José Emilio Pacheco
(Ciudad de México, 1939-2014)


Irás y no volverás [1969-1972]
(México, Fondo de Cultura Económica, 1973, 149 págs.)

A la memoria de José Carlos Becerra,
esta conversación que no tendremos nunca



Corre el tiempo, vuela y va
ligero y no volverá.
             Don Quijote II, XVIII

La città esiste e ha un semplice segreto:
conosce solo partenze e non ritorni.

                                     ITALO CALVINO,
                                     Le città invisibili



I. Falso testimonios

Idilio

Con aire de fatiga entraba el mar
en el desfiladero.
                               El viento helado
dispersaba la nieve de la montaña.
Y tú
parecías un poco de primavera,
                                                         anticipo
de la vida yacente bajo los hielos,
calor
         para la tierra muerta,
cauterio
de su corteza ensangrentada.

Me enseñaste los nombres de las aves,
la edad
             de los pinos inconsolables,
la hora
            en que suben y bajan las mareas.
En la diafanidad de la mañana
se borraban las penas,
la nostalgia
                                       del extranjero,
el rumor
               de guerras y desastres.

El mundo
                 volvía a ser un jardín
(lo repoblaban
                          los primeros fantasmas),
una página en blanco,
                                       una vasija
en donde sólo cupo aquel instante.

El mar latía. En tus ojos
se anulaban los siglos,
                                        la miseria
que llamamos historia,
el horror
agazapado siempre en el futuro.
Y el viento
                   era otra vez la libertad
(en vano
intentamos anclarla en las banderas).

Como un tañido funerario entró
hasta el bosque un olor de muerte.
Las aguas
se mancharon de lodo y de veneno.
Los guardias
brotaron como surgen las tinieblas.
En nuestra incauta dicha merodeábamos
una fábrica atroz en que elaboran
defoliador y gas paralizante.



“The dream is over”

I

—En el Erie no queda vida natural
—Como en México
(Todo ante mí se vuelve alegoría)
Ahora esa noche se hunde para siempre
en aquel lago turbio de irrealidad
Despiertos
nos soñamos dormidos
No había nadie
sino tú y yo en el mundo esa noche de julio
Ya sabíamos
que jamás volverá
Tristemente
era hermoso el momento
en la acre orilla
del más bien muerto de los mares muertos


II

El tiempo entero es muda mutación
Celebremos
el peso de los años
El que fui
tenazmente
repite sus palabras en un teatro sin nadie
Ya no hay nada que pueda alimentarte         poesía
Muérete de ti misma
                                      o por favor
                                                          ya cállate



III

Actos contramemoria         Protestemos
por su fijeza inútil
la manipulación         las distorsiones
el falso testimonio
Aciago don
                    pecado original
                                                cinito impune
(No lo tomen en serio
miente siempre)
Contra el recuerdo no hay liberación
Se borra en parte
y es archivado junto a sus iguales
Cuando menos se piensa
ya está fuera
con nanas de morder



IV

Música
y de repente es la misma canción,
la que sonaba en tardes como aquéllas.
¿Han vuelto o todo es diferente?
La zarza de los días se enreda en la violencia.
El desierto sangra.
Tablas y leyes de conducta.
Multitudes
que dan vueltas y vueltas
al templo de la guerra.
La incertidumbre es todo lo que tengo.
Hoy recomienza
la pesadilla de la historia.



Tres poemas canadienses

1. El estrecho de Georgia

El bosque frente al mar.
Arriba un águila
en la punta del pino.
Era el crepúsculo.
Se ahogaba el sol
en la isla de Vancouver.

Acaso fue al Aztlán de los aztecas.
De allí partieron siete tribus
y una
fundó tras muchos siglos Tenochtitlan.

De Aztlán sólo quedaron ciertos nombres
sembrados en la arena como piedras.

El águila fue hallada en la maleza,
no heráldica
ni ardiente en el crepúsculo.
En descomposición.
Se alimentó de peces
que envenenaron pesticidas, basura,
desechos industriales.

Sobre Vancouver ya no vuelan águilas.
Hoy la gente ve monstruos en la playa.
Los aztecas creyeron que el dios sol
noche a noche moría en forma de águila.
Viajaba por la tierra de los muertos
para reaparecer al día siguiente
como jaguar a la mitad del cielo.

