José Alcántara Almánzar
(1946—)


Callejón sin salida
Callejón sin salida
(Santo Domingo: Editora Taller, 1975, 136 págs.)


       creo que este aislamiento será definitivo por eso ahora puedo ver las cosas con claridad y contar mi historia sin temor a la exageración no me siento derrotado es lo primero que debo decir en verdad ni por un instante me ha cruzado la idea del fracaso por la mente sé bien que nunca faltarán hombres que resistan lo necesario y luchen a brazo partido por quitar de en medio al tirano ellos desbrozarán lo que queda de maleza en el camino y conducirán a los otros señalándoles la salida eso me reconforta y me hace sentir casi contento si es que mi condición permite usar semejante término percibo un ambiente en extremo inhóspito en esta dura parcela que me ha tocado en lugar de la degeneración normal de músculos y órganos y tejidos mi cuerpo está como una ciruela vieja duro y arrugado a causa de este maldito frío que hiela y penetra hasta los huesos mis piernas rígidas los dedos agarrotados la cabeza pesada el pecho hecho una piedra aunque no tan abultado como de costumbre el pene convertido en un ridículo y tímido pedacito de carne que trata de esconderse y desaparecer entre las ingles y lo que queda del vello púbico estoy seguro de que mi mujer no me reconocería en estas fachas se me ha formado una escama en toda la piel especialmente en la epidermis de la pierna los brazos la cara el pecho pero ya no siento dolor en el brazo gangrenado y el escozor y la hinchazón han cesado ojalá que mi costra y el frío que sudan constantemente estas paredes puedan protegerme porque me queda poco tiempo pronto mi cerebro se congelará y quedará inerte así que no podré pensar razonar o sentir en realidad eso no tengo que preguntarlo estoy convencido lo huelo me basta olfatear el éter que flota en el ambiente no sé por qué me ocupo de esas cosas si ya lo que piense no importa nada pero me doy cuenta de que hay pensamientos inevitables por ejemplo sé perfectamente que me encuentro a salvo de golpizas interrogatorios largas encerronas en solitarias que no volveré a tener hambre ni sed ni mi piel reseca y escamosa de fiebres se cuarteará otra vez ni sentiré escalofríos ni tendré desmayos ni sufriré accesos de disnea ni volverán a torturarme ni flaquearé ante el miedo quiere decir que no debería preocuparme por nadie y sin embargo pienso en los que han quedado en las celdas ellos tendrán que aguantar todavía quién sabe cuánto cada día la situación se les torna más odiosa y parece no haber lugar para que los esbirros aguanten la mano y les dejen respirar un momento no hubiéramos podido evitar que nos agarraran aun actuando con extrema cautela viéndolo todo más de cerca la redada que nos tendieron fue sólo un eslabón más de la cadena de apresamientos que se está haciendo en el país desde la invasión del año pasado si fuera tonto pensaría que nos delataron que nos engañaron que nos traicionaron perramente que alguno habló en cuanto le dieron la primera pela puede que haya habido algo de eso no todos tenemos la misma resistencia no todos sabemos cerrar los ojos y esperar el golpe en plena cara o la patada en el culo y apretar las mandíbulas como animales y callar a algunos la continua tortura les ablanda el corazón les hace castañear los dientes sudar como potros temblar cagarse en público antes de que les den la primera galleta y entonces cantan y cantan todo lo que saben muy a pesar suyo tienen la resistencia débil aunque el corazón no les quepa de grande en el tórax no voy a pensar que me chivatearon nunca pude saber si hubo soplones y quizá nunca lo sepa pero no sería raro caer por delación en este país donde incluso las paredes se erigen en enemigas de los hombres de una cosa estoy seguro el tirano tiembla patalea tiene los ojos de continuo llenos de ira se ha vuelto loco da órdenes desesperadas quiere contenemos con simples puñetazos en la mesa llenando de saliva las peticiones de clemencia que le llegan a montones a su despacho metiéndonos en inmundas mazmorras y decretando nuestra muerte con un gesto una sonrisa un comentario de aparente futilidad no traté de huir ni esconderme cuando creí que había llegado el momento de mi captura me dejé atrapar