Sergio Ramírez
(Masatepe, Nicaragua, 1942-)


Del bien general
De tropeles y tropelías
(San Salvador: Editorial Universitaria, 1972);
Cuentos completos
(México: Alfaguara, 1996, 340 págs.);
Cuentos completos
(México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1997, 340 págs.)



      S. E. antes de asumir la primera magistratura de la nación ejerció el oficio de médico flebotomiano, con título autorizado por el protomedicato de la República. Su libro El bien general, escrito en esos años que andaba por los caminos curando enfermos, sirvió ya en el curso de su mandato como manual de las Casas de Salud, pues en él sucinta y didácticamente se daban consejos y reglas prácticas para la curación de los dolientes.
       Fue él, por ejemplo, quien inventó el método de sangría viva, que consistía en aplicar al enfermo un pomo de agua tibia pululante de sanguijuelas, que al sentir la proximidad de la carne se lanzaban vorazmente al desangramiento. En El bien general se describen también los cultos hídricos y las curaciones urománticas, para las cuales se utiliza la orina de los pacientes, y lo que por años fue su mejor prescripción, la triaca grecorromana preparada con cocimiento de víbora, pimienta negra, jugo de adormidera, incienso, trementina, goma y miel.
       Durante sus años de médico flebotomiano, que fueron también de pobreza extrema, vivía de pegar sanguijuelas de la clase que se ha descrito; de sajar abscesos tumefactos, romper maxilares y aliviar flegmasías y fiebres pútridas.
       Recorría los campos en tiempos de guerra o de peste, luchando contra las pertinaces pústulas en que degeneraban las heridas de arcabuz mal curadas, y enterraba con sus manos a las víctimas del cólera morbus y su figura alta y a trote era como una aparición sagrada, frente a la que los moradores caían de rodillas.
       Se le pagaba en especie, con cereales o con miel, con animales bovinos o con cargas de leña, con doblones de oro o con vírgenes.
       Su retrato enflorado y alumbrado con velas estaba en todas las casas del campo y en las ermitas, mas siendo ya presidente dejó para siempre el oficio porque no pudo salvar a su anciano padre de las heridas causadas por un caballo enloquecido que lo arrastró entre las patas.
       Es suyo también el tratamiento con vejigatoria para la pulmonía, que consistía en anchos emplastos de aceite caliente y cantáridas o mostazas, puestos sobre la espalda para levantar ámpulas que se llenaban de un líquido áureo proveniente de las cavidades del pulmón enfermo.
       Para las enfermedades atribuibles a hechizos o encantamientos, El bien general prescribía pases, tocamientos y escapularios preparados con reliquias teratológicas.



Literatura .us
Mapa de la biblioteca | Aviso Legal | Quiénes Somos | Contactar