Los indios de Vancouver habitan
en The Musqueam Reserve
donde el Fraser entrega el agua dulce
de la montaña al mar que abre las alas.

El estrecho de Georgia une y separa
de tierra firme a Aztlán,
el paraíso azteca ya tan muerto
como su capital:
la ciudad del ombligo de la luna.

En The Musqueam Reserve
hay tres campos de golf.
Los antiguos señores de la tierra
cargan los instrumentos deportivos
de los monstruos marinos.

El águila desciende
y el jaguar
no ha bebido la sangre de la noche.



2. The New English Bible [Song of Songs]

Y cuando han terminado de amarse
furtiva y un poco tristemente
          él se encuentra
en hotel barato de una noche
          la Biblia
dejada allí
por misioneros de una Iglesia sin rostro

Busca algunos versículos      recuerda
su distinto sonido en otro idioma
Emptiness, emptiness, says Me Speaker.

Charm is a delusion and beauty fieeting...
Why should the sufferer be born to see the light?
Why is life given to men who find it so bitter?

For we ourselves are of yesterday
          and are transient;
our days on earth are a shadow...


          Y sin embargo
este reino de ceniza y de llanto
Let us praise your love more than wine,
and your caresses more than any song...

How beautiful you are, my dearest, how beautiful.
The curves of your thighs are like jewels...
and your breasts are as clusters of dates
.

En pleno Apocalipsis aún resuena
el eco de un deseo tan hondo
como para sobrevivir miles de años.

Fuerte como la muerte es el amor
y la pasión, tan cruel como el sepulcro.



3. Adiós, Canadá

El olor de madera mojada,
la playa gris y los troncos,
la arena que en el volcán ha sido llama y catástrofe,
el sol de nieve, la montaña de musgo,
islas y su alarmada población de gaviotas,
el peso de la nieve que hace visible la caída
del tiempo,
un jardín de cristal bajo las luces
de la lluvia nocturna,
serán acaso en la memoria tu olvido:
un arcón de postales marchitas
y mapas que se rompen de viejos.
Pero tu nombre tendrá el rostro o la sombra
de la muchacha a la que dije adiós para siempre.



“Moralidades legendarias”

Odian a César y al poder romano.
Se privan de comer la última uvita
pensando en los esclavos que revientan
en las minas de sal o en las galeras.

Hablan de las crueldades del ejército
en Iliria y las Galias.
Atragantados
de jabalí, perdices y terneras
dan un sorbo
de vino siciliano
para empinar los labios pronunciando
las más bellas palabras:
la uuumaaaniiidaad, el 000mbreee, todas ésas
—tan rotundas, tan grandes, tan sonoras—
que apagan la humildad de otras más breves
—como, digamos por ejemplo, gente.

Termina la función. Entran los siervos
a llevarse los restos del convite.
Entonces los patricios se arrebujan
en sus mantos de Chipre.
Con el fuego del goce en sus ojillos,
como un gladiador que hunde el tridente,
ennumeran felices los abortos
de Clodia la toscana,
la impotencia de Livio, los avances
del cáncer en Vitelio.
Afirman que es cornudo el viejo Claudio
y sentencian a Flavio por corriente,
un esclavo liberto, un arribista.

Luego al salir despiertan a patadas
al cochero insolado
y marchan con fervor al Palatino
a ofrecer mansamente el triste culo
al magnánimo César.



José Luis Cuevas hace un autorretrato

Aquí me miro ajeno
                                     me desdoblo
para mirarme como miro a otro
Lentamente mis ojos desde dentro
miran con otros ojos la mirada
que se traduce en líneas y en espacios

Mi desolado tema es ver
                                            qué hace la vida
con la materia humana
                                          Cómo el tiempo
que es invisible
                           va encamando espeso
escribiendo su historia inapelable
en la página blanca que es el rostro

El rostro toma
la forma de la vida que lo contiene
y su caligrafía son mis rasgos
Si mi cara es ajena
                                 ¿son los ojos
de quién:
                —mi semejante     mi enemigo?