tranquilo sentado a la puerta de la casa fumando un peligroso cigarro saboreando con incuria las cosas menudas de las que apenas tenemos noción cuando estamos metidos en los avatares de un proceso como el que ahora vivimos vinieron por mí a las cinco y media les dije a mis hijos que iba de viaje de trabajo que no podía llevarlos que volvería por ellos creo que no entendieron porque no estaban tristes ni llorosos cuando les eché la última mirada más bien parecían confundidos sorprendidos en la incertidumbre de su corta edad yo no sabía que era la última vez que los vería y fijé la mirada en el espejito retrovisor hasta que se me convirtieron en dos puntos lejanos inmóviles e imprecisos y eiitonces me sentí más tranquilo respiré profundo y cerré los ojos y olvidé la calle donde había vivido los últimos años y no sufrí por el miedo de mi mujer cuando se enterara de-lo ocurrido sino de lo que la esperaba de ahí en adelante los esbirros pensarían que yo estaba acostumbrado al cacheo y la persecución a juzgar por mi aire despejado o tal vez que me estaba muriendo de miedo pero no me maltrataron demasiado sólo cumplieron con el requisito que aplican a los presos políticos me cubrieron' los ojos con un pañuelo -e hicieron chistes crueles durante el trayecto al llegar fui introducido en un recinto por largos pasillos silenciosos y fríos me empujaron a golpes de habitación en habitación y estuve solo y de pie no sé cuánto alguien vino y me quitó la venda al principio no veía nada después las cosas se fueron aclarando tras una leve gasa azul que concluyó deshilacliándose el mayor empezó a dispararme preguntas rutinarias y como yo callara me disparaba también las respuestas con algunos insultos al tiempo que el taquígrafo un sargento de dedos femeninamente largos tomaba notas en un cuadernillo rayado nombre edad fecha sitio de nacimiento domicilio permanente ocupación estado civil número de hijos estaba comprobando los datos y él mismo me daba las respuestas así fue metiéndose en terreno de preguntas duras preguntas que iban a poner a prueba su capacidad de interrogador pero los espacios para respuestas quedaban vacíos yo guardaba silencio él mandó tomarme fotos se quitó las gafas ordenó que nos dejaran solos quiso ablandar la voz y el falsete le delató los propósitos inconfesables me pidió decir la verdad contribuir a que el interrogatorio fuese fácil y menos doloroso varias veces habló de cooperación me garantizó con sarcasmo evidente buen tratamiento y dijo que quizás el tribunal militar me diera una pena moderada por conspirar contra el jefe quería decir veinte o treinta años en una ergástula donde me pudriría lentamente yo estuve a punto de reirme de él con soma y casi lo hice pero sentí lástima por aquel lacayo cumpleórdenes y obtemperé por el silencio él se inquietó dio palmaditas en la mesa golpeó nerviosamente el vidrio del escritorio con el lápiz miró al taquígrafo que había vuelto y permanecía rígido y obediente en su silla con el cuadernillo en la mano los vi sudar percibí la idea de la tortura aleteando nerviosamente sobre sus hombros así cuando entraron los dos soldados supe que venían a sacarme a fuerza de patadas la ubicación de mi grupo sus nombres y su participación en el plan era todo lo que pretendían y pensaban que no era nada yo me había propuesto resistir contra viento y marea hasta donde mi resistencia me lo permitiera y en este sentido debo admitir que tuve suerte porque fuerzas he hallado siempre para mantener la boca cerrada como conviene a la causa a la primera trompada caí ensordecido un guardia me agarró por el cuello me levantó unos centímetros y me dejó caer para rematarme en el suelo con algunas patadas mis lentes rodaron y el otro soldado los aplastó brutalmente haciendo añicos los vidrios y dejando irreparable la endeble montura metálica desde entonces todo lo veo confuso de cerca y he tenido frecuentes irritaciones que me hacen llorar frente a un simple reflejo de luz el mayor movió los ojos y los guardias me sentaron casi con gracia como a un muñeco me estaban dando la oportunidad de confesar sin más violencia me estaban regalando la ocasión de mi vida que de acuerdo con las palabras del mayor' devendría inatrapable con las horas