reparado en nada para su entierro. La sociedad entera se desbordó en nuestra casa. Nunca habíamos tenido una prueba como aquella del aprecio sincero de nuestros amigos. Pensándolo así, Madre, todas esas señoras y señores, Beautiful People y Super Adorable People, que usted, desde la santidad de su retiro mundano, ha contemplado siempre con un poco de sorna y desdén, no debería recriminarlos tanto. En el fondo son buenos. Todos fueron a comulgar. Con la vejez he aprendido que la belleza del cuerpo no es siempre vanidad, a menudo es un reflejo de la belleza del alma. Enterramos a María de los Angeles vestida de novia, rodeada por la espuma de su velo. Se veía bellísima. Sus cabellos recién lavados relucían sobre el blanco amarillento del traje. Los que la habían visto bailar comentaban extasiados que no parecía muerta, sino dormida, representando por última vez su papel de la Bella Durmiente.
       Fabianito, por supuesto, se ha quedado con nosotros. Si no fuera porque hemos sufrido tanto, creería que todo esto ha venido a ser justicia divina Madre. ¿Recuerda lo mucho que ansiamos Elizabeth y yo que Dios nos enviara un varoncito, un hombrecito que defendiera nuestro nombre y nuestra hacienda para así alcanzar una vejez tranquila? Quizá la muerte de nuestra hija no haya sido después de todo tan inútil. Hacía ya tiempo que ella se había descarrilado, por andar con esa farándula de crápulas que son los bailarines. En realidad, Madre, mucho antes del accidente era como si nuestra hija hubiese muerto para nosotros.
       Pero Dios en su misericordia divina siempre hace justicia, y nos dejó al querubín de su hijito para que llenáramos el hueco de ingratitud que ella nos dejó en el corazón. A propósito, Madre, pronto recibirá la invitación para el bautizo, que celebraremos con todas las pompas y las glorias. Esperamos que consiga permiso para salir esa tarde de la clausura y así pueda asistir, pues nos encantaría que fuese la madrina.
       De ahora en adelante sí que podrá estar tranquila de que al convento no ha de faltarle nada, Madre, porque el día que yo me muera ahí le quedará Fabianito, que velará por usted.
       Reciba un abrazo cariñoso de Elizabeth y otro de mi parte, se despide, como siempre,
             su viejo amigo,

Fabiano Fernández

ese techo manchado feo siempre metiéndole a uno los cojones en la cara tranquila viene de tranca ese techo está cabrón parece cojones despachurrados ahí arriba te dije que bailar estaba prohibido sigue insistiendo y verás cómo te rompo la prohibido estaba prohibido así que ahora aguántate dormir dormir dormir dormir dormir dormir dormir dormir dormir dormir dormir dormir dormir despiértate amor mío quiero que te cases conmigo te dejaré bailar te dejaré ser bailarina te dejaré ser tranca viene de tranca no por favor no me preñes te lo ruego Felisberto por lo mas que tú cabrón eso está cabrón bailando Coppelia bailando la Bella Durmiente bailando Mater hilando camisitas blancas mientras esperaba que la barriga del salvador le creciera ahora abre las piernas ahora aguántate ahora arrodíllate para que adores lo que pariste lo adorarás lo besarás lo lamerás lo cuidarás ¿qué será de mi niño bonito sin su madrecita? ahora olvídate de ser bailarina olvídate de ser lo adularás lo protegerás para que después él te proteja y te defienda por los siglos de los siglos ahora arrodíllate y repite con devoción repite con devoración ni Coppelia ni Bella Durmiente ni este mundo es un Valle de Lágrimas el otro es el que importa hay que ganárselo ofreciendo los sufrimientos inevitables que te tocarán si lo que tienes entre las piernas es una y si no hay más ninguno y si no hay otro cabrón eso está ni Super Adorable Bitch ni bandejas de plata ni copas de plata ni jarros de agua de plata ni caricias largas y frías con manos de plata ni palabras introducidas por la boca con largas cucharas de plata di que sí mi amor di que estás contenta bailando Gisèlle pero esta vez con furia con crinolinas malolientes y alas de alambre de púas amarradas a la espalda porque no me conformo Felisberto porque me traicionaste y por eso te he traído aquí para que me vieras y se lo contaras a papá se lo describieras detalle a detalle para que ambosados vieras mi cara de yeso rodeada de rizos postizos mis pestañas de charol despegadas por el sudor mis cachetes gordos de pankake el pelo que se me va tiñendo de rojo a la limón a la limón que se rompió la ciega a todo lo que la rodeaba las manchas del techo las persianas podridas la palangana descascarada a la limón a la limón de qué sehacel dinero un día la feria volvió a pasar por el pueblo y ella tapándose los oídos para no oír pero no podía algo la halaba por las rodillas los tobillos las puntas de las zapatillas a la limón a la limón a la algo la arrastraba y se la llevaba lejos ni protegida ni dulce ni honrada ni tranquila María de los Angeles tú tranquila de cascarón de huevo el dinero se hace de cascarón de huevo ni sometida ni conforme ni


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