Al mirarme y pintarme
                                         me convierto
en teatro de un combate interminable
(No me estoy pintando:
con mis manos me pinta la pintura)

En este instante
                             yo soy la humanidad
y por mí pasa
toda su historia ciega
                                      a contemplarme

Describir su pasaje
                                 no es tan sólo
detener el momento sin retorno.
Pues cuando avanzo hacia el pasado vuelvo
de un porvenir sin rostro
                                             que hoy asume
el fluir de los rasgos de mi cara.



Fray Antonio de Guevara reflesiona mientras espera a Carlos V*

Para quien busca la serenidad
y ve a todos los hombres como iguales
malos tiempos son éstos,
mal lugar es la corte.

Vamos de guerra en guerra. Todo el oro
de Indias se consume en hacer daño.
La espada
incendia el Nuevo Mundo.
La cruz
sólo es pretexto para la codicia.
La fe
un torpe ardid para sembrar la infamia.

Europa entera
tiembla ante nuestro rey.

Yo mismo tiemblo
aunque sé que es tan sólo un hombre más;
pero ha nacido en un palacio real
como pudo nacer en una choza
de la Temistitán, ciudad arrasada
para que sobre sus ruinas brille el sol
del Habsburgo insaciable.

En su embriaguez de adulación no piensa
que su triunfo derrota a los imperios
y ningún reino alcanzará la dicha
con base en la miseria de otros pueblos.

Tras esta gloria bullen los gusanos.
Todo es lucro y maldad.
Pero no tengo
fuerza o poder para cambiar el mundo.

Escribo alegorías engañosas
contra la cruel conquista.
Muerdo ingrato
la mano poderosa que me alimenta.
Tiemblo a veces
de pensar en el potro y en la hoguera.

No, no nací con vocación de héroe.
No ambiciono
sino la paz de todos (que es la mía),
sino la libertad que me haga libre
cuando no quede un solo esclavo.

No esta corte,
no este imperio de sangre y fuego,
no este rumor de usura y soldadesca.


* Fray Antonio de Guevara (1480-1545), el autor de Menosprecio de corte y alabanza de aldea, fue secretario del emperador Carlos V. En Relox de Príncipes o Libro áureo del emperador Marco Aurelio, Guevara intercaló una narración, “El villano del Danubio”, en que impugna la conquista, “la codicia de tomar bienes ajenos y la soberbia de mandar en tierras extrañas” y “la tiranía del que tiene mucho sobre el que tiene poco”.


Fisiología de la babosa

La babosa,
                   animal sutil,
se recrea
                en jardines impávidos.
Tiene humedad de musgo,
                                               acuosidad
de vida a medio hacerse.
                                            Es apenas
un frágil
                caracol en proyecto,
como anuncio
                         de algo que aún no existe.
En su moroso edén de baba
                                                 proclama
que andar por este mundo
                                               significa
ir dejando
                  pedazos de uno mismo en el viaje.

La babosa se gasta dando vueltas
a su espiral.
                    Lleva a cuestas
su paranoia,
                     aplastante
condición de su ser.
Nadie quiere a esta plaga insulsa
que a ras de tierra o en paredes
lamenta
               una vida que no pidió.
Pobrecita,
                  es tan supersticiosa:
teme
          (justificadamente)
que alguien
                    venga y le eche la sal.



II. Señales de vida

La vida no se puede discutir.
Es difícil y absurdo defenderla
.
             Tao Ch’ien

Veracruz

Desde su orilla me está mirando el mar.
Cuentas claras
rinden las olas que al nacer agonizan.

Y el sol vive de ahogarse en su violencia.



Marea baja

Como los peces muertos que la marea abandona,
el reflujo de la memoria saca a la podredumbre
lugares, rostros, fechas, voces, aromas.
Su resplandor se vuelve opacidad. El pasado
es un acuario, una prisión de fantasmas.



Nuevamente

Mansa presencia de la muerte, el oleaje
que se pone a tus pies.
Allí los hombres
arrastran por la arena redes de asfixia.
Todo en el mar es muerte. Sólo vive
esta gaviota inevitable, la misma
que vio el naufragio del prudente Odiseo.



Tacubaya 1949

Allí en el fondo de la vieja infancia
eran los árboles, el simulacro de río,
la casa tras la huerta, el sol de viento,
los años calcinados.
                                    Un desierto
que hoy se sigue llamando Tacubaya.