según las puertas se fueran cerrando y los círculos estrechando yo había echado ya mi última carta y decidido mi futuro inmediato por el momento sabía que estaba sólo en los prolegómenos de mi historia final las preguntas continuaron y mantuve un sonoro silencio en la cargada humareda de la habitación los soldados comenzaron a golpearme de nuevo un rato más tarde me dejaron exánime después de unos minutos logré recuperarme el mayor se levantó me miró con rabia y me pateó gritándome buena mierda con voz ahogada luego ordenó que me trancaran yo no veía bien los ruidos se apagaron suavemente y no supe de mí ni lo que hicieron conmigo tal vez habría estado mucho tiempo en la celda cuando desperté sentí mi cuerpo adolorido y un sabor amargo en la boca muy salobre permitió que constatara la presencia de la sangre junto a la protuberancia dolorosa de los labios no sabía a dónde me habían llevado la oscuridad me impedía saber si era de día o de noche sólo sabía que me habían capturado en horas de la tarde y que desde entonces habrían pasado unas ocho horas no sentía calor pero la humedad iba a llevarme muy pronto a mi primera crisis de asma no tenía con quién hablar casi siempre he estado solo desde entonces también he oído voces he tenido la certeza de que aquí hay muchos prisioneros de que aquí hay miles que han de pasar por lo que yo estoy casi a punto de rebasar y me siento hermanado al grupo hasta las últimas consecuencias al sacarme de aquella celda volvieron a vendarme otra vez los pasillos fríos silenciosos la torpeza de mis pasos el clandestino rumor de paredes el bamboleo del auto que imaginaba minúsculo por la incomodidad y la estrechez de los asientos y el ruido tan apagado del motor me depositaron en una sala de un edificio de las afueras de la ciudad sentí que el segundo interrogatorio iba a ser casi exactamente como me lo había descrito el mayor prolongado cruel a merced de los del servicio de inteligencia militar en un ambiente que no tendría la rigidez de los cuarteles de la ciudad intramuros en el anonimato de habitaciones sin número etcétera al quitarme la venda uno de ellos bajito y barrigón se acercó y empezó a hacerme preguntas mientras otro sostenía unos papeles que contenían mi documentación y un tercero a mi espalda me sujetaba los primeros golpes remedaron los últimos que había recibido a manos de los soldados el esbirro bajito disfrutaba cada trompada que descargaba sobre mí el otro me sujetaba por la espalda y a veces también golpeaba cuando podía o me apretaba los músculos que circundan las clavículas no podía moverme estaba amarrado a la silla no quería tampoco darles el gusto de verme gritar y disfrutar así aquella canallada la atmósfera de la habitación se fue cargando de vapores de sudor de excitación de miedo de fruición de sadismo me comenzó a brotar sangre de la nariz cosa que aumentaba en ellos los deseos de golpear lo último que recuerdo es que poco antes de perder el sentido vi la mueca de frustración que les contraía el ceño e hice un esfuerzo sobrehumano e inútil para no dejar escapar un grito de dolor desconozco cómo fui a caer a una celda hedienta húmeda oscura donde abundan cucarachas y chinches en los camastros una celda que prefería empero a cualquier interrogatorio ya comenzaba a tener dificultad de respiración debía ser de noche pero no lo sabía allí dentro cualquier hora es igual a otra para tener un ataque de asma no tenía deseos de levantarme pero tampoco podía mantenerme en posición horizontal con aquella presión sobre el pecho y el aire huyendo y fugándose por intersticios invisibles aspiraba profundamente y no atrapaba más que una bocanada de vacío desoxigenado que me dejaba más insatisfecho que antes no había modo los bronquios estaban más congestionados y la flema avanzaba hermetizando lentamente las paredes de mis pulmones cada cierto tiempo sufría violentos accesos de tos que no me aliviaban pues era imposible expulsar flema pasé horas haciendo esfuerzos por inhalar aire sin ningún resultado positivo cada vez se hacía más difícil mi desesperación creció arañé los muros de la celda golpeé la puerta sabiendo la consecuencia posible de aquella temeridad nadie vino era como si hubiese quedado aislado por completo