Ernest Hemingway
(Oak Park, Ilinois, E.U, 1899 - ‎Ketchum, Idaho‎, E.U., 1961)

Escribe un lector
(“One Reader Writes”)
Winner Take Nothing
(Nueva York: Scribner's Sons, 1933, 244 págs.)


      La mujer estaba sentada a la mesa de su dormitorio con un periódico doblado delante y solo interrumpía la lectura para mirar por la ventana y ver la nieve que caía y se derretía en el tejado. Escribió esta carta, y la escribió de un tirón, sin tener que tachar ni corregir nada.

Roanoke, Virginia
6 de febrero de 1933

    Querido doctor:
     Permítame que le escriba para pedirle un consejo muy importante. Tengo que tomar una decisión y no sé en quién confiar y no me atrevo a preguntárselo a mis padres. Así que acudo a usted. Y solo confío en usted porque no me hará falta verle. Esta es la situación. Me casé con un miembro del ejército de Estados Unidos en 1929, y ese mismo año lo destinaron a China, Shanghai, se estuvo allí tres años, y volvió a casa, y lo licenciaron hace unos meses, y se fue a casa de su madre en Helena, Arkansas. Me escribió para que fuera a su casa, fui y descubrí que estaba siguiendo un tratamiento de inyecciones y naturalmente le pregunté para qué eran, y descubrí que le trataban una enfermedad que no sé cómo se escribe, pero que sonaba a algo como “sífilus”. ¿Sabe a qué me refiero? Quiero que me diga si vivir con él puede perjudicarme la salud. Desde su retorno de China no hemos tenido ningún contacto íntimo. Él me asegura que cuando acabe el tratamiento estará curado. ¿Cree que es verdad? A menudo oí decir a mi padre que si uno caía víctima de esa enfermedad más le valía estar muerto. Creo a mi padre, pero sobre todo quiero creer a mi marido. Por favor, por favor, dígame qué hacer. Tengo una hija que nació cuando su padre estaba en China.
     Le doy las gracias y confío plenamente en su consejo. Atentamente,

y firmó con su nombre.
       A lo mejor él puede decirme qué debo hacer, se dijo. A lo mejor me lo puede decir. En la foto que sale en el periódico es la impresión que da. Parece inteligente, desde luego. Cada día le dice a alguien lo que debe hacer. Debería saberlo. Quiero hacer lo que sea correcto. De todos modos, ha pasado tanto tiempo. Tanto tiempo. Ha estado tanto tiempo fuera. Dios mío, cuánto tiempo. Él tenía que ir a donde le mandaran, lo sé, pero no sé por qué tuvo que coger eso. Oh, ojalá no lo hubiera cogido. No me importa cómo lo cogió. Pero ojalá nunca lo hubiera cogido. A mí me parece que no tendría que haberlo cogido. No sé qué hacer. Dios mío, ojalá no tuviera ninguna enfermedad. No sé por qué tuvo que coger esa enfermedad.



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