Nada quedó.
También en la memoria
las ruinas dejan sitio a nuevas ruinas.



Transfiguraciones

Mundo sin sol
lavado por la lluvia.

La luz recobra el aire.
Es transparencia.

Un minuto se enciende
—y cae la noche.



Siempre Heráclito

El viento pasa y al pasar se desdice
se lleva el tiempo y desdibuja el mundo

Somos la piedra a la mitad del torrente
Siempre igual y distinta a cada segundo

pulida por las insaciables aguas del cambio



Niagara Falls

Para matar las horas
déjalas que se embistan y se aneguen
y luego se despeñen y destrocen

El agua siente el paso de las horas
La hora siente el peso de las aguas

Y de su muerte nacen otras
olas
Muda marea del tiempo
Catarata



Urbana, Illinois

El muñeco de nieve en el jardín
se deshace
cuando la tierra emerge del invierno

En un jardín más vasto
somos todos
figuras quebradizas
esperando
nuestra disolución



Stanley Park (Vancouver)

Por aquellos senderos caminamos

Los árboles están allí desde hace miles de años

Monumentos que el tipo erige a una eternidad vulnerable

Nosotros
no volveremos nunca
a contemplarlos



Contraelegía

Mi único tema es lo que ya no está.
Sólo parezco hablar de lo perdido.
Mi punzante estribillo es nunca más.
Y sin embargo amo este cambio perpetuo,
este variar segundo tras segundo,
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.



A la que murió en el mar

El tiempo que destruye todas las cosas
ya nada puede contra su hermosura.
Ya tiene para siempre veintidós años.
Ya se ha vuelto corales, musgo marino.
Ya es ola que ilumina la tierra entera.



Contra la Kodak

Cosa terrible es la fotografía
Pensar que en estos objetos cuadrangulares
yace un instante de 1959.
Rostros que ya no son,
aire que ya no existe.
Porque el tiempo se venga
de quienes rompen el orden natural deteniéndolo,
las fotos se resquebrajan, amarillean.
No son la música del pasado:
son el estruendo
de las ruinas internas que se desploman.
No son el verso sino el crujido
de nuestra irremediable cacofonía.



Parque España

El surtidor se vuelve una columna del aire
pero la tierra llama, y el agua
vuelve a su semejanza.
Otro poco
de la fuente alza el vuelo.
Babel erguida en su imposible cohesión,
de nuevo torre
que a su gran pesadumbre se rinde.



III. Revés de almanaque


La espada con la hoja más fina
No puede cortar el agua del río en dos
para que deje de correr.

                                                             Li Po



Tarde otoñal en una vieja casa de campo

Alguien tose en el cuarto contiguo.
Un llanto quedo.
Luego pasos inquietos,
conversaciones en voz baja.

En silencio me acerco, abro la puerta.
Como temí, como sabía, no hay nadie.

¿Qué habrán pensado al oírme cerca?
¿Me tendrán miedo los fantasmas?



Le nouvel mythe de Sisyphe

Respira hondo
Ya
Bueno
ahora empuja
como hombre
con fibra
sin desmayo
tu granito de arena
Y cuando al fin
te encuentres en la cima
y lo veas que rueda cuestabajo
dedícate a buscarlo una y mil veces
en la pluralidad de este desierto



Prometeo

Sólo nos es dada la esperanza
por aquellos que no tienen esperanza.
                                   WALTER BENJAMIN

—No lo olvides jamás: hay otros temas.
¿Por qué obstinarse
en la fugacidad y el sufrimiento?
—me dijo Prometeo. Sus cadenas
resonaron de nuevo cuando el buitre
reanudó su tarea entrañable.



Ruinas del Templo Mayor (1969)

Aquí cayeron los antepasados.

Pueblos hábiles para la guerra, temerosos
de sus hoscas deidades.
Con manos delicadas para tallar la piedra,
entretejer las plumas,
abrir el pecho del cautivo
—y con lágrimas
para llorar después la servidumbre.



Primera comunión

La Eucaristía dejó su aguijoncito
bastante immune a los racionalismos
¿Habrá muerto tu alma allá en ti mismo?
O a lo mejor
                      de pronto
                                       cuando mueras
saldrá volando de entre tu carroña
como una palomita



Romerías y desastres

Cuando de vuelta de la peregrinación
los aviones se caen, chocan los trenes,
se incendian autobuses, mueren los fieles,
los santos se defienden argumentando
que van al cielo
justamente por ser insobornables.