aquel punto oscuro en que mi cabeza sólo pensaba en el alivio de un inhalador o un supositorio o una pastilla en lo difícil de obtener mi habitual nebulizador después me fui calmando hasta quedar dormido fue un sueño en blanco en el que la noción de espacio y tiempo estuvieron por completo ausentes hubiera deseado que mi crisis se prolongara hasta la muerte aunque después he pensado que ese deseo fue un acto de imperdonable debilidad encontré que el sueño había durado poco me sacaron de la celda y me ordenaron desnudarme y entregar mis cosas se quedaron con la ropa no he vuelto a vestirme aquí no necesito cubrir ningún pudor estúpido tampoco me avergüenzo de mi desnudez para mí ha sido como un acto de rebeldía enrostrarles su vileza y hacerles sentir que aun desnudo les había dado muestras de resistencia y gritado que no podían humillarme tan fácilmente que permanecería decidido a soportar lo que fuese que había elegido conscientemente el camino de la conspiración y siempre había sabido lo que me acechaba si incurría en un error seguro de que el mayor precio que estarían en capacidad de cobrarme era la vida y la vida no me importaba cuando no podía vivirla libremente no era prepotencia había purgado ese tremendo vicio hacía tiempo a mí sólo me importaban los lincamientos que el movimiento había trazado después me hicieron pasar a una gran celda común donde presencié y viví uno de los hechos más denigrantes de que he sido testigo y participante en toda mi vida la tortura colectiva nos habían hecho desnudar a veinte presos y una vez reunidos nos rociaron agua luego una decena de esbirros empezó a gritamos a injuriamos-a golpear a los más atemorizados la danza de los chuchos fue como una especie de orgía quise grabar algunos rostros pero el tomado humano que se formó de inmediato y mi creciente presbicia me lo impidieron algunos presos trataban de luchar agarrar los foetes y retar a los esbirros entonces era peor acudían varios y golpeaban furiosamente otros se protegían huían del chucho de la derecha para caer en el de la izquierda muchos gemían lanzaban alaridos se agarraban a los esbirros yo recibí una fuerte tunda que me ayudó a botar todo el tósigo acumulado en mi interior sabía que luchar desencadenaba una represión mayor y mostrar cobardía les atraía entonces la mejor opción era hacerles el juego saltar correr de un rincón a otro evitar que el chucho golpeara en la cara o los testículos estuve ensayando ese método hasta que un chuchazo me agarró desprevenido en la cabeza y me tumbó ya en el suelo quise levantarme estaba muy débil y caí sin conocimiento fue un espectáculo lastimero un grupo de hombres golpeados con la piel llena de ramalazos enrojecida inflamada ampollada los menos golpeados fueron llevados nuevamente a las celdas los heridos de cuidado al dispensario del penal los casos graves hospitalizados y los leves recibimos una cura y fuimos despachados volví a mi oscuro cubículo y por el dolor de los músculos y el ardor de toda la piel imaginaba las condiciones de los demás estuve prosternado varios días en los que sólo bebía el escaso líquido que me pasaban era incapaz de tragar los pegotes de harina sosa y mal cocida que me traían tuve fiebres mi cabeza era una calabaza hueca paradójicamente pesada que sentía reventar esto se me complicó con los accesos de asma que desde entonces no me han abandonado posiblemente mi estado empeoró porque tuvieron que'llevarme al hospital y dejarme allí unos días me trataron bien me curaron me dieron medicamentos e instalaron en un lugar seco donde el asma cedió también tuve mejor alimentación los caldos del hospital no son tan desagradables como la harina de las celdas las marcas de la golpiza cicatrizaron y la inflamación desapareció recuperé el ánimo y un día en que la claridad del amanecer se agazapó en la ventana junto a mi cama me sentí tan vivo tan enraizado en el mundo que olvidé mi odio ahogado en la exultación de la claridad y al final lloré la ausencia de mi mujer y mis hijos esa fue otra debilidad explicable no cesaba de preguntarme por qué hacían todo aquello y después nos restablecían era mejor dejamos morir y echar al hoyo el lastre he sabido sin embargo que el régimen no quiere que muera