Ernest Hemingway
(Oak Park, Ilinois, E.U, 1899 - ‎Ketchum, Idaho‎, E.U., 1961)

Un cuento trivial [Relato banal] (1926)
(“Banal Story”)
Originalmente publicado en la revista Little Review (primavera/verano 1926);
Men Without Women
(Nueva York: Scribner's Sons, 1927, 232 págs.)


      De modo que comió la naranja lentamente, escupiendo las semillas. Afuera, la nieve se transformaba en lluvia. Dentro, la estufa eléctrica parecía no dar calor y levantándose de su escritorio, se sentó al lado de ella. ¡Qué bien se estaba! ¡Esto era vivir!
       Tomó otra naranja. Allá lejos, en París, Mascart había “noqueado” a Danny Frush en el segundo round. Más lejos aún, en la Mesopotamia, había siete metros de nieve. Atravesando el mundo, en la distante Australia, los jugadores de cricket británicos, aguzaban sus wickets. Todo eso era romántico.
       Leyó que los patronos de las artes y las letras habían descubierto el Forum. Es la guía, el filósofo y el amigo de la minoría pensante. Premios para cuentos cortos... ¿escribirán acaso sus autores los libros de mayor venta en el mañana?
       Usted podrá disfrutar de esos cálidos cuentos norteamericanos, de hechura casera; pedazos de vida real en el rancho abierto a los espacios, en la casa de departamentos o en el hogar cómodo, y todos ellos atravesados por una sana corriente de buen humor.
       Debo leerlos, pensó.
       Continuó leyendo: ¿Qué será de nuestros hijos? Deben descubrirse nuevos medios para hallar un lugar en el mundo para nosotros. Y esto, ¿se logrará con la guerra o podrá obtenese por medios pacíficos?
       ¿O tendremos que irnos todos al Canadá?
       La ciencia, ¿desbaratará nuestras más profundas conviciones? ¿Nuestra civilización es inferior a algún orden de cosas más antiguo?
       Y, entretanto, en las lejanas selvas del Yucatán suenan las hachas de los que hienden los árboles de caucho.
       ¿Queremos los hombres más grandes o los preferimos cultos? Tomemos a Joyce. Al presidente Coolidge. ¿Qué astro tendrían que elegir nuestros estudiantes para emular? Ahí está Jack Britton. El doctor Henry Van Dyke. ¿Podemos acaso reconciliar los puntos de vista de ambos? Tomemos el caso de Young Stribling.
       Y ¿qué ocurrirá a nuestras hijas que deben hacer sus propios sondeos en la vida? Nancy Hawthorne está obligada a hacer los suyos en el proceloso mar de la vida. Valiente y cuerdamente hace frente a los problemas de toda jovencita de dieciocho años.
       Era un folleto espléndido.
       ¿Es usted una niña de dieciocho años? Tome usted el caso de Juana de Arco. El caso de Bernard Shaw. El caso de Betsy Ross.
       Piense en 1925 en todas estas cosas: ¿hubo alguna página risqué en la historia de los puritanos?
       ¿Son Arte, la poesía y los cuadros modernos? Sí y no. Tomemos a Picasso.
       ¿Tienen los vagabundos algún código de conducta? Dé rienda suelta a su fantasía.
       En todas partes existe el romanticismo y la aventura. Los escritores de Forum hablan al romance y poseen humor e ingenio. Pero nunca tratan de ser galanos ni pesados, por excesivamente minuciosos.
       Viva usted la vida plena de la mente, acuciado por nuevas ideas, intoxicado por el romanticismo de lo inusual.
       Dejó el folleto.
       Y entretanto, tendido en el lecho de una habitación oscura de su casa, en Triana, Manuel García, “Maera”, se ahogaba de neumonía, con un tubo en cada pulmón. Todos los diarios de Andalucía dedicaban suplementos especiales a su muerte, que desde días se esperaba. Hombres y muchachos compraban fotografías a todo color para recordarlo, y perdían el retrato que de él se habían formado en sus recuerdos, al mirar las litografías. Los toreros respiraban aliviados porque él hacía siempre en el ruedo las cosas que ellos sólo podían realizar de vez en cuando. Marchaban bajo la lluvia detrás de su ataúd y ciento cuarenta y siete toreros le siguieron al cementerio, donde fué enterrado al lado de “Joselito”. Después del funeral, todos acudieron a sentarse a los cafés, a cubierto de la lluvia, y los hombres compraban muchas fotografías, en colores, de “Maera”, las arrollaban y se las metían en los bolsillos.



Literatura .us
Mapa de la biblioteca | Aviso Legal | Quiénes Somos | Contactar