Un pavo real visto por Montes de Oca

En el vago jardín rubendariano
con soberbia despliega sus vitrales
Y en la fuente de musgo
lanza un grito
de pavor
porque el agua no refleja
su pavoirrealidad



El búho

El ojo inmóvil,
pez de tierra firme,
encendido de noche en su fijeza.
Las garras que se adentran en la carne,
el pico curvo para el desgarramiento...
¿De cuál sabiduría puede ser símbolo
sino de la rapiña, el crimen, el desprecio:
todo lo que ha hecho tu venerada gloria,
Occidente?



El sapo

Es por naturaleza el indeseable.
Como persiste en el error
de su viscosidad palpitante
queremos aplastarlo.

Trágico impulso humano: destruir
lo mismo al semejante que al distinto.

El sapo,
hermoso a su manera,
lo ve todo
con la serenidad
de quien se sabe destinado al martirio.



Elefantes marinos*

Miden generalmente cinco metros de largo.
Tienen los ojos grandes y brillantes,
dulces como los ojos de un animal nocturno.
Forman manadas, viven
en cavernas marinas.
Aparecen inmóviles:
grandes rocas negruzcas,
amarillentos, sucios, pesadamente informes.
Pertenecen al orden
de los pinnípedos,
familia de los fócidos.
Nombre científico:
Mirounga angustirostris.


*Found poem recortado de Fauna mexicana, por Juan B. Mazar, Contemporáneos, 1929.


Pez

Para la red,
                    para el arpón
                                           naciste.
Para anzuelos
                         asfixias
                                       y sartenes.
Inficionamos por usura tu mar.
Ahora te haces justicia
         envenenándonos.



Antipostal de Río de Janeiro

Las polillas atentan contra la propiedad.
Son enemigas de lo establecido.
Son planetas errantes en redor
de un sol hipnótico de incandescencias mortales.

Las polillas más grandes que he visto nunca
morían de calor en el Corcovado,
mirándome con inmensos ojos dolientes.

No fue para ellas la hermosura de Río
sino el hambre, el horror y la tortura.

Tan sólo ven la piedra calcinante
—y este mundo que acaba.



Las manos

Viéndolo bien, son monstruosas las manos
y su extraño pulgar (rencoroso
servidor de los otros cuatro).
Pobre bufón que ignora su pasado:
Gracias a él, o por culpa suya,
hemos hecho la historia.



Séptimo sello

Y poco a poco fuimos devorando la tierra.
Emponzoñada ya hasta su raíz,
no queda un árbol
ni un vestigio de río.
El aire entero es podredumbre,
los campos son océanos de basura.
Soy el último humano.
Sobreviví a la ruina de mi especie.
Puedo reinar sobre este mundo,
pero de qué me sirve.



Todo tiene su precio

I have been a stranger
in a strange land
.
                Exodus II: 22


Al terminar la represión puritana,
el culto del trabajo, la conciencia
del deber bien cumplido,
tienes visita cada noche en tu cuarto,
la píldora se vende sin problemas,
se puede fornicar en todas partes.
Y no funciona la calefacción,
la burocracia se ha enredado en sí misma,
no hay quien arregle lo que está descompuesto,
las cartas tardan no sé cuántos meses.



Intercambio cultural

Miss Cynthia Paterson, de Iowa City,
vino a aprender la lengua de Cervantes.
La encontró poderosamente corrupta.
Fue lo de menos.
Regresó satisfecha a su país.
Comprobó en carne propia hasta qué punto
enriquece el espíritu
todo conocimiento de otras lenguas.



Para quien vive entre murallas y guardias

De noche los ratones poseen
tus orgullosas propiedades.
Los mosquitos lancean el cuerpo que amas.
Las cucarachas burlan tus medidas higiénicas.
Malos sueños afrentan tu respetabilidad.
Bajan los gatos a orinar tu soberbia.



