Roque
Dalton
(1935-1975)
PONENCIA:
LA VIDA Y OBRA DE ROQUE DALTON
Luis Melgar Brizuela
Escritor y Catedrático
Universitario Salvadoreño
I.
Para una biografía de Roque
Varios son ya los estudios que se
han publicado sobre la obra de nuestro poeta. En cambio, no tenemos
noticias acerca de alguna biografía suya que haya salido o este por salir
a la luz. ¿Será, por lo difícil de aprehender una vida tan huracán?
¿Será por lo insondable de sus traumas, como el de ser un hijo natural
absolutamente señalable en el mas gordo nivel social? ¿O será, en fin,
por lo tenebroso de su muerte, ese callejón sin salida en que, al
asesinarlo, se metió el aventurerismo salvadoreño de izquierda?
Es cierto que en varios de sus libros, sobre todo en Taberna y en Pobrecito,
hay largos retazos de autobiografía, como para facilitar la tarea
pendiente. Pero también es cierto que quien la asuma en serio (y sin
traicionar el humor del interfecto) deberá lidiar con un mito en el que
caven no solo erosiones contradictorias sino ficciones, especulaciones y
chismes a granel. Lo cual hace mas riesgosa a la vez que mas fascinante la
empresa de su biografía.
En julio de 1993 se celebro aquí un simposio titulado “Roque Dalton:
desmitificacion y realidad”, en el que dominaron dos problemáticas: la
invención editorial, expuesta por Rafael Lara Martínez, y las
incógnitas, cargos y contracargos acerca de su muerte, platillo de
políticos y periodistas.
Relata el escritor nacional José María Méndez que en una encuesta hecha
recientemente a estudiantes de Humanidades de una universidad local, a la
pregunta de quien fue Roque Dalton uno de ellos respondió que fue un
líder comunista fusilado en 1932 junto a Farabundo Marti. ¿No es eso la
punto de un mito poético político? Lo que se sabe en general por unos y
otros es que fue un militante “comunista” y que lo mataron sus mismos
camaradas.
Lo demás flota en una nebuloso de conjeturas, elusiones y desmentidos,
especialmente sus últimos dos años de vida en el seno de la
organización politico-militar que lo elimino.
Según Roman Jakobson, en la biografía de un poeta importan más los
hechos simbólicos que los hechos reales y quien intentase escribirla en
la línea de lo real “se vería reducido a componerla a base de
futilidades. Creo que esta distinción es valida para la mayoría de los
poetas pero no para aquellos que, como Dalton, vivieron un dramático
desdoblamiento entre su ser escritor y un otro en pugna con el escritor,
en su caso, su ser político. Hay varias pruebas de la contundencia de su
rol político, según lo hacen constar amigos y enemigos:
Para Roberto Fernández Retamar, fue “una de las grandes figuras de la
revolución continental y aun mundial, y sus pariguales son Ernesto
Guevara y Carlos Fonseca”.
Para el Director de la Policía Nacional de 1960 en este país, el General
Manuel Alemán Manzanares, (citado en El Turno por el propio
poeta), este era “un elemento de lo mas peligrosísimo para la
tranquilidad nacional; era un comunista de primera línea que vivía
agitando a la masa obrera, campesina y estudiantil, practicando consignas
que había recibido en cónclaves del otro lado de la cortina de hierro”.
Y para el Estado Mayor del antiguo Ejercito Revolucionario del Pueblo,
ERP, hoy Partido Demócrata, PD, aquel escritor se convirtió en año y
medio en una amenaza tal de liderazgo y de reinvención del rumbo
político, que se sintieron orillados ejecutarlo como quien quita del paso
un peñón sin medir hacia donde este ira luego a rodar. al menos así
parecen querer darlo a entender ahora.
La imbricación poesía/política, típica de la historia cultural de
nuestro país, es el punto de toque de cualquiera biografía de Roque que
se quisiera integra, es decir, recuperadora de la verdad de su vida. Y por
ello es tan espinoso, todavía, meter la mano en los archivos secretos del
caso Dalton.
II. Poesía y sacrificialidad.
Dos rasgos dominantes en la historia de El Salvador/Cuscatlán son la
violencia estructural y la mentira nacionalista. Nacimos a la
independencia en 1821, gracias a un ardid político-jurídico. El Acta
misma lo dice, no sé si con cinismo o con ingenuidad: había que
proclamar la independencia “para prevenir las consecuencias que serían
temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo...”