nadie sin previa confesión el silencio del prisionero se convierte en la única garantía de la vida si atraviesa con éxito el tratamiento de torturas del penal por el momento yo no había sido muy presionado mis sufrimientos provenían más de mis dolencias que de las torturas me han contado que muchos no aguantan que los prebostes les destrozan el ano los sientan en la silla eléctrica o los ensordecen con golpes que les destruyen el tímpano conocí a un compañero que de tanta tortura y solitaria y negarse a comer se tuberculizó se convirtió en un esqueleto que maldecía y maldecía es posible que haya muerto la última vez que lo vi fue aquí en el hospital no sé en mi apartado confinamiento no ha transcurrido un solo día sin que oiga gritos atroces que provienen de las celdas lejanas del otro pabellón pero nunca he descubierto quiénes son los que gritan como yo mostrara una resistencia que no parecía decrecer decidieron aplicarme el tratamiento de solitaria la solitaria es parecida a un cepo es un estrecho paralelepípedo donde el hombre apenas cabe de pie y al cual entran agua sol y aire sin interrupción es un espacio antihigiénico donde se vive desnudo en medio del estiércol y la podredumbre es tan fácil contraer enfermedades en solitaria el cuerpo se va extenuando y el ánimo lo abandona a uno después de una o dos semanas yo no sé qué pasó conmigo pero mi vida giró en aquel cepo empecé a pensar en confesar en lograr el perdón y gozar de un camastro lleno de chinches y de pegotes de harina y agua sucia tanto lo anhelaba que muchas veces deseé vinieran a buscarme para decirles todo lo único que impidió que esto ocurriera fue un nuevo ataque de asma que me puso ante la puerta grande volví al hospital a recuperarme en la lentitud de los caldos y las curas y el júbilo del sol de la ventana y el silencio de las habitaciones impregnadas de éter recuperé las fuerzas y la dignidad casi perdidas pensé que en lugar de confesar debía tratar de escapar de allí y aunque era demasiado complicado salir vivo del intento valía la pena precipitar el desenlace todas las semanas vienen dos tipos a traer medicinas al hospital lo hacen en una guagüita que dejan en la planta baja ahora creo que esta locura sólo se le podía ocurrir a un tipo desesperado como yo porque francamente no tenía la más remota posibilidad de escapar de esa forma además qué hace un fugitivo buscado fichado de nada le vale escaparse de la prisión si está más inseguro afuera pero lo hice de todos modos esperé un descuido de las enfermeras me colé por la puerta de atrás y al tratar de salir me atraparon los vigilantes que se encontraban custodiando la salida tan fácil como un problema de matemática de primaria me llevaron ante el alcaide me interrogaron me golpearon salvajemente porque no lograron sacarme una palabra y uno de los golpes fue tan terrible que casi me desprendió el brazo derecho no me llevaron al hospital me echaron en la celda y allí el brazo se inflamó mientras un dolor indescriptible me trepanaba los huesos ya era demasiado tarde cuando me condujeron al dispensario el brazo estaba enorme y no se pudo aplicar un tratamiento preventivo la gangrena había corrido muy rápidamente y pensar que se habían dado cuenta por accidente porque fueron a buscarme para que acompañara a los otros en el patio para hacemos como han hecho varias veces desde que estoy aquí llevarnos a creer que van a fusilamos preparar apuntar y disparar y luego metemos en las celdas aterrorizarnos con descargas al aire y pensar que ya no podré salir de aquí ni ver terminada nuestra obra ni saber lo que pasará mi cuerpo se ha ido apagando en el concuso rigor de una cama de hierro me han traído a un cuarto frío tan refrigerado que me parece la morgue aquí voy a helarme con rapidez frente a una vaga impresión de colores desvaídos de ruidos lejanísimos de sensaciones imperceptibles sin darme cuenta ya de colores desangrado rígido en fin se que para mí todo acabará pronto pero no importa no soy el primero ni seré el último en caer las tiranías se llevan mucha sangre y carne entre uñas antes de quedar plenamente abatidas sin embargo es delicioso y reconfortante saber que ya el pueblo





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