Los herederos

Mira a los pobres de este mundo. Admira
su infinita paciencia.
Con qué maestría
han rodeado todo.
Con cuánta fuerza
miden el despojo.
Con qué certeza
saben que estás perdido:
tarde o temprano
ellos en masa heredarán la tierra.



“Ó toi que j’eusse aimée...”

Y ahora una digresión:
consideremos esa variante del amor que nunca
puede llamarse amor.
Son aislados instantes sin futuro.

En la ciudad donde estaré tres días
nos encontramos.
Hablamos cien palabras.
Pero un brillo en los ojos, un silencio
o el roce de las manos que se despiden
prende la luz de la imaginación.

Sin motivo ni causa uno supone
que llegó pronto o tarde y se lamenta
(“No habernos conocido...”).

Y sin quererlo ni saberlo entraste
en un célibe harén de sombra y humo.

Intocable,
incorruptible al yugo del amor,
viva en lo que llamó De Rougemont
la posesión por pérdida.




IV. Examen de la vista

¿Adónde fue la luz del día?
¿De dónde vienen las tinieblas?

                                   Wei Yin Wu



Oda

Baja la primavera al aire nuestro.
Invade
con sus plenos poderes al invierno.
Todo lo redescubre y lo ilumina.
Brota del mar.
Es Dios o su emisario.



Alba en Montevideo

La noche se deshace lentamente en la luna
que avanza llena de claridad.



Amanecer en Buenos Aires

Rompe la luz el azul celeste.
Se hace el día en la plaza San Martín.
En cada flor hay esquirlas de cielo.



Lluvia en Copacabana

Como cae la lluvia sobre el mar,
al ritmo en que sin pausa se desploma,
así vamos fluyendo hacia la muerte.



El segundero

Digo instante
y en la primera sílaba el instante
se hunde en el no volver.



Río de las mariposas

Entre los nadadores distinguimos
a Heráclito el Oscuro
que hizo una señal de despedida.



Definición

La luz: la piel del mundo.


Enigmas

Como el pasado ya pasó
no sabes
qué ha sido en realidad
lo que ha pasado.



Mar eterno

Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes.



Estudio

En el mantel a cuadros
la manzana,
semejante a sí misma.



Clínica de belleza

Ésas que ves allí sudando a mares
pro retorno imposible,
fueron un día
las muchachas en flor.



Introducción al psicoanálisis

Don Segismundo Freud,
tras arduo estudio,
descubrió lo que al otro le costó un verso:
el delito es haber nacido.



Un gorrión

Baja a las soledades del jardín
y de pronto lo espanta tu mirada.
Y alza el vuelo sin fin,
alza su libertad amenazada.



Remembranza

En el bar, entre dos amargas copas,
hacíamos planes
para un futuro condenado a la inexistencia.
Se elevaba del piano
una canción.
Es todo lo que resta de aquel momento.



Contaminaciones

El esmog, el tabaco, el hexaclorofeno,
l aire emponzoñado que te va corroyendo,
son la vida que filtra en todos su veneno
y siempre nos recuerda: vivir es ir muriendo.



Aparición

Cuando abriste la puerta
me deslumbró tu desnudez.
Y hablan de las estrellas de cine,
de las muchachas de Playboy.



Gato

Ven, acércate más.
Eres mi oportunidad
de acariciar al tigre

–y de citar a Baudelaire.



El origen de las especies
[Vindicación de la evolución


La moda, sí, es imagen de la muerte.
Todo pasa, de acuerdo.
Pero si no pasara yo sería un protozoario
en un mundo de amibas e invertebrados.



Apocalipsis por televisión

Trompetas del fin del mundo
interrumpidas
para dar paso a un comercial.



Blasfemias de don Juan en los infiernos

Dios que castigas la fornicación
por qué no haces el experimento?



París 1968

¿Recuerdas que querías ser
una Margarita Gautier?
                      ;Rubén Darío

¿Recuerdas que querías ser
no una
Margarita Gautier
sino una Rosa Luxemburgo?



Spanish Banks (Vancouver)
[Nieve en la arena]


Sin pausa cae la nieve que pretende
adueñarse del mundo, comenzando
por este inmóvil mar muerto de frío.



Fábula

Matamos al centauro y al unicornio.
Sepultamos al fénix en sus cenizas.
Conservamos la vaca, el perro, el conejo:
Tiene indudable riesgo el inconformismo.