Fue la generación de Dalton, la llamada “comprometida”, quien señalo
con todo el índice la trampa de la declaración de independencia. En su
monografía histórica El Salvador, nuestro poeta menciona como ejemplo de
continuismo el hecho de que el mismo español que había sido Capitán
General de Guatemala hasta el 15 de Septiembre de 1821, Gabino Gainza,
había seguido después de esa fecha fungiendo como Jefe Político.
Una y otra vez encontramos en la historia de la literatura salvadoreña a
los poetas debatiéndose entre la poesía y la política, entre la
creación personal y la vez del pueblo; siendo tragados por la violencia
estructural, por la violencia simbólica, por falsos pactos de nación
impuestos a sangre y mentira; siendo negados, en fin, estos poetas, por la
cultura oficial de cada periodo:
Hablo de escritores como Francisco Díaz y Miguel Alvarez Castro del
periodo federal o post-independentista, románticos y liberales que,
según sus propios versos, dejaron la lira por la espada por seguir a
Morazán en la causa del unionismo, esa causa que hasta hoy derrotada
estuvo y esta en el núcleo de nuestra identidad centroamericana y
mesoamericana.
Hablo del modernista Vicente Acosta, poeta, periodista, maestro y
político, quien en 1908, exiliado a Honduras por el general Fernando
Figueroa, se perdió entre los bares e intrigas del hermano país.
Hablo de Alberto Masferrer, filósofo, místico, periodista, maestro y
político, quien en 1932 fue a morir de tristeza auto-exiliado a
Guatemala, por la traición política de los cafetaleros y de los
militares, cuando el proyecto humanista de nación fue masacrado. Poco
antes el mismo Masferrer nos había dicho bien claramente que no éramos
nación ni raza propias y que ya cargábamos con el síndrome de Cain por
haber matado sin misericordia alguna a nuestro hermano el indio, por haber
renegado de la raíz materna y ancestral y haber acabado con la cultura
comunitaria de la madre tierra.
Y hablo de Jaime Suarez Quemain, muerto a machetazo limpio en 1980, por
haber hecho poesía y periodismo rebeldes; y de Alfonso Hernández que
cayo en 1988 vestido de guerrillero, haciendo libros y dibujando utopías.
Pero por sobre todos ellos hablo de Roque Dalton, el venado sacrificial
más nuestro porque nos amo más que nadie hasta dar su vida y su poesía
por nosotros, sus compatriotas, sus hermanos. El más testigo entre los
poetas políticos que se hicieron ojo y voz de la tormenta; el mas
mártir, el mas víctima propiciatoria, como el mismo lo dijo tanto en sus
versos:
Usted sabe: me quedan algunos meses de vida. Los elegidos de los dioses
seguimos estando a la izquierda del corazón. Debidamente condenados como
herejes.
El denominador común de estos poetas no es solo haber ofrecido su vida y
su obra sino, mas aun, haber abanderado un proyecto verdadero de nación
y, por tanto, haber luchado contra la mentira nacionalista hasta las
ultimas consecuencias. en roque la sacrificialidad alcanza un punto
cumbre: desde que se asumió como poeta del pueblo estuvo dispuesto a
morir.
Decía también que estaba dispuesto a matar, aunque esto quizás no
habría que creérselo o debería incluirse en la correspondiente
investigación biográfica.
Su vida y mas aun su muerte rebelan una tensión máxima entre política y
poesía, hasta la inevitable implosión.
De hecho, tras el asesinato físico y el asesinato simbólico (la
acusación de ser un infiltrado del enemigo), la organización guerrillera
en que Roque militaba se partió en dos fracciones, la de sus detractores
y la de sus reivindicadores: el militarismo de izquierda que vino a
terminar en aventurerismo, sello su pacto interno con la muerte del poeta.
III. La herencia principal de Dalton: un modelo de mestizaje.
En el IV Congreso Internacional de Literatura Centroamericana, que se
celebró aquí el pasado febrero, presente una ponencia acerca de la
teoría del mestizaje que encuentro, implícita y dispersa pero robusta y
desafiante, a lo largo de la obra de Dalton. Ahí propongo cuatro pasos de
reconstrucción de esa teoría del mestizaje: 1) la denuncia de la no
identidad; 2) la investigación de la verdad histórica; 3) la propuesta
de una moral poética; 4) el testimonio real de esa moral poética.