Por Vietnam

1

Vuelve al Mekong la primavera.
Los árboles,
comidos por el defoliador,
tienen renuevos.
Bombardearon Vietnam como quien manda
flagelar a los mares.


2

Dijeron que iban a defender el mundo
       occidental y la revolución no pasaría.
Hoy sus huesos blanquean los arrozales. Entre
       el fango otoñal brillan los restos de sus latas
       y plásticos indestructibles.



Teotihuacán

Llueve en Teotihuacán.
Sólo la lluvia
ha descifrado a esta ciudad de muerte.



Paisaje
[Testimonio]


Árboles desgarrados
Testimonio
de la inutilidad de haber vivido



Sucesión

Aunque renazca el sol
los días no vuelven



Hoy mismo

Mira las cosas que se van,
recuérdalas,
porque no volverás a verlas nunca.



Irás y no volverás

Sitio de aquellos cuentos infantiles,
eres la tierra entera.
A todas partes
vamos a no volver.
Estamos por vez última
en dondequiera.




V. “Considerando en frío, imparcialmente”


Lives of the Poets

En la poesía no hay final feliz
Los poetas acaban
viviendo su locura
Luego descuartizados como reses
(sucedió con Darío)
O bien los apedrean y terminan
arrojándose al mar
o con cristales
de cianuro en la boca
O muertos de alcoholismo
drogadicción miseria
O lo que es peor
Poetas oficiales
amargos pobladores de un sarcófago
llamado Obras completas.



(Nuevo) homenaje a la cursilería

Dear, dear!
Life’s exactly what it looks,
Love may triumph in the books,
Not here.
                                   W. H. AUDEN

Me preguntas por qué de aquellas tardes
en que inventamos el amor no queda
un solo testimonio, un triste verso.
(Fue en otro mundo: allí la primavera
lo devoraba todo con su lumbre).
Y la única respuesta es que no quiero
profanar el amor invulnerable
con oblicuas palabras, con ceniza
de aquella plenitud, de aquella lumbre.



D. H. Lawrence y los poetas muertos

They look on and help
          D. H. Lawrence


No desconfiemos de los muertos
que prosiguen viviendo en nuestra sangre.
No somos ni mejores ni distintos:
Tan sólo nombres y escenarios cambian.

Y cada vez que inicias un poema
convocas a los muertos.
Ellos te miran escribir,
te ayudan.



A quien pueda interesar

Que otros hagan aún
      el gran poema
los libros unitarios
      las rotundas
obras que sean espejo
      de armonía

A mí sólo me importa
       el testimonio
del momento que pasa
       las palabras
que dicta en su fluir
       el tiempo en vuelo

La poesía que busco
      es como un diario
en donde no hay proyecto ni medida.



Observaciones


1. Balance

En aquel año escribí diez poemas:
Diez diferentes formas de fracaso.



2. Manifiesto

Todos somos poetas de transición:
La poesía jamás se queda inmóvil.



3. Augurios
[Instantáneas]


Dentro de poco tiempo estos poemas
Sonarán más ridículos que ahora.
Como no hay fijador en el mercado
Se irán desvaneciendo mis palabras,
Instantáneas caducas mal tomadas.



4. Oficio de poeta

Ara en el mar.
Escribe sobre el agua.



5. Una cartita rosa a Amado Nervo

Lo cursi es la elocuencia que se gasta.
No te preocupes
si sonreímos con tus versos dolientes
y nos sentimos hoy por hoy superiores.

Tarde o temprano
vamos a hacerte compañía.



6. El autor declara su anonimato

Mis poemas no conquistan el público.
Mis libros congestionan las bodegas.
Nada se puede contra el Reader’s Digest.



7. Contra los recitales

Si leo mis poemas en público
le quito su último sentido a la poesía:
hacer que mis palabras sean tu voz
por un instante al menos



8. Conferencia

Halagué a mi auditorio. Refresqué
su bastimento de lugares comunes,
de ideas adecuadas a los tiempos que corren.
Pude hacerlo reír una o dos veces
y terminé cuando empezaba el tedio.
En recompensa me aplaudieron.
¿En dónde
voy a ocultarme para expiar mi vergüenza?