Porque cumplió hasta la muerte esos cuatro pasos asumiéndose el para
nosotros como ofrenda y propuesta de una identidad verdadera, por eso es
el testigo de cargo por excelencia de una conciencia de nación. No voy a
repetir mas lo ya dicho, a no ser este enmarcamiento inevitable para
seguir hilando: tres fueron los universos de significación que se
mestizaron en la poesía de Dalton: el de Marx, el de Cristo y el de
Quezalcoatl. No es casual que su libro mas indigenista sea el que titulo Los
testimonios, ni que precisamente se lo haya dedicado a su partido, el
comunista, como un llamado a profundizar en las piedras ancestrales de
nuestro ser colectivo.
IV. De como fueron inmoladas las vidas paralelas de Roque Dalton.
Sólo la muerte pudo separar en Roque al político del poeta, ya no para
su beneficio personal pero si par el de tantos otros escritores y artistas
que desde aquel diez de mayo pusieron su barba en remojo.
Fueron sus vidas paralelas y hasta cierto punto siempre contradictorias,
como les hermanos siameses marcus y Manas del relato de Salarrué. Esta
oposición tan dialéctica y tan intima en Roque, da para un rastreo de lo
mas colorido y dramático en la biografía y en la historia poética no
solo de el sino e la cultura salvadoreña y cuscatleca.
Por ejemplo: antes de ser radical en política fue radical en poesía.
Primero publico un grito de guerra cultural en versos, Los Cantos de
Anastasio Aquino, de 1956, su parte en el poemario Dos puños por
la tierra, escrito en coautoria con el poeta guatemalteco Otto Rene
Castillo, exiliado entonces aquí.
Este poemario, la primicia de la Generación Comprometida, fue el mojón
de la nueva poesía que no solo daba una versión propia del vanguardismo
nerudiano sino que, por sobre todo, asumía unos valores auténticamente
autóctonos, Así, el padre de la patria ya no seria el narigudo, halitoso
y millonario Matías Delgado sino el mero Tayte Anastasio Aquino, el nuevo
epónimo que no negaría a Morazan pero se colocaría sobre él, en los
orígenes mismos de la nacionalidad:
Anastasio Izalco, Lempa Aquino: desde que tu naciste se ha hecho
necesario apellidar la lucha y ponerle tu nombre.
Un año después, en 1957, teniendo 22 años de edad, entraba en el
Partido Comunista Salvadoreño, donde “cuatro o cinco personajes” —dice
en uno de sus mas celebrados poemas— ”personajes del domino de Goya”
que parecían levemente aburridos lo hicieron escoger un seudónimo y
programar un trabajo militante.
A los 18, estando en Chile, se había encontrado con Diego Rivera a quien
admiraba como a un diosezno de la pintura socialista, y este le dijo sin
mas ni mas a Roque que era un imbécil por no ser marxista cuando el
marxismo era la lucidez y la vanguardia evidente en América Latina. El
poeta se mantuvo aun un par de años más en la religión de su madre,
Doña María, tan católica y tan dulcemente mestiza. Pero como hemos
dicho, luego entro a buscar a Dios en el partido comunista y a proponer a
estos una teología de la liberación y hasta algún viaje chamánico para
recuperar los trofeos de paz de Quetzalcoatl.
Roque político no solo sacrifico su vida sino también su poesía, hasta
caer voluntariamente en el panfleto o en prosaización lamentable pero
sabiéndolo. Me refiero sobre todo a poemas clandestinos, su póstuma voz
ya sin poesía real pero son mucha propaganda sacrificial, guerrera. los
seudónimos varios de este libro, los didactismos, las consignas mas bien
toscas, revelan el grado de sacrificialidad que asumió un en su
escritura.
Por eso hay que seguir investigando, reproduciendo y practicando la
lección de mestizaje y de consecuencia ética - poética de Roque, que no
quería estatuas ni homenajes o panegíricos, pero si quería avisarnos
que no somos las mascaras de una democracia que nunca ha sido a pesar de
tantas retóricas, sino una patria idéntica en si misma, una mama que
para los pelos.
No he querido, pues, hacer un panegírico mas de nuestro poeta, sino
instigar a su relectura, que viene a ser no para loa intranquilidad
nacional, como diría el general Alemán manzanares, sino al contrario
para nuestra propia identificación y sin ningún agravante por ser
salvadoreños.
San Salvador, 22 de julio de 1996.
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