9. Arte poética

No tu mano:
la tinta escribe a ciegas
estas pocas palbras.



10. Garabato

Escribir
es vivir
en cierto modo.
Y sin embargo todo
en su pena infinita
nos conduce a intuir
que la vida jamás estará escrita.



La maleza y la sombra
[En torno de una idea original]


En torno de una idea original
arroja su maleza la retórica
su óxido fatigado      la repetición
su tormenta de vaho      el paso en falso

En tomo de una idea original
hay una muchedumbre de lugares comunes
frases mal construidas      expresiones
que no ajustaron con el pensamiento

En torno de una idea original
crece la sombra
y la aridez se agolpa



Miseria de la poesía

Me pregunto qué puedo hacer contigo
Ahora que han pasado tantos años,
Cayeron los imperios,
La creciente arrasó con los jardines,
Se borraron las fotos
Y en los sitios sagrados del amor
Se levantan comercios y oficinas
(Con nombres en inglés naturalmente).

Me pregunto qué puedo hacer contigo
Y hago un pseudo poema
Que tú nunca leerás
―O si lo lees,
En vez de una punzada de nostalgia,
Provocará tu sonrisita crítica.



Mírame y no me toques

Mientras oro, grana y nieve
        ornen vuestro cuerpo tierno…

                      Francisco de Medina


¿Cómo podría explicar Las soledades
concentrarme en Quevedo
hablar de Lope
si en vez de alumnas
tengo ante mis ojos
(con permiso de Heine
y de mis clásicos)
la rosa       el sol       el lirio       y      la paloma?



Al terminar la clase

Más temprano que tarde la poesía
llega a los claustros.
Bibliotecas que no consulta nadie,
opiniones de cuarta o quinta mano,
comentarios triviales, haz de anécdotas
en el salón de clase
(auditorio cautivo indiferente).
“Cultura” en fin y “tradición”.
Es triste.

Sin embargo la llama no se extingue.
Sólo duerme,
prensada y seca flor en un libro,
que de repente
puede encenderse
viva.



“Birds in the night” (Vallejo y Cernuda
se encuentran en Lima)


Al partir de las aguas peruanas, la anchoveta
ha puesto en crisis a la industria
pesquera y ha provocado, en las ciudades
del litoral, la invasión de las hambrientas
aves marinas
.
              Excélsior, 1972


Toda la noche oigo el rumor alado desplomándose
y como un poema de Cisneros
albatros cormoranes y pelícanos
se mueren de hambre en pleno centro de Lima
bodelerianamente son vejados

Aquí por estas calles de miseria
(tan semejante a México)
César Vallejo anduvo fornicó deliró
y escribió algunos versos

Ahora sí lo imitan veneran
y es “un orgullo para el Continente”

En vida lo patearon escupieron
lo mataron de hambre y de tristeza

Dijo Cernuda que ningún país
ha soportado a sus poetas vivos

Pero está bien así
¿No es peor destino
ser el Poeta Nacional
a quien saludan todos en la calle?



De sobremesa, a solas, leo a Vallejo

En el pan huroneado por las hormigas
diminutivamente negrean
sus eficaces sombras

Un mordisco de nada y ya no está
desmantelado en el mantel
tu granito de azúcar

Las silenciosas ciegas van disciplinando
menudamente
la continua erosión del mundo

Como ellas
hemos perdido el habla
y es bajo cuerda
el acabóse.



Escrito con tinta roja

La poesía es la sombra de la memoria
pero será materia del olvido.
No la estela erigida en plena selva
para durar entre sus corrupciones,
sino la hierba que estremece el
prado por un instante
y luego es brizna, polvo,
menos que nada ante el eterno viento.



Epílogo:


Ramón López Velarde camina por Chapultepec
(Noviembre 2, 1920)


El otoño era la única deidad
Renacía
              preparando la muerte
Sol poniente
                      que doraba las hojas secas.
Y como las generaciones de las hojas
son las humanas

                              Ahora nos vamos
pero no importa
                            porque otras hojas
verdecerán en la misma rama
Contra este triunfo
                                  de la vida perpetua
no vale nada
                       nuestra mísera muerte
Aquí estuvimos
                            habitando en los muertos,
y seguiremos
                        en la carne y la sangre
de los que lleguen.



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